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Inflación: ¿qué esperaba el Banco Central con el nuevo IPC?

La implementación del nuevo IPC desató un inesperado vendaval de sospechas y críticas. Qué opinaban en el BCRA sobre el cambio y sus implicancias.

En medio de la decisión del Gobierno de postergar la implementación del nuevo IPC, el Banco Central analizó las implicancias de la decisión.

En medio de la decisión del Gobierno de postergar la implementación del nuevo IPC, el Banco Central analizó las implicancias de la decisión.

Foto: Juan Mateo Aberastain Zubimendi/MDZ

En septiembre pasado, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que iba a comenzar a publicar la inflación nacional correspondiente a enero utilizando un nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) en febrero 2026, cosa que final no sucedió.

La actualización del índice buscaba reflejar las modificaciones de los patrones de consumo de los hogares en respuesta a las fluctuaciones de los precios relativos, así como los cambios de hábitos y la aparición o desaparición de bienes y/o servicios del mercado.

El Indec había destacado que la publicación de los resultados a partir del primer mes calendario iba a facilitar la interpretación de las variaciones acumuladas y asegurar la consistencia para las cuentas nacionales, ofreciendo mayor claridad comunicacional durante el primer año de implementación del nuevo índice.

Sin embargo, el cambio de índice inflacionario desató un sainete que detonó la salida del titular del Indec, Marco Lavagna, y terminó siendo postergado por decisión del Gobierno, generando debate y un cúmulo de sospechas e incertidumbres. ¿Qué pensaba el Banco Central de la República Argentina (BCRA) al respecto?

Palabra del BCRA

Según consta en el último Informe de Política Monetaria (IPOM) de la entidad que regula al sector financiero, los analistas del banco detallaron los factores detrás de los cambios que se esperaban observar entre la estructura del IPC que venía publicando el Indec hasta el momento y el nuevo IPC; y también las implicancias que estos cambios podían tener sobre la sensibilidad del comportamiento de la inflación ante shocks de corto plazo.

Dice el BCRA: “El principal cambio se atribuye a la actualización de la composición de la canasta de bienes y servicios, utilizando la información de la Encuesta de Gastos en Hogares (ENGHo) realizada entre 2017 y 2018. Se presume que el período base del nuevo IPC será el año completo (2025=100)". La ventaja yace en que, al promediar los 12 meses del año, se evitan problemas derivados de la estacionalidad del gasto.

Siguiendo los estándares internacionales vigentes, los ponderadores no se ajustarían por la evolución de los precios relativos entre 2018 y 2025.

Canasta más amplia

Según anticipó el Indec, se adoptará el sistema de clasificación de consumo individual por finalidad COICOP 2018 (por sus siglas en inglés), que amplía la canasta a 13 divisiones frente a las 12 que tenía el IPC anterior. Lo que se esperaba era que el nuevo IPC aumentara significativamente la cantidad de precios relevados y de informantes, mejorando así su representatividad.

Y en lo referido a la composición de la nueva canasta, ganan peso los servicios en detrimento de los bienes. El IPOM explica que la información extraída de la ENGHo 2017/18 permitía estimar ponderadores similares a los que utilizará el Indec para construir el nuevo IPC.

En términos técnicos, señala que, para hacer una comparación adecuada, se calcularon los ponderadores implícitos a 2025 del IPC anterior, corrigiendo los ponderadores en su base (diciembre de 2016) por la evolución de los precios.

La primera conclusión que surge de estas estimaciones es que los servicios ganarán peso en forma significativa en detrimento de los bienes (aproximadamente 12 puntos porcentuales).

Precios regulados

En términos de las categorías principales (precios regulados, núcleo y estacionales), se estima que los precios regulados aumentarán su ponderación a costa de la categoría de precios núcleo, mientras que los precios estacionales mantendrán una ponderación similar”, anticipaba el BCRA.

Y dentro del conjunto de bienes se destacaban las pronunciadas pérdidas de ponderación de Alimentos y bebidas no alcohólicas y de Prendas de vestir y calzado, a la par del incremento en el peso de los Combustibles.

Los Alimentos y bebidas no alcohólicas cederían aproximadamente 6 puntos porcentuales de participación en el IPC (de los cuales 2 puntos porcentuales serán atribuibles al agrupado Carnes y derivados). Mientras que las Prendas de vestir y calzado disminuirían su participación desde el 8,2% implícito en 2025 en el IPC anterior a aproximadamente 6,8% en el nuevo.

En sentido contrario, se destaca el incremento de casi 3 puntos porcentuales en la ponderación de Combustibles y lubricantes.

“Otra forma en la que se reflejará la menor influencia de los precios de los alimentos en el IPC será la marcada caída en el peso de Restaurantes y comidas fuera del hogar (desde aproximadamente 10% a 6% del índice), aunque este agrupado se clasifica como Servicio".

En sentido contrario, el resto de los servicios privados promediaría un significativo aumento en su ponderación, destacándose por ejemplo el caso de Alquileres y gastos conexos que duplicarían su peso (desde alrededor de 3% a 6%)”, estima el BCRA.

Nuevo IPC

Por su parte, los precios regulados de los servicios públicos aumentarán su ponderación, pero el impacto será menor al que suele estimarse cuando se compara usando el período base del IPC anterior, sin tener en cuenta que sus ponderadores fluctuaron por la evolución de los precios relativos.

“El caso más ilustrativo es el del agrupado Electricidad, gas y otros combustibles. La fuerte caída entre 2020 y 2023 de su ponderador implícito en el IPC se correspondió con una baja pronunciada del peso en la canasta real de los hogares durante esos años. Al lanzar el nuevo IPC en 2026, luego de una importante recomposición de tarifas, el Indec reduce el problema que podría haberse generado en años recientes de sobreponderar el gasto en Electricidad y gas; lo que habría sucedido si se aplicaban pesos correspondientes a un año en el que las tarifas se encontraban en niveles récord (2018) a un año en el que estaban en niveles mínimos (por ejemplo, 2023)”, explica el BCRA.

De modo que la corrección tarifaria iniciada en 2024 permitió aproximar parcialmente el ponderador implícito de Electricidad, gas y otros en el IPC anterior (4,1%) al nuevo ponderador surgido de la ENGHo 2017/18 (5,3%).

Advierte el BCRA: “Con los cambios que tendría el nuevo IPC es esperable que, en el corto plazo, aquellos shocks que influyan más directamente sobre el precio de los bienes, como por ejemplo las fluctuaciones de los precios internacionales de commodities agrícolas o las correcciones del tipo de cambio, tiendan a incidir menos en la inflación de corto plazo en relación con el IPC anterior (compuesto en mayor medida por bienes).

Tarifas de servicios públicos

En sentido opuesto, las actualizaciones de las tarifas de los servicios públicos, los mecanismos indexatorios en alquileres y expensas, y la evolución de los salarios tenderán a impactar relativamente más en el nuevo IPC. Y dado el mayor peso de los combustibles, también se prevé que los precios internacionales del petróleo y gas puedan tener una incidencia algo más elevada que en el pasado”.

El IPOM da cuenta que, si bien el conjunto de las modificaciones en las ponderaciones del IPC tendrá efectos sobre la sensibilidad de la inflación a distintos shocks de corto plazo, considera que ello no debería afectar significativamente la tendencia inflacionaria esperada.

“Esto es debido a que la inflación es un fenómeno monetario y su evolución dependerá, en el largo plazo, de las fluctuaciones en la demanda y oferta de dinero, y de las acciones correctivas que pueda implementar el BCRA ante la aparición de esas discrepancias”, espera la autoridad monetaria.