Avidez por el petróleo: por qué el mercado desconfía del plan de Donald Trump en Venezuela
Hay varios interrogantes a dilucidar sobre los planes de EE.UU. para el petróleo de Venezuela, algunos de los cuales podrían presionar los precios.
Tras calificar de "brillante" la operación del 3 de enero, Donald Trump dejó en claro que busca controlar el petróleo de Venezuela.
ReutersVenezuela y petróleo van de la mano. Cualquier movimiento que hubiera decidido el gobierno de Donald Trump iba a teñirse, sin duda, del color del crudo. Por ello el tema inundó las portadas de los medios del mundo luego de la incursión militar quirúrgica de Estados Unidos en Caracas a principios de este mes.
Ocurre que, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, Venezuela concentra más de 300.000 millones de barriles de crudo, lo que representa más del 16% de las reservas petroleras del mundo, incluso más que las de Arabia Saudita, que es el mayor productor del planeta.
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Sin embargo, el ritmo de producción petrolífera venezolano no llega al 1% del suministro mundial de crudo. El combo de sanciones económicas por parte de Washington, una errónea gestión interna más sospechas de corrupción explican por qué la producción cayó de 3,5 millones de barriles diarios en 1999 a menos del millón de barriles actuales.
Petróleo, la obsesión
Tras la detención de Nicolás Maduro, desde su residencia de Mar-a-Lago en Florida, Trump prometió cambios: "Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, intervengan, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera, que está gravemente dañada, y empiecen a generar ganancias para el país. Vamos a hacer que el petróleo fluya como debería". Y agregó: "Venderemos grandes cantidades de petróleo a otros países; muchos lo están usando ahora, pero diría que muchos más vendrán".
Vale recordar que Chevron es la única gran petrolera estadounidense que opera en Venezuela, que exportó cerca de 140.000 barriles por día en el cuarto trimestre de 2025, según datos de la consultora energética Kpler.
Ahora bien, hay cierto consenso en que la intervención estadounidense será positiva para las petroleras y para el crudo, sin embargo, hay también cierta desconfianza sobre el éxito de los planes de Trump, como lo reseñan, por ejemplo, los expertos de RBC Capital Markets y de otras gestoras y bancos de inversión que reconocen ciertas dudas al respecto. ¿Qué están viendo?
Crudo y refinerías
Explican que la mayoría del crudo que yace en el país es pesado (muy denso y con un alto contenido en azufre) ideal para convertirlo en asfalto o diésel, pero muy complicado de transportar y requiere maquinaria especializada para su refino. Pero esto es, precisamente, de interés para EE.UU., ya que su petróleo ligero no puede reemplazar fácilmente al pesado, muy limitado en los mercados internacionales por las sanciones al crudo venezolano y al ruso.
Al respecto recuerdan que, años atrás, las refinerías estadounidenses en la Costa del Golfo estaban optimizadas para procesar este tipo de crudo pesado cuando la producción estadounidense caía y el crudo venezolano y mexicano era abundante. De ahí que las refinerías querrían tener más acceso al crudo venezolano, ya que les permitiría operar de manera más eficiente y suele ser un poco más barato.
A pesar de ello, desde la gestora canadiense opinan que una cosa es decir que el petróleo "volverá a fluir"; y otra que el petróleo "fluya", porque para que la industria petrolífera de Venezuela vuelva a bombear crudo a niveles de finales del pasado siglo, se requieren "cientos de miles de millones de dólares de inversión".
Así lo indica Kathleen Brooks, directora de XTB, quien destaca que las inversiones necesarias incluyen "modernizar infraestructuras antiguas y deterioradas, perforar nuevos pozos y construir más refinerías para procesar el crudo pesado venezolano". "Optimizar un país tan rico en recursos para generar los ingresos necesarios para su recuperación podría llevar hasta 2030 o más, según algunos analistas", opina.
En busca de inversiones
En tal sentido, el experto de la escuela de negocios de EAE, Javier Rivas, le dijo a la agencia EFE que en 2023 el costo para poner la industria al día podría requerir una inversión de US$250.000 millones. Por ende, surgen dos escenarios: o se repara la estructura del país, o se lleva en buques especializados a Florida, una opción que no sería positiva para la economía venezolana.
Por otro lado, las compañías podrían tener dudas en si el Gobierno venezolano (enmascarado en un chavismo tutelado o dócil) puede ser de confianza, recordando el antecedente de 2007 cuando el entonces presidente Hugo Chávez nacionalizó gran parte de la producción petrolera y obligó a grandes compañías como ExxonMobil y ConocoPhillips a salir del país.
Por eso, el experto de la Universidad de Rice, Francisco Monaldi, señaló a Fortune que el problema no es solo que la infraestructura esté en mal estado, sino principalmente cómo lograr que las compañías extranjeras comiencen a invertir antes de tener una perspectiva clara sobre la estabilidad política, la situación de los contratos y demás.
El rol de PDVSA
Como si fuera poco, hay otro ingrediente importante, el aspecto legal. Según relata Álvaro Estévez de BM, para Andy Lipow de Lipow Oil Associates, las complejidades legales de tomar control sobre los recursos de Venezuela son un tema clave. Al respecto, recuerda que la petrolera estatal PDVSA controla de forma mayoritaria la producción y las reservas.
Le dijo al canal CNBC: "Dado que no está claro en este momento quién está a cargo en Venezuela, podríamos ver que las exportaciones se detengan por completo, ya que los compradores no saben a quién enviar el dinero". Pero eso no es todo, dice Estévez, porque para Helima Croft, directora de RBC Capital Markets, todos estos cálculos son inservibles si no se garantiza una cosa: un "entorno de seguridad estable". "Todas las apuestas quedan fuera en un escenario de cambio de poder caótico como el que ocurrió en Libia o Irak", subraya.
El juego de la OPEP
Por otro lado, está el factor OPEP. Y es que, como miembro y fundador del cártel petrolero, Venezuela tendrá que coordinar cualquier aumento de producción con la política del grupo, en un momento ya de por sí complicado para el crudo, cuyos precios no suben pese a los continuos recortes de producción. "El mercado petrolero actualmente tiende al exceso de oferta", explica Bob McNally, de Rapidan Energy Group.
Por su parte, RBC reconoce que, si bien es probable que en el corto plazo fluya más crudo venezolano, la posible duración del incremento de la producción petrolera y la proporción final entre barriles mejorados y no mejorados son "preguntas abiertas".

