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FMI: el acuerdo avanza en el arranque del 2025 y hay fecha para la llegada de la misión del organismo

En un año que implica fuertes vencimientos de deuda para el país, en Gobierno busca avanzar rápido en un nuevo acuerdo con el FMI. Por qué es clave hacerlo después del 20 de enero y cuándo se firmaría

Ya hay fecha para que desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) se envíe formalmente a la Argentina una nueva misión del cuerpo técnico del organismo para cerrar un nuevo acuerdo con el país, que reemplace al programa de Facilidades Extendidas negociado en enero 2024 y que, formalmente, ya no estaría vigente.

Según la comunicación que llegó durante la primera jornada de este año al Palacio de Hacienda, entre el 10 y el 15 de marzo una comisión encabezada por el responsable del caso argentino, el venezolano Luis Cubeddu, con un puñado de personal técnico del Departamento para el Hemisferio Occidental, desembarcará en el Ministerio de Economía y el Banco Central de la República Argentina (BCRA), para comenzar a hablar, en serio sobre el nuevo acuerdo.

La fecha es clave y estratégicamente elegida. Esos días de marzo vienen bastante tiempo después del 20 de enero, día del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. y antes de la tercera semana de abril del 2025, cuando el FMI y el Banco Mundial organizarán la próxima Asamblea anual conjunta de los dos organismos en Washington.

La primera fecha es importante, ya que no se concibe un acuerdo con el FMI sin saber el grado de ayuda/presión del próximo presidente de EE.UU. sobre el Fondo para que haya un acuerdo fuerte firmado con Argentina, que implique, además, más fondos para el país.

Pero es importante también la segunda fecha, la de la Asamblea conjunta ya que, en la mirada del FMI, este nuevo y por ahora potencial acuerdo, quiere ser presentado por la titular del organismo, Kristalina Georgieva, como un ejemplo de convivencia entre el principal acreedor del Fondo ante el mundo.

Desde el FMI también queda expuesta la mirada de que no iba a haber un acuerdo rápido e inmediato, sino que hay muchas cosas por negociar. Cuestiones que el FMI necesita que queden en claro y firmes para cerrar un nuevo acuerdo, más allá de las presiones que pueda haber desde la Casa Blanca. 

Ya se sabía que había que esperar para obtener más dólares de deuda que se sumen a los U$S 44.800 millones que el país ya debe por el Stand By firmado entre 2018- 2019 durante el gobierno de Mauricio Macri, reciclado en un programa de Facilidades Extendidas firmado en marzo 2022 durante la gestión Alberto Fernández (con tres revisiones técnicas) y en el acuerdo actual cerrado en enero del último año.

Luis Cubeddu lo había dejado en claro en las reuniones que se mantuvieron en Washington entre el venezolano y el equipo argentino comandado por el viceministro de Economía, José Luis Daza. Los técnicos del FMI hablaron concretamente de que aún no los convence la política cambiaria que aplica el gobierno de Javier Milei.

Para el FMI, el país debe cumplir con dos requisitos innegociables, y complicados para el gobierno libertario. Aún más complejos que lograr las metas de equilibrio fiscal, emisión monetaria e incremento de las reservas del Banco Central, tres cuestiones donde el presidente Milei y su ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, parecen tener la pelota dominada.

Las dos obligaciones que Cubeddu dejó en claro en las conversaciones de Washington fueron que cualquier acuerdo que implique un mayor endeudamiento por parte de la Argentina, debe ser aprobadas por ley, y, luego, avaladas por el Board del FMI. La segunda, cambios estructurales reales en la economía argentina, incluyendo el mercado cambiario local, donde para el FMI aún hay mucho para trabajar.

Según Milei, las dos condiciones son alcanzables, pero no en el corto plazo. Con lo que, para un nuevo acuerdo de largo plazo con dólares frescos desde el organismo, habrá que esperar. ¿Cuánto? Primero, a la asunción de Donald Trump en Estados Unidos el 20 de enero próximo, ya que en teoría el “padrino” del acuerdo y el impulsor de los votos en el Board del FMI, será el republicano, aliado incondicional -se supone- del argentino en el máximo órgano de conducción política del Fondo.

