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Fue campeona nacional de atletismo, pasó a ser empresaria y ahora fue reconocida por Italia

Perteneciente a una tradicional familia italiana y con una larga trayectoria en el deporte, la gestión y la gastronomía, Beatriz Barbera recibió la Ordine della Stella d'Italia.

Beatriz Barbera fue distinguida por la Embajada de Italia con la Ordine della Stella dItalia por su recorrido como deportista y empresaria. 

Beatriz Barbera fue distinguida por la Embajada de Italia con la Ordine della Stella d'Italia por su recorrido como deportista y empresaria. 

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La gastronomía mendocina y la tradición italiana comparten una historia profunda, marcada por la inmigración, el trabajo y la construcción de identidad cultural. En ese cruce de caminos se encuentra Beatriz Barbera, empresaria gastronómica, exatleta de alto rendimiento y gestora deportiva, que recientemente fue distinguida por el gobierno italiano.

Aunque reconoció que el reconocimiento con la Ordine della Stella d'Italia, una mención honorífica de la República Italiana por sus méritos en el deporte y la promoción de su cultura que recibió por parte del embajador de Italia en Argentina, Fabrizio Nicoletti, la tomó por sorpresa, Giuseppe D'Agosto, cónsul general en Mendoza, quien promovió directamente a Roma la distinción, encontró motivos más que suficientes

Hija de inmigrantes y heredera de una larga tradición gastronómica familiar, Barbera es hoy una de las referentes detrás de Francesco, restaurante que continúa el legado iniciado décadas atrás por su familia en la emblemática La Marchigiana. Su historia combina deporte, gestión pública y empresa familiar, siempre atravesada por el vínculo entre Italia y Mendoza.

En ese camino fue campeona argentina en 1.500 metros, entrenadora de alto rendimiento, docente universitaria, Secretaria de Deportes en la provincia, cumplió un rol clave en la creación del Centro Argentino de Información Deportiva y desde hace más de dos décadas gerencia uno de los restaurantes familiares y es miembro de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines de Mendoza (Aehga).

De todo eso habló durante una entrevista con MDZ Online durante su participación en "Digamos Todo", de MDZ Radio.

Mirá la entrevista completa

Entrevista A Beatriz Barbera En Mdz Radio

-¿Cómo te llegó este reconocimiento?

-En realidad fue una sorpresa. Es muy emocionante, porque la propuesta la hace el cónsul general de Italia, Giuseppe D'Agosto, al Ministerio de Asuntos Exteriores en Roma. La entrega la realizó Fabrizio Nicoletti, que es el embajador en Argentina. Según explicó él mismo, hay que pasar distintas etapas.

Yo no sabía que me habían propuesto. No sabía nada. Fue realmente una sorpresa. Por eso le agradezco mucho al consulado de Italia en Mendoza, que siempre está preocupado por mantener vivos los lazos, y también al gobierno italiano, que sigue mirando a los inmigrantes. Yo soy hija de inmigrantes, primera generación.

-¿Vos naciste en la provincia?

-Sí, yo nací en Mendoza. Es una historia muy linda, quizás porque es mi familia. Mi mamá vino con mi abuela en el año 1948. Mi abuela se subió a un barco en Génova con sus cuatro hijos. El barco se llamaba Santa Cruz, de bandera panameña. Llegaron a Buenos Aires, pero hubo un percance médico con uno de los chicos y falleció. Así que finalmente llegó a América con tres hijos.

En 1949 mi abuela abrió con mi mamá, María Teresa, el primer restaurante italiano en Mendoza. En realidad era una fusión italo-argentina, porque platos como los canelones de choclo o la milanesa napolitana no existen en Italia. Allí comenzó esa mezcla de tradiciones.

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-¿Ese restaurante ya era Francesco?

-No, el primer restaurante italiano en Mendoza fue La Marchigiana. Francesco tiene 21 años. Nació cuando nuestra casa familiar empezó a quedar grande: mis hermanos se fueron casando y mi mamá le propuso a mi papá hacer un restaurante en la casa. Él no quería irse. Pero un día entraron a robar y dijo: “Bueno, es muy grande la casa, vamos a hacerlo”.

Entonces decidieron transformarla en restaurante y, en honor a mi papá, que no quería dejar la casa, le pusimos Francesco. Además, porque mi mamá tenía un carácter muy fuerte y él siempre la acompañó.

