La función del economista independiente no es agradar al gobierno
Según Caputo, en los próximos días van a adoptar medidas para que la gente utilice dólares en las transacciones diarias.
Por el momento no se me ocurre muchas opciones para que la gente se vea tentada de usar sus dólares, sobre todo porque la ley de Gresham dice que la moneda mala desplaza del mercado a la moneda buena. Sin embargo, esta ley es válida cuando la moneda mala tiene curso forzoso. Y el peso tiene curso forzoso.
¿Qué implica que el peso tenga curso forzoso? Que el acreedor está obligado a recibir pesos del deudor aunque el contrato se haya pactado en dólares.
La pregunta es: ¿por qué la gente va a querer usar sus dólares para las transacciones diarias en vez del peso que es una moneda de mala calidad?
Las opciones que se me ocurren que podrían intentar estimular el uso de dólares en vez de pesos consisten en: 1) que el gobierno establezca que el impuesto a los créditos y débitos bancarios no sean aplicables a las operaciones en dólares o 2) que los exportadores estén obligados a ingresar las divisas de sus exportaciones, pero no tengan la obligación de venderlos en el mercado de cambios.
Esta última opción implicaría que, por ejemplo, el importador que tiene pesos para comprar dólares le compre al exportador sus dólares, generando presión alcista en el tipo de cambio hacia el techo de la banda. Por lo tanto, no queda claro que esta sea la opción que esté buscando el gobierno dado que apunta a atrasar el tipo de cambio real.
De todas formas, estas dos opciones son especulaciones que hago en base a los anuncios de Caputo.
Lo que sí se observa es el empecinamiento del gobierno en atrasar el tipo de cambio real. Una vez más, insisto con que mi propuesta no es devaluar el peso porque esos sería un intervencionismo arbitrario por el cual el gobierno de turno decide a su antojo cuál es el tipo de cambio de equilibrio.
Mi propuesta es liberar en serio el tipo de cambio.
Tomando el tipo de cambio real bilateral entre el peso y el dólar, de acuerdo al índice que diariamente publica el BCRA, puede verse que luego de la modificación en la política cambiaria, el tipo de cambio está un 10,6% por encima del tipo de cambio real bilateral del 7 de diciembre de 2023 que fue el último día del gobierno kirchnerista.
Ahora bien, si el gobierno aplicó una devaluación del 120% porque consideraba que el tipo de cambio real que había dejado Massa era muy bajo, hoy ese tipo de cambio real está casi igual que al fin de la gestión de Massa, con lo cual no es cierto el argumento que usan los seguidores de Milei de que el tipo de cambio real no está atrasado, sino que Argentina es cara en dólares por los impuestos.
Al mismo tipo de cambio real que el 7 de diciembre de 2023 y considerando que no hubo cambios importantes en materia impositiva, el argumento luce forzado más allá que sea cierto que la carga impositiva efectivamente es alta en Argentina.
En todo caso, atrasar artificialmente el tipo de cambio real con la actual carga impositiva es condenar a la quiebra a muchas empresas.
Lo lógico sería liberal el tipo de cambio e ir bajando impuestos en la medida que se vaya bajando el gasto público. Pero no atrasar el tipo de cambio con esta carga impositiva y echarle la culpa a la carga impositiva del atraso del tipo de cambio real.
Fijar primero un tipo de cambio real artificialmente bajo y luego ir avanzando en las reformas estructurales es condenar a muchas empresas a la quiebra.
El camino es liberar en serio el mercado de cambios e ir avanzando en las reformas estructurales de manera que la economía gane en productividad y el peso se fortalezca por las reformas estructurales y no por maniobras financieras que puede hacer el ministro Caputo y/o el BCRA.
Si bien el gobierno recibió US$ 12.000 millones del FMI, tampoco se encuentra cómodo de reservas. Las reservas netas negativas terminaron en US$ 7.208 millones una vez descontados el swap con China, los encajes en dólares, las obligaciones con organismos internacionales, SEDESA, etc.
En otras palabras, la capacidad del BCRA de intervenir en el mercado en la banda superior solo es posible usando los encajes bancarios o bien parte de los US$ 12.000 millones que le prestó el FMI.
Otro dato monetario a seguir con atención es la política monetaria del BCRA y, en particular, la emisión para asistir al tesoro.
El 25 de abril el BCRA emitió $ 12 billones para transferirle utilidades al tesoro, utilidades que obtuvo en 2024.
En otras palabras, el BCRA volvió a emitir moneda para financiar al tesoro. Si el BCRA obtuvo utilidades por mayor valor de sus activos, lo que corresponde es vender en el mercado parte de esos activos que aumentaron de valor, por el equivalente a las utilidades que quiere transferirle al tesoro.
Dicho de otra manera, las utilidades no se emiten, se realizan. Esto llevó a que la base monetaria aumentara el 10,6% en abril respecto a marzo hasta el 25 de abril.
Habrá que ver si el BCRA reabsorbe esa emisión colocando bonos. Es decir, entrega bonos al mercado y retira pesos emitidos. En ese caso estaría transfiriéndole utilidades al tesoro colocando deuda en el mercado, cuando, insisto, debería vender parte de los activos que aumentaron de valor y con el producido de esa venta transferirle las utilidades del BCRA al tesoro.
Estos puntos que planteo, no son cuestiones menores sin relevancia. Hacen al fondo de la política monetaria y, sobre todo, a la transparencia de las cuentas públicas.
Otro de los datos que presenta mensualmente la secretaria de Hacienda muestran un superávit financiero, acumulando en todo 2024 un superávit financiero de $ 1,8 millones.
Sin embargo, cuando se incluyen los intereses devengados de las LECAPs, LEFIS y demás bonos, que en su momento se emitieron para cancelar los pasivos remunerados del BCRA, devengan intereses.
Cuando se incluyen los intereses el resultado positivo pasa a ser deficitario. Por ejemplo, corrigiendo el superávit financiero de 2024 de $ 1,8 billones agregando los intereses devengados, se termina en un déficit de $ 12,3 billones.
Si se toman los tres primeros meses de este año incluyendo los intereses devengados, el déficit financiero suma $ 11,3 billones. Es decir, en solo tres meses casi se llegó al déficit financiero de 2024.
En síntesis, más de cuarenta años de seguir la economía argentina con toda la variedad de planes de estabilización y supuestos éxitos económicos, me llevan a presentar los datos crudos que, el fanatismo de rigor los califica como de contrera.
La función del economista no es agradar al gobierno de turno, sino marcar los potenciales problemas que pueden presentarse, dado que el común de la gente no tiene porque ser experta en temas monetarios, cambiarios o fiscales.
Contar todos los datos para que la gente pueda tomar sus decisiones con más información en vez de solo el relato del gobierno, puede no causarle gracia al gobierno. Pero, como decía antes, la función del economista independiente no es agradar al gobierno, sino dar su punto de vista sobre la marcha de la economía.
En base a todos los datos disponibles, la gente decidirá qué hacer con su patrimonio.