Una vez con Trump en el poder y con dominio de la situación internacional, aún le faltará a Milei un paso complejo: que el Congreso Nacional apruebe el nuevo endeudamiento. Es la misma condición que Kristalina Giorgieva le impuso a Martín Guzmán para el acuerdo del 2022, y que derivó en la crisis terminal en la relación de Alberto Fernández y el kirchnerismo, con la negativa de Máximo Kirchner a apoyar la iniciativa y a la curiosa alianza con los diputados del entonces unido Juntos por el Cambio, quienes le dieron los votos al anterior gobierno para que el Stand By de aquel año pasara el Congreso.

Supone Milei que tendría los votos para la aprobación, pero que deberá tomarse su tiempo para negociar. Y que, en consecuencia, será un trámite parlamentario que deberá esperar a las sesiones ordinarias del 2025, que comenzarán el primero de marzo del este año.

Para el FMI, los tiempos cierran. Sería un acuerdo estrella para presentar en el primer evento importante del organismo de 2025: la Asamblea de Primavera del FMI de abril 2025. Esto es, dentro de menos de cuatro meses. 

Se llega ahí a una paradoja: Argentina considera que para abrir el cepo se necesita el dinero del FMI. El Fondo cree que no puede otorgar dinero en estas circunstancias sin quedar a salvo que no se financiará una corrida, con lo que primero se debería actualizar el tipo de cambio para luego abrir el grifo de dólares.

En otras palabras, el FMI insiste en que Argentina debe liberar su tipo de cambio, y, obviamente, devaluar. Precisamente, lo que el ministro de Economía descartó el jueves pasado en Córdoba. Otra vez, Argentina confía en la fecha mágica del 20 de enero, el día en que Trump volverá a la Casa Blanca. 

Quieren Milei y Caputo que el Fondo les dé la oportunidad de conseguir los casi 11.000 millones de dólares que se le reclaman al organismo, demostrando que funciona la idea de una mejora de la competitividad a partir del respeto del crawling peg al 2% mensual (puede cambiar tenuemente hacia arriba o hacia abajo), con una inflación que, aseguran en el gobierno argentino, se mantendría en un promedio de 2% mensual. O menos.

Se respetará la estrategia de apertura del cepo según los criterios que considere el Ejecutivo y el Ministerio de Economía, siempre que el ritmo hacia delante sea de liberación y no dependencia. En palabras menos ideologizadas, que el cepo se vaya desmantelando y no profundizando o manteniendo.

El criterio de prioridades sobre los rubros económicos donde se flexibilizará el acceso a las divisas quedará a criterio del gobierno argentino, pero en este caso ambos coinciden. Antes que nadie, se priorizará la apertura del cepo para la producción y la posibilidad de giro al exterior de las ganancias locales.

Esto, además de una normalización total del acceso a los dólares para los importadores, no sólo para las pymes (que según el oficialismo ya están casi al día), sino también para las grandes compañías. Por lo demás, acepta el FMI, que la posibilidad de poder comprar dólares para el público en general para atesoramiento o turismo continuará trabada. Y por bastante tiempo más.

En esto coinciden tanto el Fondo como el gobierno criollo: no es tiempo de salida masiva de dólares para turismo u ahorro popular. Menos al valor actual, que, para ambas partes, es barato. Desde el FMI se aceptarán estas políticas que no están en la carpeta clásica de las revisiones técnicas e históricas del organismo. Muchos menos en la cabeza de quien fuera corrido de la discusión, el director gerente para el Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdes.  

Para cerrar los números de 2024 con la aprobación de los períodos abril- junio (novena revisión) y julio- septiembre (décima) hay sólo un problema por resolver. Argentina sobrecumplió las metas de superávit fiscal primario de ambos períodos, y no tendrá problemas en lograr el objetivo anual de un 2,1% de ahorro entre recaudación y gastos. Incluso puede mostrar el Ministerio de Economía un superávit financiero (primario menos el pago de deuda corriente) entre enero y septiembre de un 0,45% aproximado.

Esto es, unos 2.500 millones de dólares. Un hecho inédito desde el 2003 al 2005, con Roberto Lavagna como ministro y con un país en default. También puede mostrar el gobierno argentino un cumplimiento estricto en cuanto a la emisión monetaria, donde hasta septiembre el resultado es cero. Justo lo que pide el FMI.

Donde habrá que pedir un waiver (perdón), tal como adelantó MDZ, es en la acumulación de reservas. A septiembre, el número comprometido ante del FMI estuvo entre 1.000 y 2000 millones de dólares abajo. Un número comprensible, y una meta incompleta en vías de recuperación en el último trimestre del 2024.