Con un cambio relevante en el equipo negociador de Argentina, arranca la pulseada con el FMI
Habrá un debut importante, que comenzará en horas la negociación más importante del año con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Argentina y el organismo que conduce Kristalina Georgieva deberán concluir antes que termine el mes, el cumplimiento de las metas pactadas para el segundo trimestre del año en el acuerdo de Facilidades Extendidas, las que en situaciones normales no deberían generar inconvenientes para que se liberen en octubre que viene unos US$850 millones que el Fondo debería enviar al país luego de la tilde verde.
Sin embargo, se sabe, la relación entre las partes está hoy en un momento crítico. Quizás el peor desde que Argentina y el FMI firmaron el acuerdo actual en marzo del 2022, con Martín Guzmán como ministro de Economía y Alberto Fernández como presidente.
Las acusaciones de Javier Milei contra el director gerente para el Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés por su negativa a ampliar el acuerdo, y enviar más dólares, y los reclamos del economista chileno no escuchados en el Palacio de Hacienda (especialmente para devaluar entre un 20 y un 30% el peso argentino), ponen el vínculo en crisis. Y la aprobación de las metas del período abril- junio también.
En situaciones normales, con los números que cerró el país en ese segundo trimestre del año, todo sería sonrisas y apretones de manos. Sin embargo, la relación está en crisis, al punto que Argentina tuvo que renovar staff negociador para retomar el diálogo.
Será entonces el debut del nuevo viceministro de Economía José Luis Daza, que asumió hace apenas quince días la Secretaría de Programación Económica del Palacio de Hacienda, como negociador casi plenipotenciario hacia el FMI.
Daza tiene un valor agregado. Argentino de nacimiento, vivió desde los seis años en Chile, donde desarrolló casi toda su carrera académica y parte de su trabajo en la función pública como miembro del Banco Central de Chile, delegado en Tokio. En esos tiempos el ministro de Hacienda era el propio Valdés, con el que forjó cierta amistad y, además, coincidencias técnicas pese a las diferencias ideológicas entre ambos.
Valdés es algo heterodoxo a la chilena (respetuoso de las políticas públicas, pero siempre dentro de un esquema irrenunciable de equilibrios macroeconómicos), mientras que Daza es un libertario institucionalmente prolijo. Será el tiempo en que ambos se crucen en la vida. Esta vez uno como negociador argentino y el otro como funcionario de alto vuelo del FMI.
Ambos deberán cerrar los números que recogió hace 20 días en una muy discreta visita a Buenos Aires, el venezolano encargado del caso argentino, Luis Cubeddu. Este recogió los últimos datos sobre las metas del segundo trimestre del 2024 para resolver (se descarta que positivamente) la aprobación de los compromisos de la novena revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas, firmado en marzo del 2022.
Es un paso necesario para resolver también la liberación de los 850 millones de dólares comprometidos por el FMI en ese acuerdo, dinero que llegaría para reforzar las reservas de la entidad que maneja Santiago Bausilli. Luego, ese dinero, volvería al FMI antes de fin de año, con los pagos obligatorios que debe hacer el país.
Se descarta que la gerencia del organismo para el Hemisferio Occidental, que conduce el chileno Rodrigo Valdés, no pondrá reparos en la aprobación de las metas, ya que, todos coinciden, incluso fueron sobre cumplidas por parte de la Argentina. Esto es, hubo un superávit primario de casi 1,5% acumulado al primer semestre, no se registró emisión monetaria para financiar el gasto y las reservas del BCRA se incrementaron en más de 7.000 millones de dólares en ese lapso.
Estos números avalan la aprobación, con lo que luego el paper elaborado por la repartición, llegará al board del organismo, donde se le dará el aval definitivo. Para septiembre, el dinero debería estar ingresando en el Banco Central.
Los próximos pasos
El problema en realidad no radica en este capítulo, sino en el futuro de la relación. Y, más precisamente, en una señal del pasado reciente que podría enturbiar las relaciones entre la Argentina y el Fondo. Temen desde el Ministerio de Economía que nuevamente el paper de aprobación de las metas del FMI, venga acompañado por "recomendaciones y críticas" firmadas por Valdés, sobre los problemas económicos del país y las necesidades de reformas profundas para poder continuar con la buena relación bilateral.
Ya se descarta casi totalmente la posibilidad de un nuevo acuerdo con el FMI que implique nuevos fondos frescos, una alternativa que recién se discutiría en el 2025, y sin la voluntad de flexibilidad por parte de la sede de Washington (así lo dejó en claro Cubeddu en su reciente visita a Buenos Aires), solo le resta al país cumplir con las metas, recibir avales desde el Fondo y no mucho más.
