ver más

Carlos Melconián: "Esta economía está condenada al fracaso"

Carlos Melconian advirtió que el país se dirige a un escenario de fracaso por la fuga de divisas, pese a los ingresos de Vaca Muerta.


El economista Carlos Melconián cuestionó las dificultades que enfrenta el Gobierno para compatibilizar el equilibrio fiscal con el desempeño de la economía real. En una entrevista con MDZ, sostuvo que el superávit fiscal debería convertirse en una regla que trascienda a las distintas administraciones y consideró que la Argentina todavía no resolvió su régimen cambiario.

Melconián también se refirió al impacto de Vaca Muerta sobre la generación de divisas y planteó que una parte importante de los dólares que ingresan al país vuelve a salir en una dinámica inviable.

Presupuesto, déficit y superávit fiscal

—El Gobierno acaba de presentar el Presupuesto 2027, con algunos datos más realistas que los del año pasado, pero con cuestionamientos.

—El presupuesto siempre es un objetivo. Hay veces que es más real y otras veces menos real. Alguna vez los ministros lo han usado para subestimar la recaudación y darle luego otro destino. Por lo tanto, lo que Argentina ha ganado con la presentación del presupuesto es institucionalidad. Hay veces que este país no los presentaba en tiempo y forma y hubo gobiernos que se valieron de que no se presentara o no se votara para tomar de base el que tenían y manejarlo. Entonces, presentar el presupuesto es correcto. Que sea más realista, que no significa que vaya a ser realidad. Y tiene la misma duda que tiene la economía hoy. No la resuelve en la realidad, pero la resuelve en el papel.

—Queda claro que el Gobierno va a seguir con los recortes.

—Más que seguir con los recortes, lo que queda claro en Argentina, y probablemente este sea el legado del presidente Milei, aun en un período sin reelección, es que la Argentina no va más a tener presupuestos deficitarios. No porque eso no exista en el mundo, sino porque existen países que tienen capacidad de financiarlo barato sin estar incubando un problema.

En la Argentina los presupuestos deficitarios fueron fuente de inflación o de la incubación de un problema de endeudamiento para el futuro. Por lo tanto, creo que el legado de tener un presupuesto equilibrado o con superávit para afrontar los compromisos de la deuda en dólares por intereses es lo que debería continuar.

—Hay un consenso respecto de que es importante que el superávit fiscal se mantenga en el tiempo. ¿Pero, hay consenso en cómo se consigue?

—No, no hay consenso en el cómo y no hay consenso práctico. El consenso práctico lo van a dar las distintas administraciones, de distintas camisetas, y especialmente aquellas que no han creído históricamente en esto.

—¿El peronismo?

—Yo no descalifico a nadie. Podría decir el macrismo también. Fui presidente del Banco Nación durante el gobierno de Macri y ministro de Economía. Se hace el harakiri por el superávit fiscal y después se viaja a buscar deuda externa para financiar gasto interno.

Entonces, no es una cuestión de peronismo o macrismo. La regla que uno cumple en la casa va a tener, con el paso del tiempo, algún tipo de aplicación práctica que la va a hacer creíble en la medida en que cambien las administraciones y las ideologías y eso ocurra.

Nadie piensa que el Frente Amplio o Lula en Uruguay ganan para romper todo y tirar todo por el aire. Más allá de que tienen sesgos diferentes al Partido Blanco o al bolsonarismo, la conducta fiscal está, en general, fuera de discusión, aunque son países que transitan el déficit fiscal porque tienen cómo financiarlo. Esa es una cuestión central.

—Son países que no están tan expuestos al péndulo que tenemos en este país.

—Tendríamos que googlear bien a ver qué significa la palabra “péndulo”, porque no la tengo en claro. Me parece que luce como exagerado. En términos de que el péndulo un día va para Rosario y otro día va para Mar del Plata, Argentina ha tenido ese conflicto histórico y se profundizó desde la vuelta a la democracia.

Las distintas variantes son un tema muy relevante en la democracia. Es decir, que una persona que tiene ideas de izquierda o socialdemócratas tenga una forma de pensar el país alternativamente a una de centroderecha, centro o hasta de extrema derecha. En las democracias es un evento muy sano.

