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Creador del "fly winemaker" y bodeguero: los negocios que dejó Michel Rolland

A sus 78 años, el enólogo francés de fama mundial falleció, pero dejó un legado de grandes vinos y empresas en Argentina y otros lugares del mundo.


El tinto del vino en todo el mundo se tiñó este viernes de luto. Es que a los 78 años falleció Michel Rolland, una de las figuras más relevantes de la vitivinicultura mundial. Francés de nacimiento, su talento lo llevó a recorrer todo el mundo y a echar raíces en Argentina de la mano del Malbec y los vinos de alta gama.

Pero más allá de su aporte en lo productivo y lo cualitativo, Rolland dejó un sólido legado con varias bodegas e inversiones que siguen dando sus frutos y que han contribuido a construir el renombre mundial de los vinos argentinos. Tal ha sido su relevancia para el país, pero sobre todo para Mendoza, que el propio gobernador Alfredo Cornejo se hizo eco de su despedida y destacó “su mirada y su trabajo” para “desarrollo y posicionamiento internacional de la vitivinicultura” de la provincia.

El creador de un concepto

Proveniente de Pomerol, en Francia, la vitivinicultura le llegó por herencia familiar, ya que por parte de su padre eran propietarios de viñedos en la distinguida región asociada al Merlot. El legado incluyó a su padre, su abuelo y su bisabuelo, quienes le transmitieron la pasión por el vino.

Pero más allá de esos aprendizajes familiares, Michel completó su formación en Burdeos y desde allí forjó su propio camino. En 55 años de trabajo se convirtió en el máximo referente de un concepto inédito: el fly winemaker. Con su base fija en Francia, se dedicó en su carrera a viajar por el mundo asesorando proyectos vitivinícolas de diversas regiones.

En su rol de asesor, Rolland llegó a trabajar con más de 100 bodegas en más de 20 países, con proyectos de China, Estados Unidos, España, India, Marruecos, Portugal, Uruguay y Argentina, entre otros. Incluso, como lo comunicó su propia familia, al momento de partir “aun estaba lleno de energía, proyectos, planes de viaje”.

Sin embargo, la relación con nuestro país fue especial. Su primer viaje se dio alrededor de 1985, cuando Arnaldo Etchart lo convocó a Cafayate, Salta, par que lo ayudara a elaborar un vino argentino de calidad de exportación. Así, empezaron a trabajar juntos con el Cabernet Sauvignon, el varietal más popular por aquel entonces, y el Malbec.

Así llegaron a un vino de calidad premium que fue pionero en los mercados internacionales. Pero su gran aporte se dio con un simple consejo: apostar por el Malbec. Es que Rolland fue uno de los primeros extranjeros en ver que el varietal tenía un potencial enorme en el país lo que llevó a plantar más y a salvar los viejos viñedos con esta cepa.

Desde allí, el resto es historia, entre los años ‘90 y los ‘00 comenzó una ola exportadora de grandes bodegas, todas apalancadas con el Malbec.

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Los negocios de Michel Rolland

Y en esta ola fue que el enólogo francés decidió hacer las primeras inversiones en el país e incentivar a varios de sus amigos coterráneos a seguir su instituto sobre Argentina. En sus tantos viajes al país encontró en el Valle de Uco, un terreno poco explorado en aquel entonces, la tierra ideal para desarrollar su propio proyecto.

Así nació en 1999 Clos de los Siete, un ambicioso proyecto integrado por un único vino de corte definido por él mismo que logró instalarse en la élite mundial de la vitivinicultura.

Pero esa primera inversión derivó en otras. En ese mismo predio de 850 hectáreas se instalaron Monteviejo, Cuvelier Los Andes, Diamandes y Flechas de los Andes.

Si bien estos proyectos tuvieron su independencia, su participación y relación directa con los inversores fue fundamental para el desarrollo de la zona, que se ha convertido en una de las más importantes del vino argentino.

También en 1999 su amistad con Etchart lo llevó a avanzar con la bodega Yacochuya, en Cafayate. Un proyecto que luego quedó en manos de la familia Etchart.

Pero su gran proyecto fue y sigue siendo Bodega Rolland. La misma comenzó a construirse en el año 2001 y su primera cosecha fue la 2002, pero no fue hasta 2010 que tuvo su inauguración formal. Ubicada en el departamento de Tunuyán, allí Michel comandaba la elaboración de las líneas Miraflor, Val de Flores y Yacochuya (fruto de su relación con los Etchart). Aquí también encontró un lugar fundamental su familia, con la participación de su esposa, Dany, y sus hijas Stéphanie y Marie.

Además de sus negocios en Argentina, Rolland también era propietario de Château Bertineau Saint-Vincent en su Pomerol natal, de Château Rolland-Maillet en Saint-Émilion, Château Fontenil en Fronsac y Château La Grande Clotte en Lussac-Saint-Émilion.

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Rolland murió a sus 78 años

El corazón del negocio

Pero el punto de partida para el imperio que construyó el enólogo fue su laboratorio. Nacido en 1973 en Francia, hoy sigue vigente bajo el nombre de Rolland & Associés. Su éxito se basó en ser uno de los primeros modelos de consultoría enológica global, justamente lo que permitió a Rolland ser un “fly winemaker”.

El trabajo del laboratorio se centró en todo el proceso productivo, desde el manejo del viñedo, la cosecha, pasando por la vinificación, la crianza y hasta el ensamblaje.

En Argentina, Rolland fundó junto a Gabriela Celeste Eno.Rolland, un laboratorio que luego quedó en manos de la enóloga bajo el nombre de Eno.