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Discurso de ruptura: por qué Javier Milei enfrentó a los empresarios industriales en el Congreso

El presidente endureció su discurso contra empresarios, bancos y grandes grupos económicos, a los que acusó de extorsión y de operar contra su programa de apertura y ajuste.

Javier Milei habló en la apertura de sesiones ordinarias 2026.

Javier Milei habló en la apertura de sesiones ordinarias 2026.

Noticias Argentinas

Desde anoche, no hay posibilidad alguna de vuelta atrás. Javier Milei puso a la altura de sus enemigos predilectos, y de los que le dan razón a su gestión radicalizada, a varios de los empresarios más importantes del país y referentes del Círculo Rojo. En su tercer mensaje de inauguración del período ordinario de sesiones, el presidente atacó con furia, sin freno, sonriente y, en su visión, certeramente a Paolo Rocca, Javier Madanes Quintanilla y a la mayoría de los industriales que protestan y critican el grado de apertura comercial e industrial y piden algún tipo de resguardo fiscal o directo para no caer en cierres de plantas o despidos de personal.

Milei, luego de embestir duro y parejo contra sus otros enemigos identificados (el kirchnerismo y la izquierda), eligió el costado de los industriales argentinos para sus dardos teledirigidos, los que, a diferencia de los políticos opositores, no estaban en el Congreso para defenderse.

Sobre Paolo Rocca, Javier Milei dijo: "¿Les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero US$4.000 cuando se paga US$1.400?", para completar con que "ante la negativa oficial a convalidar ese 'capricho', desde el sector se habría amenazado con 'adelantar el pago de dividendos para intentar poner en jaque al mercado de cambios'". Volvió a definir al empresario como "Don Chatarrín de los tubitos caros".

Javier Milei contra Paolo Rocca

Sobre Madanes Quintanilla dijo: "¿Acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caro contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle mientras que se negocia la protección para el sector del aluminio?", para terminar definiéndolo como "Don Gomita Alumínica".

Hay una novedad en las descalificaciones. El presidente no solo habla de las medidas concretas que faltan (protección para ganar la licitación de provisión de los tubos para construir el gasoducto que une Vaca Muerta con Río Negro o aranceles altos para frenar la importación de neumáticos chinos). Milei le sumó el concepto de extorsión por parte de los empresarios. En el caso de Rocca, de adelantar dividendos para producir una corrida cambiaria y presionar sobre el dólar. A Madanes Quintanilla, de cerrar una fábrica para obtener beneficios arancelarios para el aluminio, atendiendo el activo de Aluar, la otra empresa de la familia.

Javier Milei le puso así el hombro a la teoría que venía manifestando hasta anoche de manera privada sobre la situación de algunos sectores industriales argentinos y las demandas contra su política de apertura. El jefe de Estado cree que no son reclamos legítimos y que detrás hay extorsiones directas para mantener privilegios.

En esta línea, el caso de Techint y Fate-Aluar no son los primeros ni los últimos. El conflicto más fuerte que tiene abierto el Gobierno entre un grupo empresario importante y medidas de su gestión es el freno, estilo limbo, en que se encuentra la operación de compra de Telefónica Argentina por parte de Personal, una empresa propiedad en un 40% del grupo Clarín (otro 40% es propiedad del mexicano David Martínez) y un 20% cotiza en bolsa. Personal pagó ya 1.300 millones de dólares a comienzos del año pasado por la operación; los españoles recibieron el dinero; pero, aún, el Ejecutivo no autoriza la compra. Y parece no estar cerca de hacerlo.

El Gobierno aduce que no hay posibilidades de mercado dominante y no competitivo, y reclama desinversión de Clarín en negocios paralelos para avanzar con la posibilidad de aprobación. El grupo privado no acepta este requerimiento y la situación podría terminar en la Justicia. Mientras tanto, Javier Milei ve en las críticas que se le hacen a su gestión desde los medios del grupo una extorsión y ubica a Clarín hoy en la mira de sus amenazas. De hecho, en su cuenta de X, el presidente da la bienvenida con un mensaje fijado que arranca con la siguiente leyenda: "Se ve particularmente enardecidos a buena parte de los empleados del Grupo Clarín. No paran de hostigar con mentiras al Gobierno simplemente porque dijimos que íbamos a defender a los argentinos del abuso de la posición dominante que el Grupo quiere tener en el mundo de las telecomunicaciones". Aparentemente, durante esta gestión del libertario no estaría disponible la autorización a la compra, lo que genera un conflicto directo con el grupo.

Otra conspiración que el presidente ubica en el pasado fue la de algunos bancos de capital nacional, cuando en agosto del año pasado hubo alguna de las clásicas corridas contra el dólar. Eran tiempos de subas de la divisa, hasta de un 15% acumulado. Y para Javier Milei no había dudas: había bancos conspirando. Y no únicamente entidades financieras. Para la visión oficial, había integrantes del Círculo Rojo detrás.

En esos tiempos, Milei había usado el streaming Neura, de Alejandro Fantino, para decir que "sabíamos que iban a venir a hacer daño, esto a nosotros no nos sorprende, iban a buscar romper porque es lo único que tienen", dijo casi de madrugada. Minutos después recordó que los bancos ahora tienen que trabajar "de bancos", porque "el Estado no toma más los pesos circulantes para cubrir el clásico déficit fiscal, lo que los pone nerviosos y proclives a actitudes semigolpistas para volver a lo anterior".

Otro evento de desconfianza fue en el primer cuatrimestre de 2024, cuando Javier Milei recién arrancaba y la baja de la inflación era el foco fundamental de acción económica. Veía el presidente cómo, entre marzo y abril de ese año, llegaban a los supermercados listas de aumentos más importantes que el índice inflacionario, naciendo la certeza (algo fundada, por cierto) de que muchos de los grandes productores locales de alimentos y bebidas (la mayoría de capitales criollos) estimaban que las políticas del oficialismo de ese tiempo llevarían en poco tiempo al dólar a navegar cerca de los 2.000 pesos, y que eran tiempos de aplicar un clásico: ajustes de precios por lo que puede pasar y no por lo que está pasando.

En esos días, el jefe de Estado consideró que esos empresarios habían traicionado su confianza y nunca más se pudo restablecer la relación. Fueron los tiempos, además, en los que Javier Milei decidió abrir la economía a la importación de alimentos y bebidas, para que estos productos del exterior sirvieran de barrera a los intentos de incrementos de precios de los locales.

Sospechaba Milei (y aún lo hace) que en aquellos días gran parte de ese círculo rojo ejecutaba una práctica común en tiempos del kirchnerismo puro y duro: adelantarse a futuras corridas financieras, cambiarias y monetarias, imponer precios especulativos para tiempos próximos y salvar sus cajas contables hacia adelante. Es lo que en algún momento fue denominado el pricing punk, o una estrategia de precios bajo el criterio de que no hay un mañana y que todo lo que se pueda ganar especulando con tiempos peores, mejor hacerlo lo antes posible.

Dicho de otra manera, los empresarios que habían calculado ese nivel de devaluación con su inflación inevitable directamente no creían que Milei pudiera tener algún tipo de éxito en su gestión. O, al menos, así lo vivió Milei personalmente en esos días. Al ver los precios de los alimentos subir más que la inflación proyectada y comprobar que ahora tienen algún atisbo de disminución, el jefe de Estado vivió una especie de defraudación profunda. Mucho más que un "no la ven", como los definió alguna vez el propio Milei en una entrevista pública. Una real confirmación de lo que siempre sospechó y él mismo creyó y continúa creyendo y profundizando.