El restaurante está en calle Chile, entre Espejo y Gutiérrez. Pero la historia empieza antes: mi abuela compró una pensión llamada Pensión Marín, en la esquina de Patricias Mendocinas entre Las Heras y General Paz. Allí alojaban a pensionados y también les daban de comer. Así comenzaron a hacer lasañas, ravioles y otros platos que empezaron a conquistar a los mendocinos.

En ese momento Mendoza tenía muchísimos inmigrantes italianos. Hoy el asado y la pasta forman parte de nuestra identidad.

Mi papá vino en 1952 a trabajar en la construcción del Correo Central. Era marmista. Mendoza era una provincia muy rica y los edificios públicos se revestían con mármol de Carrara. Él iba a comer a ese restaurante y ahí conoció a mi mamá. Se enamoraron, se casaron en 1954 y tuvieron siete hijos.

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-Pero además de esta historia familiar, vos tuviste una gran carrera deportiva.

-Sí. Fui campeona argentina de 1.500 metros, con una marca de 4 minutos 29 segundos. Competí internacionalmente. Estuve viviendo y compitiendo en Italia, donde llegué a estar octava en el ranking.

Me lesioné antes de un Panamericano y cuando volví a Italia me dijeron que sería difícil mantener el nivel competitivo. Como yo había equiparado mi título de profesora de educación física, me ofrecieron hacer un curso de gestión deportiva en el CONI, en la escuela de deportes de Roma.

Ahí empecé a estudiar y luego trabajé como entrenadora de atletas en Italia y también en gestión deportiva. Más tarde desarrollé en Argentina el Centro Argentino de Información Deportiva en el Cenard, durante la gestión de Fernando Porta en la Secretaría de Deportes.

-Son muchos años dedicados al deporte. ¿Cómo fue la transición hacia la gastronomía?

-Hubo un momento importante. En uno de mis viajes pensé mucho en el tema de los inmigrantes. Yo no siento que este premio sea algo individual; lo siento como algo colectivo. Es un reconocimiento a todos aquellos inmigrantes que se subieron a un barco buscando paz, comida y trabajo, sin saber muy bien a dónde iban.

Ellos trajeron su cultura y trabajaron muchísimo. Argentina les abrió las puertas y les dio la posibilidad de construir una vida. Por eso me gustaría dedicar este reconocimiento a todos los inmigrantes que ayudaron a construir Mendoza y la Argentina.

-¿Y en qué momento decidiste quedarte definitivamente en Mendoza?

-Yo viajaba mucho entre Italia y Argentina porque hablaba ambos idiomas y trabajaba como traductora en cursos deportivos. En uno de esos viajes vine a trabajar en el Centro Argentino de Información Deportiva y tenía dos meses de vacaciones. Entonces mi mamá me dijo: “Quedate y hagamos un restaurante”.

En ese tiempo había fallecido un hermano mío y eso te hace replantear muchas cosas. Así que decidí quedarme.

-¿De qué año estamos hablando?

-De finales de los años noventa, entre 1998 y 2000. Desde entonces sigo vinculada al deporte: fui profesora del Instituto de Educación Física durante muchos años, me jubilé hace tres años, trabajé en la Asociación Mendocina de Atletismo y también fui Secretaria de Deportes de la provincia.

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-Y al mismo tiempo gestionando un restaurante en un rubro muy complejo.

-Sí, la gastronomía es muy desafiante. Nosotros tenemos 76 años de historia en esta gastronomía italo-argentina, y en el caso de Francesco con una fuerte identidad mendocina, porque usamos muchísimos productos locales con técnicas de cocción italianas.

Hay momentos con rentabilidad y otros sin rentabilidad. Cuando baja el consumo o hay menos turismo se hace difícil. Es una situación macroeconómica compleja.

Hay que tener esperanza, seguir adelante, reducir costos, cuidar los insumos y no desperdiciar. También es importante que no haya inflación y que mejore el consumo. Si mejora la macroeconomía y llegan inversiones, eso también se traduce en más actividad para sectores como el gastronómico.

Además, el turismo es clave para Mendoza. Habrá que ver cómo se logra que la Argentina vuelva a ser competitiva para los visitantes. Y también sería bueno que el gobierno nacional mire más a las economías regionales, porque son fundamentales para el desarrollo de las provincias.

En definitiva, creo que hay que seguir trabajando, adaptarse y mantener la esperanza. Porque la gastronomía, como la cultura, también es parte de la identidad de un lugar.