Silvina Batakis: "El superávit fiscal de Milei es de pizarrón y puede explotar más adelante"
Silvina Batakis cuestiona el superávit fiscal de Javier Milei, lo califica de "pizarrón" y planteó los desafíos económicos para la Argentina que viene.
Silvina Batakis dialogó con MDZ.
Prensa BatakisLa exministra de Economía nacional y actual ministra de Hábitat y Desarrollo Urbano de la provincia de Buenos Aires, SIlvina Batakis, analizó el plan económico de la administració libertaria, el rol del peronismo frente al equilibrio fiscal y los desafíos de un eventual cambio de signo político.
Ferviente hincha de boca, Batakis recibió a MDZ en su oficina cerca de Plaza de Mayo rodeada de simbología bostera. Con lenguaje técnico y preciso, la exministra de Economía provincial desarrolló su visión sobre los desafíos económicos que le deparan a Argentina.
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Formación en tiempos de crisis: economía como herramienta para entender la política
—Una pregunta en cuanto a tu formación. Te recibiste de licenciada en Economía a comienzos de los '90. ¿Cómo viviste ese proceso en pleno período de crisis política y económica?
No solamente fue la crisis económica, la hiperinflación del 89 y el 90, después la convertibilidad, sino también la salida de la dictadura. Eso está muy marcado en toda la generación que tiene aproximadamente mi edad, yo tengo 57. Está muy marcado por la dictadura y por la falta de formación política, que a diferencia de lo que pasa hoy, en aquel momento no la había. La economía te permitía tener instrumentos para entender lo que estaba pasando políticamente, con el prisma de la economía, pero tratar de entender qué pasaba en el país.
La formación en La Plata, que sigue siendo más o menos así hoy, es una formación súper neoclásica, neoliberal. Y en ese sentido yo no le soy esquiva. Es una formación muy estricta y me parece que eso es positivo. Después uno toma las decisiones que quiere tomar. La Universidad de La Plata es muy buena en economía.
—¿Sentís que esa formación, bajo el paraguas de la crisis, te sirvió para la función pública?
Sí, porque el tema de la inflación te pega no solamente desde lo individual, la familia, sino desde la formación. Yo siempre digo: ¿por qué alguien querría ser ministro de Economía en Argentina? Los economistas medio que soñamos con eso, los que nos gusta la función pública. Imaginás que vos podés vencer la inflación. Ese es como el objetivo: yo lo voy a lograr. Y después te das cuenta que hace muchísimos años que en Argentina hay inflación y que los economistas no logramos revertir esa situación. Pero es un objetivo de cualquier ministro de Economía.
Del radicalismo de los 80 al peronismo de los 90
—¿Eso estuvo acompañado de militancia?
En los albores de nuestra democracia me afilié al radicalismo, porque era el renacer. Era también la rebeldía hacia nuestros padres, porque yo recuerdo a mi mamá y a mi papá diciendo "no se metan en líos", por el miedo a lo que había sido la dictadura cívico militar. Alfonsín era la imagen de la democracia y la vuelta a la política. Después me di cuenta que mi dedicación política no era en ese espacio, sino en el peronismo, ya en los 90.
—¿Recordás ese primer encuentro con el peronismo?
Fue desde lo más técnico. Empecé a trabajar en el Ministerio de Infraestructura de la provincia en el 92, siendo practicante rentada, todavía no estaba recibida. Ahí tengo mi primer encuentro con la política, con la planificación de la obra pública, con entender hacia dónde iban las obras públicas.
Menem y Milei: coincidencia política y algunas diferencias técnicas
—Entrás a la función pública en pleno plan de convertibilidad. ¿Qué similitudes tiene aquel plan de estabilización con el de hoy?
Hay una coincidencia política. En lo técnico económico creo que no, pero en lo político sí: la manifestación de reducir la inflación como objetivo político central. En otros gobiernos no estaba tan claro.