Lo que estamos discutiendo no es el péndulo. Es que si te entran diez, no podés gastar más de diez. Es decir, tan simple como eso.

De repente, la alternancia, en lugar del péndulo, que parece más suave, no la hemos visto todavía en el diccionario. Son eventos muy relevantes y muy apetecibles en democracia. La alternancia debe ocurrir.

Lo que no puede ocurrir, aun con la alternancia, es que el que venga y quiera gastar gaste más de lo que entra, bajo una idea todavía más exigente de una tributación razonable. Porque si encima no tenés déficit pero tenés una presión fiscal intolerable, entonces estás en el mismo conflicto.

Lo que no puede ocurrir en la Argentina es que una década maravillosa, como la que hemos tenido en la década bolivariana en términos de ingresos, termine despilfarrada en un gasto imposible de financiar, a menos que te toque otra década bolivariana, y que el que venga atrás choque con lo que dejó el anterior o con vos mismo si te tocaba continuar.

Entonces, yo creo que algún día, en un período de 20 o 30 años, este gobierno, que va a ser visto como una transición, sin ninguna duda está llamado a tener un legado de ese tipo.

Vaca Muerta y una economía a dos velocidades

—A este Gobierno le toca administrar un momento especial de riqueza con Vaca Muerta y las exportaciones. Sin embargo, la economía está navegando en lo que llamamos una economía a dos velocidades. Esto, a largo plazo, ¿es sostenible?.

—Son varios temas que pusiste arriba de la mesa, y mucho más que veníamos hablando del superávit fiscal, que es en pesos o el equilibrio fiscal en pesos. Vaca Muerta nos introduce la variable dólar. Entonces, vamos a empezar en el orden que lo planteaste.

Primero, ha sido de casualidad una pseudo política de Estado porque nadie bajó la persiana en Vaca Muerta. Entonces, de casualidad salió. Le tocó a Milei, como le tocó tener que aumentar nueve veces la luz o reservas negativas.

Vale para Vaca Muerta, para el año del campo y para algunos precios. Lo bueno es que no lo obstaculizó, porque podía haber pasado de nuevo por la mesa de los argentinos y obstaculizar la carne, patear la minería, obstaculizar el trigo o meterle un impuesto a la renta petrolera.

Pero es una pseudo política de Estado que salió de pedo. El mérito de este Gobierno es no haberla obstaculizado. Ahora, simultáneamente, tiene un conflicto del cual es parte. ¿Por qué lo digo? Gran parte de la historia argentina tiene que ver con eso y como este Gobierno tiene tres años ya es parte de esa historia.

Estamos con el récord histórico por lo alto de compra de dólares de los argentinos, a lo que se le ponen distintos nombres: dolarización, activos en el exterior, Punta Cana, Miami, tarjeta de crédito, colchón. En general, todo esto termina fuera del sistema.

Argentina tiene hoy la suerte y la desgracia de que no son bancos del exterior ni timberos del exterior los que reciben dólares. Es mucho más genuino porque vienen de Vaca Muerta. Ese es el éxito. La desgracia es que siguen siendo “margaritas a los chanchos”, porque entra por una ventana y se va por otra.

Cuando producís en Vaca Muerta y se venden semejante cantidad de dólares y no quedan en la economía, esa economía está condenada al fracaso. Hay un premio consuelo, que es que no volamos por el aire.

Entonces, eso es lo que yo llamo la parte financiera de esta película, en términos de que el tipo de cambio está ahí. El Gobierno exagera diciendo que es libre, que si no comprara le baja, todas esas cosas que no se cree nadie.

Lo cierto es que la montaña de dólares que se origina en el campo, Vaca Muerta y otros sectores es de tal magnitud que sirve no solo para pagar las deprimidas importaciones de la recesión, sino además para bancar el récord histórico de dólares de los argentinos que se despilfarran en el exterior o van al colchón por desconfianza de la historia y de Milei.

Y además, el Banco Central compra. Y simultáneamente viene lo del nivel de actividad.

Entonces, primero, ahí hay una tarea incompleta para este Gobierno y los que vengan, que es la de tener un régimen cambiario que nosotros habíamos denominado “banda monetaria”, sabiendo qué querés y cómo se puede resolver, que es lo más relevante.

