Delcy Rodríguez, Chevron y la "dolarización endógena": los primeros ganadores tras la caída de Maduro
Delcy Rodríguez emerge como la figura clave del nuevo esquema de poder en Venezuela, apoyada en una profundización de la dolarización endógena y en la llegada de divisas vía petróleo. En ese entramado, Chevron aparece como el actor central.
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La dolarización endógena es un proceso en el cual, ante la escasez de moneda local, los agentes económicos empiezan a usar dólares de manera creciente en sus transacciones cotidianas, sin que el Estado imponga una dolarización formal. Con este mecanismo, en el tiempo, la moneda de uso y transacción comienza a ser la norteamericana, dejando de lado la emitida por la autoridad financiera local.
El mecanismo implica aceptar la debilidad de la moneda doméstica y aceptar la fortaleza de una extranjera. No son muchos los países que optaron por este sistema de cambio de efectivo circulante, ya que una modificación semejante implica aceptar que, con el tiempo, el dinero local puede dejar de tener efecto de cambio y, en consecuencia, una pérdida de poder soberano de la moneda. Sin embargo, es un mecanismo efectivo, útil y rápido en momentos de inflación extrema y sin control, ya que disciplina a los agentes económicos de manera rápida y directa y resuelve el problema de emisión.
Javier Milei lo intentó aplicar, con cierto éxito, desde el primer trimestre de 2025, antes de la firma del acuerdo de Facilidades Extendidas de abril del año pasado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sobre la base de los dólares obtenidos en el blanqueo instrumentado el ejercicio anterior y la llegada temporal de las divisas de la campaña sojera del año pasado, el presidente argentino impulsó, junto con su ministro de Economía, Luis Caputo, una estrategia de ampliación de la base monetaria a partir de la legalización de la operatividad del dólar como moneda de circulación, algo que se logró a medias, pero que, combinado con la no emisión monetaria, facilitó que el alza de los precios en el ejercicio pasado se ubique en un 30%, un porcentaje muy menor al historial anterior.
Sin embargo, Milei no fue el primer impulsor en la región de la “dolarización endógena”. Hubo antes otro ejemplo medianamente exitoso que anticipó la estrategia del libertario y, curiosamente, en las antípodas ideológicas del argentino. Fue Delcy Rodríguez, que, en el contexto de los efectos de la pandemia en Venezuela y una hiperinflación de casi 3.000%, con desabastecimiento y arranques de asonadas sociales, impulsó, como vicepresidenta del régimen de Nicolás Maduro y con la responsabilidad del manejo de la economía del país, una dolarización de facto.
Venezuela ya experimentaba una dolarización informal desde 2019, donde el dólar se usaba ampliamente en transacciones, desplazando al bolívar hiperinflacionario. En noviembre de 2020, el gobierno de Maduro, con Rodríguez anunciando las medidas, impuso un impuesto a las transacciones en divisas, buscando formalizar y controlar el uso del dólar. En parte se logró, ya que en la actualidad se estima que el 70% de las transacciones en ese país se realizan en dólares (de manera directa o indirecta, en un país donde la mitad de la economía es en negro).
También habrá que decir que, gracias a este mecanismo de transacciones en moneda fuerte, la inflación cayó del 2.959% de 2020 al estimado de entre 50 y 70% de 2025. Salvo que, vaya novedad, no hay mediciones oficiales de la inflación creíbles y difundir datos privados sobre el alza de precios en Venezuela está prohibido. Pero, más allá de las realidades de una dictadura y sus consecuencias en la economía, lo cierto es que la aplicación de un esquema de “dolarización endógena” en Venezuela pudo provocar una contracción enorme de los índices inflacionarios.
La fuente de las divisas, claramente, es el petróleo y sus exportaciones derivadas, las que hasta julio de 2024 tenían destino fundamental en el mercado de compra de los Estados Unidos, pero que, luego de la trampa de Nicolás Maduro en las últimas elecciones y la aplicación de un boicot desde ese país, el principal comprador pasó a ser China.
Delcy Rodríguez, además, tiene en la visión del régimen un logro, además de la baja de la inflación. Como responsable de la economía venezolana, le permitió a Maduro llegar a esas elecciones presidenciales, luego trampeadas por el oficialismo madurista, con un PBI en crecimiento y con un proceso de reabastecimiento de los supermercados en marcha. En definitiva, se fue a votar en julio de 2024 con papel higiénico en las góndolas. Aunque negada por los protagonistas, la "dolarización endógena" dio resultado. Igual se perdieron las elecciones y Maduro se robó las actas.
Lo que se sabe es que Delcy Rodríguez tiene conocimientos sobre cómo ayudar a cambiar la realidad económica de su país y que, además, sabe cómo generar divisas. En conclusión, la nueva responsable de los destinos políticos y económicos de Venezuela tiene en su mapa de acción la manera de generar divisas y así mostrar cierto crecimiento en su país.
Vale el dato para lo que viene en el Estado caribeño y la especie de transición que comenzó con la salida vía helicóptero hacia los Estados Unidos de Nicolás Maduro. Rodríguez parece ser la jefa de Estado elegida (o aceptada) por Donald Trump para conducir el proceso que se viene, proceso que no tiene tiempos concretos de llamado a elecciones para que Venezuela alcance su tan ansiada institucionalidad, vuelva a ser una república democrática y deje atrás sus años oscuros de madurismo. Mientras ese momento llegue, será Delcy Rodríguez la que maneje los destinos políticos y económicos, aparentemente con la bendición de los Estados Unidos y la cierta aceptación de los camaradas del bolivarianismo residual, ya sin poder y humillados por la potencia norteamericana, y sin que desde Rusia o China se haya intentado frenar las acciones.
La nueva presidenta provincial a cargo sabe que la estabilidad económica y financiera es clave y que la manera de generarla en Venezuela es a través de las divisas que traiga el petróleo y la profundización de la “dolarización endógena”. Y los únicos dispuestos a poder traer divisas de manera más o menos rápida son las petroleras norteamericanas, comenzando por la compañía extranjera que más inversiones sostiene en territorio venezolano: Chevron, que, pese a los largos años del bolivarianismo, se mantuvo firme en sus posiciones en ese país, aceptada hasta por los bolivarianos más duros del régimen. Ahora es la primera que está en gateras para aprovechar una situación que cayó como maná del cielo. Se sabe que Chevron está dispuesta a acelerar la presencia en ese país, sin esperar que llegue la tan ansiada democracia. También lo sabe Delcy Rodríguez, que negoció con la petrolera norteamericana la llegada de dólares en aquel fin de 2020, donde avanzó la llegada de divisas de manera “endógena”.
Probablemente tengamos, entonces, dos primeros ganadores en los sucesos del fin de semana en el ex país bolivariano: Delcy Rodríguez, quien hasta nuevo aviso detentará formalmente (y quizá algo más) del poder en Venezuela, y Chevron, que está en el momento justo, con la actitud justa, en el tiempo adecuado, lo que se demostró este fin de semana con la suba de casi 7% en el premarket de Wall Street. En definitiva, en la política como en los negocios, siempre hay que tener suerte.