En cambio acá, desde el presidente, y lo que fue con Menem en su momento, había una manifestación política desde el presidente para reducir la inflación. Yo no siento que eso haya sucedido en otros gobiernos, incluidos los nuestros. Sí había objetivos técnicos del ministro de Economía, pero no como objetivo político. El contexto y los instrumentos son distintos, pero la verbalización tan fuerte es coincidente.
—¿Por qué creés que en otros gobiernos no estuvo presente ese objetivo político?
Porque los instrumentos económicos ortodoxos que acompañan a un plan de estabilización siempre generan costos sociales altos. Desde la política se trata de evitar siempre el costo social. Acá, y en el caso de Menem, creo que no se le esquivó a eso.
—El gobierno planteó una especie de frame o marco de discusión pública, en el que el orden fiscal, o un sentido común fiscal, parece ser el eje de toda discusión. ¿Crees que el peronismo hoy tiene incorporado ese marco para discutir un eventual próximo gobierno? ¿Crees que el peronismo puede eventualmente volver al poder sin tocar esa discusión?
—Esta verbalización tan fuerte que hace el gobierno nacional la mete en la sociedad, pero no es ajena al peronismo. En buena parte del gobierno de Cristina y en el gobierno de Néstor hubo equilibrio fiscal y superávit gemelos.
En la provincia, cuando yo fui ministra de Economía, estábamos en equilibrio. Yo no creo en el superávit per se como objetivo, sí creo en el equilibrio. Las cuentas ordenadas mejoran toda la economía.
¿Por qué no creo en el superávit? Porque hay tantas necesidades en Argentina que tener superávit me parece muy cruel de parte de la política. Pongo siempre este ejemplo: cuando Nokia, la empresa finlandesa, no logra modernizarse y pegar el salto a los celulares inteligentes, quiebra. Nokia representaba el 4 o 5% del Producto Bruto de Finlandia. Cuando quiebra, se desestabilizó toda la economía por un tiempo.
Imaginate, el Estado en la provincia de Buenos Aires representa entre el 13 y el 14% del producto, y a nivel nacional entre el 32 y el 40%. Si eso anda mal, el impacto es muy fuerte. Por eso creo en el equilibrio fiscal y en la eficiencia. La diferencia, lo novedoso, es que Milei lo dijo tantas veces que a la gente se le hizo carne. Pero no es que nosotros no hayamos ejercido el equilibrio fiscal.
"El superávit es de pizarrón"
—¿Y ese orden macroeconómico del que se jacta Milei, creés que es tal?
No, creo que es un equilibrio de pizarrón solamente. No es real para nada. El tema de capitalizar los intereses al final, las deudas que tienen con las provincias o con distintos organismos nacionales son ejemplos. Cuando empezás a tener deuda flotante no podés decir que tenés superávit, sino no tendrías deuda flotante. Es absolutamente de pizarrón. Y ese superávit de pizarrón lo que hace es pisar la inflación, que puede explotar más adelante, en el próximo gobierno o en este mismo gobierno.
—Desde la oposición critican al gobierno por carecer de un abordaje de la microeconomía. ¿Coincidís?
Yo creo que el gobierno adolece de marco macroeconómico. Incluso dentro de la macro atacan algunos puntos y han logrado algunas cosas. Y en microeconomía no tiene nada.
La macroeconomía completa es la que se vincula con la microeconomía para lograr desarrollo y crecimiento. Hoy no tenés un ministro de Economía que entienda la macroeconomía como algo integral y coherente para fortalecer la microeconomía.
¿Cómo hacés para que a la microeconomía le vaya bien si no tenés instrumentos macro de crecimiento, de desarrollo, de equidad territorial?
—¿Esa ortodoxia es impericia o una cuestión ideológica?
—Milei tiene mucho de cuestión dogmática, y lo dogmático en Argentina no da resultados en ningún partido político. Uno tiene que tener claros los objetivos políticos y adaptar los instrumentos económicos a esos objetivos.
Por otra parte, tenés un ministro de Economía con determinadas características y conocimiento, pero no es un macroeconomista, es una persona que se dedicó al mundo financiero. Eso es importante, pero falta todo lo otro para que el país crezca.
