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Dólar hoy: cómo leer la reciente suba de las cotizaciones y la caída del peso

El dato más relevante de las últimas semanas fue el movimiento del tipo de cambio. Si bien se trata de una suba vinculada a un cambio en las condiciones externas afecta las expectativas de los inversores.

dolares

El mes pasado se sacudió el avispero cambiario con una sorpresiva suba del tipo de cambio de más de 5% que, obviamente, movilizó a quienes mantenían apuestas al “carry trade”. Para dimensionar el reciente movimiento vale señalar que desde fines de abril pasado el tipo de cambio oficial se depreció 7% en términos nominales y 4,1% en términos reales.

¿Qué factores explican, o más bien, influyeron en esta suba? En primer lugar, no por orden de causalidad, debe mencionarse al ritmo de liquidación de la campaña agrícola que, según los analistas, no está siguiendo el patrón histórico estacional en los envíos al mercado y con una mayor acumulación de stocks en silo-bolsas. En segundo término, la decisión del Banco Central (BCRA) de comprar divisas en el mercado de cambios que, entre fines de abril pasado y fines de junio adquirió más de 4.000 millones de dólares, pero también la apreciación del dólar contra otras monedas. Con relación a este último punto, en las últimas semanas, la depreciación del peso fue similar a la registrada por varias monedas significativas contra el dólar: según cálculos de Quantum, en el bimestre mayo-junio el peso se depreció apenas por encima del 4% en términos reales, al igual que el real brasileño mientras que contra el yen lo hizo en 4,4%, contra el euro en un 3,3%, y versus la libra esterlina menos de un 3%.

De esta manera, así desandaron sus caminos de apreciación nominal observado desde principios de año, ya que desde el cierre del 2025 el euro se depreció 3% en términos reales contra el dólar, el yen un 5,8% y la libra esterlina un 2,6% mientras que el tipo de cambio oficial argentino se apreció 10,9% y el real lo hizo en un 6,8%.

La lectura de los analistas es que estos recientes desplazamientos se dan desde un punto de partida en que el dólar se ve apreciado comparado con el nivel de tipo de cambio real multilateral tomado en un período histórico largo. Según la paridad de poder de compra del dólar promedio -considerando las monedas y las tasas de inflación domésticas de los principales países con los que comercia y su propia inflación- del período 1994-2026, en la actualidad el dólar estaría apreciado 11,7%, aunque no está en niveles máximo de apreciación de comienzos de 2025.

De modo que a principios de año bajo una óptica tradicional el punto de vista del mercado era que el dólar podría continuar depreciándose, considerando el punto de partida de altos déficits fiscales y de cuenta corriente, y una deuda pública que supera 100% del PBI.

Pero ahora, se incorporaron las consecuencias de distintos conflictos bélicos, incluyendo el de Medio Oriente, que dejaron de manifiesto vulnerabilidades relativas, las variaciones derivadas de diferenciales regionales y nacionales de tasas de interés y la evolución de productividades.

¿Qué cambia con la suba del tipo de cambio?

No hay que soslayar que los inversores operan ahora con expectativas diferentes en un contexto donde finaliza la cosecha gruesa y merma la liquidación de divisas, a lo que se suma la baja del petróleo y a la volatilidad local se le suma la volatilidad externa.

Por un lado, se tiene el factor de menor oferta. En tal sentido, el precio del petróleo impacta en el flujo excedente de divisas al igual que el cierre de la cosecha. Sin embargo, lo alentador es que la oferta de dólares viene creciendo fuerte no solo por precios sino también por cantidades y de sectores que tienen estacionalidades diferentes a las del agro. Por lo tanto, hay una señal que puede indicar menor volumen excedente de dólares, pero que no debería ser suficiente como para señalar riesgo de faltante de dólares. En síntesis, se espera que el BCRA compre dólares a un ritmo menor, pero no que tenga que vender.

En segundo lugar, se tiene el factor de más volatilidad. No hay duda que el dato nuevo es que el tipo de cambio no se mueve solo por factores internos, sino que el frente externo también influye. Por eso, habrá que estar atento a cómo se estabiliza el mercado de EE.UU., ya que, si se revierte el reciente fortalecimiento del dólar, se puede estar ante un factor que aminore recientes presiones cambiarias en el mercado local.

Lo importante es que ambos factores implican la necesidad de tasas de interés más altas, dado que el menor excedente de dólares conlleva un ritmo de inyección de pesos más bajo, pero la volatilidad hace que se necesiten diferenciales (spreads) mayores para cubrir el riesgo de esas oscilaciones. O sea, se tratan de dos componentes alcistas para la tasa de interés.

Entonces, en la dinámica del tipo de cambio de Argentina, que está afectada por las nuevas circunstancias externas, tienen peso factores propios que impactan en la oferta de divisas del sector privado y en la necesidad del BCRA de acumular reservas. Está claro que se trata de un aumento como respuesta a un cambio en las condiciones externas y que replica en buena medida lo que ha pasado con otras monedas regionales. Pero más allá de esos factores, lo importante es que ese movimiento del tipo de cambio redefine los supuestos del proceso de determinación de la tasa de interés en el mercado local, que equilibra el resto de las variables. El punto central es que la determinación de la tasa de equilibrio se da en función de cómo se ordena la liquidez y de cómo están alineadas las expectativas. De ahí que se reaviven las expectativas cambiarias porque de esa variable dependen principalmente los flujos financieros, pero también lo hacen los flujos reales, porque el mercado local opera en pesos, pero piensa en dólares.

Al tomar como ejemplo la inversión más conservadora, como ser un depósito a plazo fijo en pesos a 30 días, se ve que, hasta mediados de junio, la utilidad generada fue bastante estable, con tasas levemente descendentes, pero que cuando se medían en dólares (ajustadas por la variación del tipo de cambio) daban ganancias en dólares muy altas. Según datos de MegaQM, en el máximo, a mediados de abril, llegó a alcanzar un rendimiento directo medido en dólares del 17%, y ese valor era consecuencia de la combinación de 8,6 puntos aportados por la tasa de interés en pesos de manera directa y el resto por la caída del tipo de cambio nominal.

Durante todo ese período de rendimientos dolarizados tan altos para las inversiones en pesos, las tasas reales (descontado el efecto de la inflación) fueron fuertemente negativas, y eso es posible en contextos donde no falta liquidez y donde las expectativas cambiarias son muy estables. El interrogante es cómo se pueden acomodar las tasas de interés ahora que el tipo de cambio empezó a moverse. Veremos.