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Trump no aprendió nada de la crisis del 30

El populismo económico que impulsa esta nueva era en Washington no tiene en cuenta los errores del pasado. Donald Trump y su proteccionismo no registran la historia negra de la crisis de 1929.
Donald Trump acelera su política proteccionista y desata el pánico en el futuro económico Foto: EFE
Donald Trump acelera su política proteccionista y desata el pánico en el futuro económico Foto: EFE

La política proteccionista que Donald Trump está impulsando y que ya aplicó durante en su anterior mandato presidencial es un claro ejemplo de cómo el populismo económico puede llevar a un país a cometer errores que ya demostraron ser perjudiciales en el pasado. La historia económica nos brinda múltiples ejemplos de cómo el proteccionismo no solo no protege el empleo, sino que destruye riqueza y perjudica tanto a los consumidores como a las empresas.

Uno de los ejemplos más contundentes de los efectos negativos del proteccionismo lo encontramos en la crisis de 1929. Luego del colapso bursátil, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley arancelaria Smoot-Hawley en 1930, incrementando los aranceles a niveles récord sobre más de 20.000 productos importados. La idea era "proteger" a los productores estadounidenses de la competencia extranjera y, con ello, resguardar el empleo. Sin embargo, lo que ocurrió fue lo contrario: otros países respondieron con represalias comerciales, el comercio internacional se desplomó, las exportaciones estadounidenses cayeron drásticamente y la crisis se profundizó. En lugar de ayudar a la recuperación, el proteccionismo profundizó la depresión económica global.

Trump parece ignorar estos antecedentes históricos al proponer nuevamente fuertes restricciones comerciales. Durante su primer mandato, impuso aranceles a productos chinos, europeos y de otras regiones, argumentando que con ello protegía a los trabajadores estadounidenses. Sin embargo, un estudio del Peterson Institute for International Economics mostró que los aranceles de Trump terminaron costándole a los consumidores y empresas de EE.UU. miles de millones de dólares en mayores precios. Las industrias que dependían de insumos importados, como la automotriz, la manufacturera y la tecnológica, vieron aumentar sus costos de producción, lo que redujo su competitividad y afectó el empleo en lugar de protegerlo.

Proteccionismo perverso

El proteccionismo, además, genera incentivos perversos. En lugar de fomentar la innovación y la eficiencia, protege artificialmente a industrias ineficientes que dependen de barreras arancelarias para subsistir. 

La historia también nos muestra esto en América Latina, donde durante décadas se aplicaron políticas proteccionistas bajo la idea de la "sustitución de importaciones". Argentina es un claro ejemplo: en lugar de desarrollar industrias competitivas a nivel global, se generaron sectores dependientes del proteccionismo estatal, con productos caros y de menor calidad para los consumidores, y con mercados cerrados que limitaron el crecimiento económico.

Otro caso ilustrativo es el de Japón y Corea del Sur. Ambos países, en lugar de aplicar proteccionismo extremo, optaron por una estrategia de desarrollo basada en la apertura económica y la inversión en tecnología e innovación. En pocas décadas, lograron convertirse en potencias industriales y tecnológicas, exportando bienes de alto valor agregado. Si hubieran seguido un camino proteccionista, probablemente nunca habrían alcanzado el nivel de desarrollo y competitividad que tienen hoy.

Los argumentos proteccionistas de Trump, además, parten de una visión errada del comercio internacional. En un mundo globalizado, la producción no es un juego de suma cero donde si un país exporta, otro pierde. El comercio permite la especialización, la diversificación de mercados y el acceso a insumos de mejor calidad y menor costo. Es lo que Adam Smith y David Ricardo explicaron hace más de dos siglos con la teoría de la ventaja comparativa: cada país se beneficia si se especializa en lo que hace mejor y comercia con otros.

El impacto del proteccionismo también se observa en el sector agrícola. Históricamente, Estados Unidos ha sido un gran exportador de productos agropecuarios, pero cuando impone barreras comerciales, otros países responden con represalias. Durante el anterior mandato de Trump, China redujo drásticamente sus compras de soja estadounidense y optó por otros proveedores, como Brasil y Argentina. Como resultado, los productores agrícolas de EE.UU. sufrieron pérdidas significativas y el gobierno tuvo que otorgar subsidios millonarios para compensarlas, lo que demuestra que el proteccionismo genera distorsiones y termina siendo ineficiente.

El daño sobre todas las economías

Si Trump persiste con sus políticas proteccionistas, Estados Unidos no solo dañará su propia economía, sino que también afectará el crecimiento global. En un contexto donde la economía mundial ya enfrenta desafíos como la inflación y el reacomodamiento de las cadenas de suministro tras la pandemia, restringir el comercio es lo último que se necesita. La historia lo demuestra: el proteccionismo no es la solución, sino parte del problema.

Finalmente, en esto del proteccionismo hay un par de errores conceptuales que tiene Trump sobre la economía. Por un lado, de acuerdo a la fórmula que utilizan para establecer qué arancel le aplicarán a cada país se refleja claramente que Trump pretende tener con cada país saldo comercial neutro. Es decir, el balance comercial de cada país con Estados Unidos debería quedar en cero. Una locura conceptual.

Pero el punto es que en un gobierno que se considera pro mercado libre, no son los países que exportan e importan, son empresas de diferentes países que hacen contratos comerciales para exportar e importar.

Por ejemplo, no es que Argentina le exporta a Francia, sino que una empresa argentina le exporta determinados productos a una empresa francesa y viceversa.

El comercio mundial no es entre países en una economía libre, sino que es entre particulares y dónde el Estado no tiene por qué meterse.

Claramente Trump está rompiendo con el principio de los padres fundadores de Estados Unidos. Algo así como romper con los valores que Juan Bautista Alberdi transmitió en nuestra Constitución de 1853 nos llevó a la decadencia.