Si vos sos presidente, ¿para qué querés serlo? Para que a la gente le vaya mejor, no peor. Y solamente con política financiera no podés hacer que a la gente le vaya mejor.
En la macroeconomía tenés política tributaria, presupuestaria, monetaria, financiera, industrial, agropecuaria. Todo eso está faltando.
El ministro de Economía como mensaje a los mercados
—José Natanson planteó, a modo de provocación, que el peronismo debería poner a Horacio Rodríguez Larreta o alguien de esa estirpe como ministro de Economía para darle tranquilidad a los mercados. ¿Crees que es tan central esa figura de cara a los mercados, o que debería hablarse tan explícitamente a los mercados?
—Es necesario, pero no veo por qué tenga que ser una figura ajena a nuestro partido. Es una construcción que el peronismo tiene que hacer y que se ha venido haciendo.
En los años del gobierno de Macri yo era presidenta de la Comisión de Economía del PJ de la provincia de Buenos Aires y fuimos a reunirnos con inversores, con el Departamento del Tesoro y con el Departamento de Estado de Estados Unidos.
Esa construcción es necesaria. Pero la política financiera no te alcanza para cubrir todos los frentes. En economía hay una regla: para cada objetivo, un instrumento. El instrumento financiero para resolver la pobreza no sirve. Necesitás otro. Hay que cuidarlo, pero no veo por qué tenga que ser con una figura ajena a nuestro espacio.
Cambio civilizatorio: "Es más fuerte que la figura de Milei"
—¿Estamos en un punto de inflexión que puede consolidar un orden macroeconómico que excluya a otros espacios políticos?
Hay un punto de inflexión, pero a nivel global. Estamos en un cambio de régimen civilizatorio, honestamente, mucho más fuerte que la figura de Milei. Tiene que ver con la economía del conocimiento, la inteligencia artificial, la robótica que ahora incorpora más fuerte la inteligencia artificial. Tiene más que ver con todo eso que con las propuestas de Milei.
—El programa económico del gobierno se basa en sectores energéticos, mineros y de extracción, que son intensivos en capital pero no en trabajo. ¿Es sostenible? ¿Qué límites ves?
Ahí está el límite. Los países más desarrollados y más felices del mundo —hay indicadores para esto— son los que tienen una cohesión social muy fuerte, no tanta desigualdad, un coeficiente de Gini más igualitario, y donde todos tienen trabajo más fácilmente. En Argentina no veo que este modelo económico vaya a traccionar empleo.
El gobierno dice "que se reconviertan", pero ¿cómo hacés para reconvertir a una persona que trabaja en una hilandería robotizada de medias en alguien que tiene que ir a trabajar al petróleo, la química o la minería? Es imposible. Y que se vaya a vivir del Conurbano a Neuquén. Parece todo mágico, y no lo es.
La tasa de desempleo viene aumentando y no parece preocupar a Milei, porque su lógica es que cada uno se arregle como pueda.
Lo que aparece ahora es el multiempleo: empleados públicos y privados que, como el sueldo no les alcanza, suman trabajos. Eso genera intolerancia social, y la intolerancia social lleva a la violencia. No es la sociedad que queremos.
La industria, gran ausente del discurso oficial
—La industria está ausente del discurso del gobierno, mientras que las potencias del mundo despliegan políticas de contención industrial. ¿Qué rol debería ocupar y cuál es la importancia de la provincia en eso?
—El valor agregado industrial de la provincia de Buenos Aires es el más alto del país, sobre todo en el Conurbano. Por eso el crecimiento del 4,4% del PBI del año pasado no se refleja en la provincia: ese crecimiento fue por minería, energía, sector financiero y agropecuario.
El campo es capital intensivo, genera mucho conocimiento, está en la frontera internacional, pero no genera tantos puestos de trabajo ni tanta actividad económica en la provincia como para compensar la pérdida industrial. Genera, pero no compensa.
