Empresarios vitivinícolas reconocieron la "tormenta" del sector y plantearon sus reclamos
El presidente de Bodegas de Argentina, Walter Bressia, reconoció que el sector no atraviesa un buen momento pero aseguraron que hay potencial de crecimiento. La mirada del sector industrial.
Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina, junto con Cornejo.
Maru Mena/MDZCon un tono diferente al que se vio en el Desayuno de Coviar, pasado el mediodía el Espacio Arizu de Godoy Cruz se convirtió en testigo de una nueva edición del Agasajo de Bodegas de Argentina (BdA). Definido como el “evento empresarial de la vitivinicultura”, este año tuvo un tinte industrial, con la visita de Martín Rapallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA).
Más allá de la presencia de la vicepresidente Victoria Villarroel, a quien curiosamente excluyeron de la foto institucional, el encuentro careció de figuras políticas nacionales. En lo que respecta al ámbito empresarial, decenas de bodegueros y proveedores de la industria dijeron presente en lo que ya se ha convertido en un infaltable de la agenda oficial de la Fiesta Nacional de la Vendimia, aunque no pasaron desapercibidos algunos espacios vacíos que se vieron en las sillas al momento de pronunciar los discursos.
Entre los desafíos y el optimismo
Momentos antes de pronunciar su discurso, en diálogo con este medio, Walter Bressia, presidente de BdA, reconoció que ha sido un año complejo para la vitivinicultura. Minutos después, al subir al escenario, reforzó este mensaje y habló de la tormenta “perfecta” que vive el sector. Además, hizo foco en la necesidad de tener mejores condiciones para recuperar competitividad en los mercados internacionales.
“La industria vitivinícola no está pasando un buen momento. Es una cosecha compleja que nos encuentra en una tormenta perfecta, con un mercado interno que no termina de recuperarse y exportaciones que han caído en los últimos años”, advirtió.
Uno de los principales reclamos que Bressia puso sobre la mesa estuvo vinculado a las condiciones estructurales de competitividad. “No se puede competir globalmente con 155 impuestos acumulados, costos logísticos que duplican a los de nuestros competidores y una infraestructura deficiente”, planteó.
En ese contexto, pidió avanzar en acuerdos comerciales internacionales y en medidas transitorias que alivien la carga financiera, como el diferimiento de contribuciones patronales y un sistema más ágil de reintegros a las exportaciones.
Pese a las dificultades, el mensaje final fue optimista. “Lo que falta en el sector vitivinícola no es potencial para crecer. Lo que necesitamos son decisiones y políticas públicas alineadas con una estrategia de desarrollo productivo”, concluyó el bodeguero.
La mirada industrial
Por su parte, Martín Rapallini definió el momento actual que vive la industria argentina, no solo la vitivinicultura, como una “transición”. El dirigente aseguró que están trabajando para lograr la recuperación de los sectores que aún no lo han hecho, como la construcción y el vino. “Argentina necesita recuperar la confianza y eso se genera cuando hay un clima de negocios y diálogo con el sector privado. Es en eso donde tenemos que poner foco”, aseguró.
Rapallini planteó que se deben dar “las condiciones para que el empresario invierta” y así crezca el país. “Veníamos de una economía donde el motor era el gasto público. Estamos pasando a un modelo que tienen casi todos los países del mundo donde el motor tiene que ser la inversión y el crédito”, lanzó, aunque reconoció que esta última herramienta está “afectada” por la suba de tasas y morosidad.