Segundo, por motivos macroeconómicos, la Argentina está a distintas velocidades más que a dos. Un 20% de la economía va como una Ferrari, un 50% de la economía está atascado en el barro y un 30% está neutro, que ni corta ni pincha. Es un sector muy populoso, de grandes zonas urbanas, de conglomerados de empleo formal e informal y da la sensación de que estamos en un problema de recesión.

El otro 20% no logra hacer tanto barullo, excepto como proveedor de divisas, porque atañe solo a 500.000 empleos, no a 8 millones de empleos como lo que está hundido en el barro. Entonces, hay algo que anda a velocidad supersónica y algo que está enterrado. El promedio de todo eso da una economía muy lenta. No da negativa: da una economía que crece a muy bajo nivel.

Y todo lo que ahora, civilizadamente, vos y yo estamos hablando, que tiene obviamente opiniones personales pero está fundado en los números, se confunde porque el Gobierno es una máquina de tirar números sin ton ni son, para reservas, para nivel de actividad. Tuitea, retuitea. Tiene su coro de ángeles que repite sin pies ni cabeza algunas cosas que no son correctas.

El tema es que justamente Argentina va a entrar en un año electoral habitualmente conflictivo, con alguna tranquilidad financiera y muy afectado en el sector real, llámese empleo, poder adquisitivo y nivel de actividad. Entonces, te guste o no, casta o no casta, el Gobierno pasa por las generales de la ley de saber cómo hace para que lo voten.

—¿Es impericia o es parte del diseño del sistema? ¿Esto tenía que ser así?

—Yo tengo mi propia opinión personal: no tenía que ser así. Al contrario, los dos momentos más exitosos de Argentina, que fueron Carlos Menem y Néstor Kirchner en sus comienzos, arrancaron acompañados de una gran expansión de la actividad. A tal punto que en 1994 nadie discutía la reelección de Menem y en 2006 nadie discutía la consolidación del kirchnerismo.

Hoy Milei es un candidato competitivo, pero no tiene la vaca atada y gran parte de su competencia se basa en la falta de candidato o en que gran parte de la gente, aunque discrepe con Milei o no vea resultados en Milei, tampoco quiere que vuelva lo anterior.

¿Cómo se resuelve eso electoralmente? Yo me pongo contento de que haya cada dos años una elección, porque es cierto que esto te tensa irremediablemente un conflicto, pero hace que, si hay algo que no querés más con el voto, te lo podés sacar de encima. Así que yo diría que hoy estamos en el medio del conflicto que señalás.

El conflicto viene a partir de una gran caída en el poder adquisitivo, una gran caída en el empleo formal y, entonces, la informalidad siempre ha sido vapuleada, y un estancamiento, casi caída en términos reales, de la monetización de la economía y, por ende, del crédito. Y respecto de si lo esperábamos o no lo esperábamos, yo diría que lo del nivel de actividad era muy obvio, muy obvio.

He tenido mis discrepancias secuenciales e instrumentales con la política económica y he tenido coincidencias con la dirección capitalista de largo plazo. Lo que no puede ocurrir es que cada uno que opine en el sentido contrario de lo que opina el Gobierno lo hace porque está esperando que devalúen o que vuelvan a lo que se fueron. Esa es una artimaña de marketing del Gobierno que no comparto.

Además, el Gobierno, como todos los gobiernos, cae preso de eso, y en este Gobierno más porque se apostó al cambio de rumbo de largo plazo. Las variables de largo plazo que hay que esperar para que ocurran tienen el riesgo de que, cada dos años, hay que votar, y las variables de corto plazo, que son las exigencias inmediatas de la sociedad, son las que pesan en el año electoral.

Por lo tanto, siempre va a estar en juego la idea de que doce años de kirchnerismo trajeron a Macri, Macri trajo a Alberto, Alberto y la historia trajeron a Milei, y la falta de resultados de Milei queda boyando ahí. De nuevo, el marketing del Gobierno pone especial énfasis en eso, pero el tipo que no pertenece a ninguno de los dos bandos dice: “Yo lo único que quiero son resultados”.

Yo no quiero meterme en otro. Yo quiero que le vaya bien a todo y que se vean resultados, pero si vos no me das resultados, yo me veo obligado a no votarte. Así de simple.