Aranceles, importaciones chinas y conflicto gremial: las claves del final de FATE
Mientras el Gobierno ratifica que no dará marcha atrás con la apertura importadora, la empresa y el gremio transitan una conciliación que parece apenas un trámite antes del cierre.
Sin novedades, se acerca la fecha clave en la que se definirá una situación ya casi imposible de frenar. Este miércoles, 4 de marzo, volverán a reunirse en la Secretaría de Trabajo los representantes de FATE y del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), cumpliendo todos con los plazos determinados en la decisión tomada por el Ministerio de Capital Humano de Sandra Pettovello en el llamado a conciliación obligatoria, luego del cierre sin discusión tras la decisión tomada el miércoles posterior al Carnaval.
En teoría, durante los 15 días que transcurrieron desde el cierre, las partes deberían haber negociado la manera de mantener activa la fábrica, algo que la familia Madanes Quintanilla, dueños de la empresa, no tienen en cuenta. Para los propietarios, el cierre debe ser un hecho, y este proceso temporal solo debería servir para que el final de FATE sea lo menos traumático posible.
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Esta realidad también es considerada por el gremio, que aún piensa que hay algún futuro con la fábrica abierta y que solo es cuestión de negociar las condiciones o, caso contrario, radicalizar posiciones y eventualmente asumir que llegó el momento de la lucha por la toma de la planta. Para el sindicato, si hubiera un cambio en la política industrial del Gobierno, volviendo a la decisión de reducir los aranceles a la importación de neumáticos, que operaban desde enero de este año en un 16%, habría una alternativa. O que desde el Ministerio de Economía se le aplique algún tipo de sanción por dumping a la importación sectorial desde China, que representa el 60% de los ingresos actuales de neumáticos del exterior.
Sin embargo, para la conducción de la empresa ya es tarde para este tipo de alternativas, que además quedaron sepultadas en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso del domingo pasado, cuando el mismísimo Javier Milei se encargó de aclarar que su política de apertura a las importaciones no tendría marcha atrás.
Para el Gobierno no hay disyuntiva: no hay marcha atrás en la política de reducción de aranceles a la importación. Y si hubiera una decisión en cuanto a la política industrial oficial, sería la de terminar de reducir los aranceles, llevándolos de 16 a 0%. Ir en el camino inverso, y ensayar una nueva suba de aranceles, sería inviable por dos motivos.
El primero, ideológico, porque realmente consideran los funcionarios del Ministerio de Economía y afines que, si se variara para un sector con problemas el criterio de apertura y reducción arancelaria, inmediatamente después aparecería el resto de los rubros afectados por la reducción de aranceles a la importación a reclamar, con justicia, la misma decisión adoptada para el sector de neumáticos. De esta manera, y como una ametralladora a repetición, aparecerían por el Palacio de Hacienda (o la algo vaciada Secretaría de Industria, que funciona en el edificio anexo de Diagonal Sur), tocarían el timbre de los reclamos los textiles, calzados, plásticos, juguetes, agroquímicos, autopartes, alimentos, electrodomésticos, celulares y todos los sectores que sufren una crisis de supervivencia ante el valor de las importaciones chinas, pidiendo el mismo beneficio que los neumáticos.
Para Milei, imposible. Sería claudicar. Que FATE cierre, entonces, pero con el menor daño político.
El plan oficial conjunto del Gobierno y la empresa es el siguiente
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Cierre sin marcha atrás.
15 días para implementar una “paz social” para un cierre ordenado.
La planta se desaloja.
Se pagan los sueldos de febrero y, eventualmente, marzo. Sobre este punto se calcula la indemnización.
Se liquidan los pagos.
También deudas financieras y pago a proveedores.
Para abril el proceso debe estar terminado.
Para poder concretar el cierre y el pago de indemnizaciones y deudas a proveedores, la propia familia subdividió parte del terreno donde opera la fabricante de neumáticos y compró una parcela por unos U$S 27 millones. Ese dinero se utilizará para el cierre definitivo.
La propiedad de la planta pasa a disponibilidad de la familia para que defina su futuro.
Antes de que termine el primer semestre, el caso de FATE quedará para estudio de las universidades de management sobre cómo manejar (mal) una crisis. El profesor en cuestión presentaría el caso con la foto del cartel con que a las 5.30 se recibía a los trabajadores, como única comunicación. No hubo explicaciones de Javier Madanes Quintanilla a la sociedad sobre cómo y por qué tomó la decisión de cerrar una planta que hacía más de 80 años que operaba y que fue fundada por su abuelo. El caso podría tratarse también en las universidades de política económica para analizar si se trata quizá del símbolo del cambio de rumbo de una economía cerrada a una abierta. De la ideología del profesor dependerá el tono de la clase, pero el contenido del envío hablará sobre las causas del cierre, que se enumeran fácilmente.
Las importaciones chinas: el Gobierno implementó un esquema de reducción arancelaria que llevó los aranceles de importación de neumáticos del 35% en diciembre de 2023 al 16% vigente desde enero de 2026. Queda en ese nivel. Los precios cayeron un 35% y la producción, un 40%. Las importaciones chinas de neumáticos llegaron en el último trimestre del año pasado a las 850.000 unidades mensuales.
Las condiciones macro y micro: una porfiada sobrecarga impositiva, costos inmanejables de logística, restricciones cambiarias (dólar retrasado y en vías de profundizar la caída), falta de incentivos a la exportación.
Habría que agregar un tercer capítulo: un gremio combativo, que forzó varias crisis internas de continuidad y que profundizó la conflictividad.

