El FMI y la deuda: ese gran problema
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional FMI ha suscitado una serie de criticas y comentarios sobre este nuevo endeudamiento en el que incurrirá el país. Desde el default de 2001, Argentina ha realizado cinco operaciones de renegociación de deuda: el canje de 2005, su complemento de 2010, el arreglo con los acreedores dueños de bonos no canjeados (holdouts-buitres) de 2016, el canje 2020 de Martín Guzmán y el acuerdo de 2022 con el FMI para renegociar el acuerdo de 2018 del gobierno de Mauricio Macri.
Esto sin contar que, desde la cancelación de deuda realizada al FMI por Néstor Kirchner en 2005, la deuda pública, interna y externa, pasó de US$115.000 millones a US$470.000 millones en veinte años. Es decir, si este acuerdo con el FMI contempla giros del propio organismo para pagar vencimientos ya refinanciados desde 2022, sería el sexto episodio de renegociación de pagos. Después nos preguntamos porque el país no es creíble.
Hasta ahora el gobierno de Javier Milei pagó, entre capital e intereses, US$14.000 millones de deuda externa al FMI y a los bonistas sin pedir prestado al mercado. Los vencimientos de deuda entre 2026 y hasta 2032 implican unos US$60.000 millones (capital e interés) fruto de la renegociación de Guzmán en 2020 y el acuerdo con el FMI de 2022 que refinanció los pagos del acuerdo de Macri (se harán desde 2026).
Es decir, solo para sostener los actuales niveles de deuda y sin incurrir en déficit fiscal, Argentina debe volver a pedir prestado a un interés razonable, una cifra que, sin tener un acceso pleno al mercado de capitales, no la puede pagar. Importante he de aclarar que todavía el país no resolvió todo el default de 2001.
Y ahí tenemos un problema, porque el acuerdo de Guzmán fue, en realidad, una aceptación a la conclusión que Argentina no honraría por mucho tiempo sus compromisos. Tal es así que no solo se realizó una postergación del capital, sino también a bajísimas tasas de interés, un 3% anual promedio en dólares; renta incluso menor a la pagada por el Tesoro americano.
Ello implicó de facto, asumir para los inversores la salida de Argentina de los flujos de inversión y préstamos. Aquello se argumentó en tanto que, si el país se liberaba de fuertes compromisos de deuda en el corto plazo, eso iba a permitir contar con mas recursos para crecer (gasto público) y así luego poder pagar. Como todos observamos, eso no ocurrió en tanto el déficit fiscal siguió al alza y la economía en general se descontroló completamente.
Con un escenario actual de riesgo país en 700 puntos, la renovación parcial del capital se realizaría a un 11% de interés (4% de EE.UU. + 7% de Argentina). Claramente, no sostenible. La deuda con el FMI paga un 6.5% de interés. Ergo, este aporte del organismo para cubrir los propios vencimientos de 2026-2029 implicaría una mejor posición para volver a los mercados y refinanciar a una tasa similar los crecientes vencimientos con los bonistas.
Postergar pagos con mayores costos
Con un acuerdo a 10 años suponiendo desembolsos netos de US$10.000 millones, al FMI le deberíamos pagar US$51.000 millones entre 2030 y 2035. Esto es así de acuerdo con que los nuevos recursos ayudarían a contar con más reservas en el Banco Central, contribuyendo a normalizar luego los flujos de capitales con un mayor respaldo.
Pero a aquello cabría agregar los vencimientos de los Bonos. Esto es, el problema de la deuda seguiría sin resolverse. Y hablamos solo de la deuda externa, sin contar los pesos que deben renovarse mensualmente. ¿Cómo se justifica esa posición? Que, en el actual y convulso contexto internacional cabría asegurarse un mínimo de recursos que.
Con el gobierno fuerte en su postura fiscal, la posición financiera del país mejoraría. Todo ello junto a una mayor disponibilidad de flujo en divisas por mayores exportaciones de energía, minerales y las grandes inversiones. El crecimiento económico y el ahorro harían sostenible el pago de los compromisos.
Y aunque esto puede ser cierto, atento una nueva realidad económica estructural mejor a la experimentada, la evidencia indica que la emergencia económica argentina podría durar mucho más. Haciendo un paralelismo con Grecia, la Argentina ha sido “rescatada” desde 2018 unas cuatro veces y aún prácticamente no ha realizado ninguna cancelación neta de su deuda. El acuerdo inicial con el FMI vencía en 2024. Ahora, extendería hasta 2035.

Pesada herencia
La herencia recibida por Javier Milei fue la peor en mucho tiempo. Y su gran virtud para ser elegido, la explicación a la sociedad. Pero en este punto su gobierno se encuentra en un dilema. Si quiere resolverlo con las exigencias del mercado y sin acudir al FMI, los ajustes a realizar, sin ninguna garantía de éxito, deberían ser mayores. A su vez, si no obtiene fondos de corto plazo para abordar estas obligaciones sin afectar al inversor privado, no podrá honrar las obligaciones con estos. Un nuevo default no es opción.
La cuestión de la deuda, tanto en su nueva emisión como en el abordaje de los pagos postergados, ha sido la razón recurrente de varios gobiernos para ocultar los problemas de administración del país. Sea para no realizar reformas de largo plazo como para continuar con la expansión del gasto público. Ello llegó a un límite. Ahora depende de este gobierno encontrar una solución no solo duradera, sino creíble y confiable.

* Agustín Jaureguiberry. Politologo y Master en Politicas Publicas.