Esta actitud provocó en el gobierno de Javier Milei cierta desilusión, que el propio presidente dejó en claro al descalificar a Valdés, llamándolo hombre del "Grupo de Puebla", en referencia a su pasado como ministro de Economía del gobierno chileno de centroizquierda de Michelle Bachelet.
El mensaje que se le deslizó al economista venezolano que estuvo en Argentina y trabaja con Valdés como jefe, es que en esta oportunidad, dado que no habrá más fondos ni nuevo acuerdo, es que las relaciones se mantengan en equilibrio diplomático y que no haya críticas que compliquen más la relación del país con los mercados financieros, en tiempos en los que Luis "Toto" Caputo está intentando cerrar el 2024 y garantizar el pago de unos US$5.100 millones que el país debe liquidar en enero 2025 para atender los compromisos que surgen de los cupones Globales y Bonares.
"Si no ayudan, por lo menos que no compliquen", se escuchaba decir cerca del ministro de Economía en medio de las negociaciones con el FMI.
Lo que no quiere que se repita Argentina, y es parte de la negociación de Daza, es la posición clara que el FMI mostró un día después de la recomendación al board de la aprobación de las metas del primer trimestre del año, cuando dejó en claro y públicamente, sin eufemismos, las diferencias con el programa cambiario y monetario del Gobierno de Javier Milei.
En conferencia de prensa de la vocera del organismo, Julie Kozack, con el Staff Report sobre Argentina y el período enero- marzo en la mano, aseguró que "la eventual 'competencia de monedas' dentro del régimen podría asemejarse al sistema de flotación administrada que prevalece hoy en Perú y Uruguay".
Con esto, de un plumazo, descartó que desde la sede de Washington del organismo se pueda llegar a avalar un esquema de dolarización lisa y llana, y menos con dinero del organismo. Mucho menos, en un proceso de apertura del cepo con dólares del FMI como paso previo a ese esquema cambiario que Milei defendió en la campaña electoral, y mantuvo como posible hasta mayo de este año, aún en su versión aggiornada de "competencia de monedas".
Según Kozack, bajo elaboración técnica de Valdés, el esquema viable para Argentina debe orientarse según los ejemplos de Perú y Uruguay. Esto es, una flotación cambiaria administrada, con vigencia plena de la moneda local.
La vocera amplió luego la visión del FMI, afirmando que "la estabilidad de precios seguirá siendo un objetivo primordial del banco central, en un contexto en el que los individuos son libres de ahorrar y realizar transacciones en las monedas de su elección. Otras monedas no tendrían curso legal y los pagos de impuestos seguirán realizándose en pesos". Es decir, sin dolarización y con una "competencia limitada".
Esto, además de asignarle al BCRA un rol fundamental y claro, contradiciendo la idea política de Milei de su cierre y manteniendo "sus funciones de prestamista de última instancia para instituciones financieras elegibles (solventes), continuaría esterilizando las compras de divisas y gestionando la liquidez a través de operaciones de mercado abierto con títulos públicos".
Se conoció también que, en esas negociaciones de mayo pasado, que derivaron en esta posición irreductible del FMI ante la dolarización, competencia de monedas y rol del BCRA, hubo pedidos concretos del organismo que conduce Kristalina Georgieva para que el país devalúe su moneda "al menos un 20%", que elimine los diferentes tipos de cambio y que libere más la política monetaria oficial.
Es algo a lo que tanto Caputo en directo, como Milei desde el zoom, se negaron tajantemente. Incluso, se comenta dentro de la Casa Rosada, con algún que otro exabrupto hacia los hombres de Washington de parte del ministro de Economía. Otra misión de Daza será que se entienda que se terminó el tiempo de los exabruptos, y comenzó el de las negociaciones de convivencia.
Así las cosas, y cuando se acerca el momento de la aprobación de las metas del segundo trimestre del año pactadas con el organismo, la intención ahora del Gobierno es que no haya nuevos papers molestos que sean presentados en la sede del FMI de Washington. Nuevamente, tarea de Daza.
Y que, ya que no hay por ahora fondos frescos ni voluntad de negociación posible para este año, que no existan tampoco declaraciones de Valdés, Kozack o algo similar que complique la estrategia de cierre del año de Caputo y Bausilli. De lo contrario, amenazan desde Buenos Aires, habrá que esperar nuevas embestidas de tipo ideológico desde el jefe de estado libertario. Finalmente, otra misión de Daza. Evitar los exabruptos. En este caso, desde Buenos Aires.