En la industria de la provincia, en cambio, se nota mucho. Tenés cierres de empresas, y en el Conurbano se genera el mayor multitrabajo. El 12,9% de las personas empleadas tienen al menos un segundo trabajo, hay quienes llegan a tener cuatro. En el Conurbano eso supera el 50%. Perder la industria es un problema porque perdés puestos de trabajo.
Yo siempre digo que a los sectores económicos hay que mirarlos no solo por lo que aportan al PBI o por las ganancias que generan, sino por la cantidad de puestos de trabajo que producen.
Una empresa también es una productora de puestos de trabajo, y eso es un ordenador social. El trabajo hace que vos a la mañana pongas el despertador, lleves a tu hijo, se ordene la educación, se ordene el transporte.
La industria también tiene que ser vista como una fábrica de producción de puestos de trabajo. La construcción también, por supuesto.
El impacto sobre la provincia de Buenos Aires
—Las políticas del gobierno repercuten de manera abismal en la provincia. ¿Cómo gestionan ese impacto?
—En seguridad es muy claro, porque es fuerte decir que a nivel nacional bajaron los casos y en la provincia aumentó: es imposible, tenemos el 40% de la población. En el producto bruto, hay que trabajarlo más, pero el producto bruto geográfico de la provincia cayó.
¿Por qué? Porque la provincia es fuerte en industria, en agro y en consumo. El renglón servicios incluye básicamente comercio, y la provincia es la que más aporta en comercio a nivel nacional. Eso cayó mucho por dos motivos: porque cae el ingreso personal en términos reales, y porque hay nuevas plataformas, nueva tecnología y nuevos accesos a mercados internacionales de consumo, que aunque no llegan al 50% tienen un peso importante. Por eso el producto de la provincia cayó al margen del crecimiento nacional.
Sobre las mediciones del INDEC, ese 4,4% no lo pongo en tela de juicio. El INDEC tiene profesionales de la estadística como no hay en otro lugar, es súper prestigioso, y denostar a esos trabajadores me parece mal.
El 4,4 es creíble. Lo que pasa es que la provincia tiene un perfil totalmente distinto al promedio nacional.
Kicillof presidenciable: "Tiene atributos que la sociedad exige"
—La atmósfera política puso a Kicillof como candidato natural del peronismo. ¿Qué activos económicos tiene la provincia para venderse como modelo?
Manejar la provincia de Buenos Aires en una situación que tuvo algún recurso extra al actual, es una experiencia positiva. Pero también es positivo poder gestionar cuando no tenés plata, que es lo que está pasando hoy. La provincia está en equilibrio permanentemente —equilibrio es más o menos 1 o 1,5%—.
Es cierto que en una misma gestión, en contextos distintos, el resultado no es el mismo aunque seas eficiente. Pero poder surfear esas dos situaciones es importante: es una gestión que, habiendo tenido recursos, decidió gestionar para la gente. Se hicieron escuelas, unidades de atención primaria, casas.
La provincia nunca dejó de hacer casas. Y ahora se está revisando toda la política de servicios para ir a lo más elemental, porque es lo que necesita la gente.
Un Estado planificador, al estilo europeo
A la luz de la experiencia libertaria y las críticas que recibió el Frente de Todos por el tamaño del Estado, ¿cómo debería ser el Estado nacional?
—Primero, súper eficiente. Creo en el equilibrio, pero también en la política pública para planificar las oportunidades en cada territorio. Cuando el gobierno dice que la inflación es solamente monetaria, se equivoca. Hay trabajos académicos que ponderan distintos elementos de la inflación argentina, y uno de ellos tiene que ver con la producción.
Cuando lográs incorporar a la matriz productiva todos los territorios con sus oportunidades, aportás algo para que la inflación se reduzca. Eso hoy no está pasando.
El Estado tiene que tener un rol planificador mucho más fuerte. Es difícil en un país con inflación, lo entiendo, pero cuando no tenés objetivos claros es muy difícil diseñar instrumentos.
