Javier Milei sospecha de aumentos especulativos y pone la mira en el Círculo Rojo
En Casa Rosada y el Ministerio de Economía rechazan que la guerra en Medio Oriente justifique los aumentos y analizan una respuesta frente a empresas del sector.
Javier Milei desconfía del Círculo Rojo.
PresidenciaEl Gobierno tiene en la mira a otra presa del Círculo Rojo. Luego de que en el año se ensalzaran las críticas oficiales contra Techint primero, por el precio de las licitaciones de los tubos para el famoso gasoducto, y contra Javier Madanes Quintanilla después por el cierre de FATE, ahora los misiles están preparados para dar en el blanco de varias empresas grandes (de capital local y extranjero), que en la última quincena de marzo y la primera semana de abril enviaron aumentos de precios de productos envasados con incrementos que van del 5 al 10%, dependiendo del nivel de componentes importados con que hayan sido elaborados, y con la justificación del conflicto de Medio Oriente.
Esto, en medio de una cotización del dólar que operó el mes pasado a la baja, acumulando en lo que va del año una caída de casi el 6%. Sin embargo, los precios de muchos de estos productos llegaron a los listados oficiales de los supermercados con incrementos justificados por el impacto de la guerra. Para el Ministerio de Economía, se trata de una argumentación incomprensible e inaceptable y, pese a las convicciones libertarias, decidieron tomarse el tema en serio.
Se trata, fundamentalmente, de alimentos, bebidas, productos de tocador y limpieza, con alta demanda y rotación en góndolas, que entre el miércoles y el jueves de la semana pasada llegaron a las grandes cadenas de súper e hipermercados con ese alcance de incrementos en los precios, generando no pocos conflictos con los responsables de aceptar los productos por parte de las cadenas de consumo.
No es para menos. El nivel de caída de ventas y la competencia con los comercios online son ya lo suficientemente importantes como para pensar más en frenar o bajar el precio de esos bienes, en lugar de ubicar en las góndolas productos con semejantes incrementos de precios, únicos, además, en lo que va de 2026.
El Gobierno fue alertado por la situación (siempre hay quien rápidamente comunica estas situaciones al WhatsApp presidencial) y elaboró una elevada indignación, que luego deriva siempre en estallidos, quizá con nombre y apellido, más si se tienen en cuenta los motivos que recibieron los súper e hipermercadistas por los porcentualmente abultados incrementos. La explicación sería la guerra y el consecuente incremento en el precio de los combustibles, que derivan en alzas de costos que inevitablemente deben ser trasladadas al público.
Ante la explicación, en el quinto piso del Ministerio de Economía se elabora una teoría de refutación, que luego será derivada al presidente Javier Milei para su consideración, para que posteriormente se elabore la estrategia de comunicaciones correspondiente. Esto es, alguna probable embestida sin piedad y con dedicatorias directas a los empresarios señalados.
La explicación oficial parte del hecho de que la guerra comenzó el 28 de febrero y de que la elaboración de un producto determinado que esta semana termina en una góndola fue fabricado indefectiblemente el mes pasado, antes de que el primer misil norteamericano o israelí impacte en Teherán, y de que el incremento de los combustibles se profundizó al 10% la semana pasada. Esto quiere decir que no puede haber influido en ningún aspecto de la producción del alimento, bebida o bien de consumo masivo en cuestión, con lo que el argumento de la guerra, al menos hasta ahora, no puede haber influido en el incremento que figure en una lista de precios que haya llegado a un local comercial el jueves pasado. En todo caso, y luego de un análisis exhaustivo de “pricing” (estrategia de estudio de costos y fijación de precios), de continuar el conflicto y el incremento de los precios de los combustibles locales (el único efecto de la guerra en la economía local hasta ahora), un alza en los precios de un alimento podría verse afectada en las distribuciones a supermercados de la última quincena de abril. No ahora. En consecuencia, habría simplemente una maniobra especulativa de recuperación de precios de algunas grandes empresas nacionales y multinacionales para aprovechar subas en los valores de productos al amparo de la excusa de la guerra en Medio Oriente.
Más si se tiene en cuenta que el viejo y gran argumento que explica generalmente el incremento de precios locales ya no tendría vigencia. Efectivamente, en lo que va del año, la cotización oficial del dólar muestra una caída aproximada del 4,5%, con lo que, siguiendo la lógica clásica de atar los precios a la divisa, estos tendrían que haber caído, no subido.
No es la primera vez que la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda sospechan de los grandes productores de alimentos, bebidas y productos de consumo masivo desde que Javier Milei llegó a la presidencia. Entre marzo y abril de 2024, el jefe de Estado analizó dos situaciones, vividas desde el sillón de Rivadavia como si fueran afectaciones personales. El presidente mostró mucho más que un desconcierto y casi como un desamor el hecho de haber comprobado, durante la primera semana de abril de 2024, que los precios de los principales alimentos que se ofrecen en las góndolas de las principales cadenas de supermercados del país bajaron casi un 10% en promedio.
Los datos de aquel entonces del jefe de Estado eran que los principales empresarios del país que producen alimentos, bebidas y bienes de consumo masivo lo traicionaron en su confianza e incrementaron los precios de sus productos calculando un valor del dólar a 2 mil pesos a mayo de 2024, un nivel que, obviamente, no ocurrió hasta ahora, casi dos años después de aquellos eventos. Milei estaba convencido en aquel tiempo, así como ahora, de que los empresarios de estos sectores estaban y están ejecutando una práctica común en tiempos del kirchnerismo puro y duro: adelantarse a futuras corridas financieras, cambiarias y monetarias, imponer precios especulativos varios para tiempos próximos y salvar sus cajas contables hacia adelante. Es lo que en algún momento fue denominado el “Pricing Punk”, o una estrategia de precios bajo el criterio de que no hay un mañana y que todo lo que se pueda ganar antes, especulando con tiempos peores, es mejor hacerlo lo antes posible.
Será el momento, entonces, de esperar cuál es el tiempo y las circunstancias adecuadas para la nueva embestida crucial de Javier Milei contra integrantes del Círculo Rojo, esta vez por los precios y los efectos de una inflación chúcara que se niega a ceder y que este año podría pelear el cetro del 30% total. El grado de embestida que habrá contra estos productores dominantes del sector alimentos y bebidas dependerá de la evolución de los precios de abril. Si estos se acomodan en un nivel con un 2 por delante y bajando hacia mayo y junio, el malhumor oficial de Milei y el quinto piso puede menguar. Si los súper e hipermercados siguen recibiendo listas de precios sin justificar, la ira puede aparecer. Y, se sabe, cuando desciende de la Casa Rosada u Olivos (depende del día), es implacable.