No digo una planificación a la china —que igual es envidiable lo que hizo China: mil millones de habitantes sin pobres, con desigualdad alta, pero sin pobres—, sino una planificación tipo Francia o Italia. Argentina no tiene esa práctica. Y la coordinación: somos el séptimo país del mundo en territorio. Si no tenés coordinación, terminás siendo ineficiente. El intendente quiere dar una respuesta, la provincia da otra, el gobierno nacional da otra, o los tres dan la misma respuesta cuando alcanzaba con que la diera uno solo. Impulsar la coordinación federal tiene que ser una característica propia del gobierno nacional.
Industria, infraestructura y educación: los tres ejes del próximo gobierno
—¿Cuáles son los principales desafíos de un eventual gobierno de cambio de signo en materia económica?
—Un plan industrial nacional con estrategias provinciales y regionales fuertes, un plan de infraestructura y la educación. No hay ningún país desarrollado que no haya invertido en infraestructura.
Esa es una de las deudas del superávit que muestra el gobierno: una pérdida patrimonial de todos los argentinos. Es contradictorio que un gobierno quiera ser extractivista en recursos naturales y no tenga logística para sacarlos. Los romanos hacían acueductos para expandir fronteras, llevar agua a sus soldados y generar agricultura.
Que no haya infraestructura es muy fuerte. La educación también tiene que pegar un salto de eficiencia frente a este cambio civilizatorio, con objetivos claros de hacia dónde queremos ir. Todo eso se puede hacer hablando con organismos multilaterales.
—¿Cuál sería el rol del sector privado en esa coordinación?
—La asociación público-privada me parece fundamental. Yo no lo logré nunca. Cuando fui ministra de Economía de la provincia, lo intenté en varias ocasiones y no pude. Eran otros tiempos, fue 2011-2015, quizás no se podía hacer, o quizás yo no pude, no me quiero sacar la culpa.
Pero hoy tiene que ser una herramienta. Veníamos hablando, por ejemplo, de cómo construir viviendas, y quizás una alternativa sea una asociación público-privada con la comunidad: el municipio pone el terreno, nosotros ponemos el 50%, el otro 50% lo pone la familia adjudicataria, un sindicato o una empresa. Es un cambio que tenemos que ver.
Un plan desde el territorio: el Grupo Atenas
—¿Cuáles son los puntos centrales para un acuerdo intrapartidario sobre un esquema de desarrollo?
—Tiene que ser de abajo hacia arriba. Lo que pasó muchas veces en Argentina es que las decisiones se toman centralizadamente en la Ciudad de Buenos Aires.
Eso es un error muy grande, porque subestima a cada pueblo, a sus necesidades y a sus objetivos. Ese aprendizaje me lo dio mucho la provincia de Buenos Aires, que es muy heterogénea.
En algún momento teníamos un crédito del BID y podíamos hacer pequeños subsidios para desarrollos productivos. Me sorprendía cuando hablábamos con los intendentes y la sociedad local qué querían hacer con ese subsidio.
Cuando Perón hizo el primer y el segundo Plan Quinquenal le preguntaba a la gente y recibía de todo: incluso le habían propuesto desde Mendoza hacer un vinoducto. Hay cosas imposibles, pero está buenísimo escuchar las voces locales.
En ese sentido, con distintos profesionales creamos un grupo que se llama Grupo Atenas, donde hacemos ese ejercicio de preguntarles a los actores locales —autoridades, sindicatos, universidades, cámaras empresariales— cuál es la lógica y cuáles son las aspiraciones que tienen para sus provincias.
De ahí diseñamos un plan de desarrollo donde cada provincia tenga su agenda, entendiendo cuál es la infraestructura que motorizaría todo, pensando siempre en el equilibrio macroeconómico necesario y las fuentes de financiamiento.
Lo pusimos a disposición del gobernador para lo que necesite a nivel nacional, para la campaña, y eventualmente, si gana la presidencia, que esté a disposición. Estamos redactando incluso la normativa que debería tener todo eso. Uno tiene que estar preparado.

