Alertan que la venta de combustibles cayó 24% entre enero y julio de este año: qué pasará con los precios
El combustible es uno de los sectores clave para la economía de cualquier país y, en uno con inflación alta es de los que más mueve la aguja en la suba de los precios. El año pasado, el sector estuvo complicado, debido a que la regulación implicó tener una de las naftas más baratas del mundo en medio de costos crecientes.
La desregulación implementada por el Gobierno nacional y la liberación de los valores permitió que las naftas aumentaran casi a la par del resto de los precios de la economía. Esto fue un alivio para los dueños de estaciones de servicios aunque las pérdidas de rentabilidad y equiparación de precios relativos todavía tienen un trecho por recorrer.
Así lo explicó Isabelino Rodríguez, presidente de la Asociación Mendocina de Expendedores de Naftas y Afines (Amena) y de la Confederación de Entidades de Comercio de Hidrocarburos de la República Argentina (Cecha). “Estamos en un proceso en el que pasamos de precios absolutamente pisados y regulados a una liberación, con la intención de ir a los valores import parity, como se denomina”, explicó Rodríguez en una entrevista con MDZ.
De este modo, se ha comenzado a transitar un sendero de precios para llegar a que el litro de nafta cueste U$S1,10 que es lo que sale internacionalmente, tomando como valor en Argentina el del crudo Brent, que es el de referencia del Mar del Norte.
En la actualidad el precio del crudo en el país es U$S0,90 (cotización blue), aproximadamente, por lo que los consumidores argentinos deben esperar nuevos ajustes en el precio de las naftas. Sin embargo, el camino no es lineal. “Después de Venezuela y Ecuador, Argentina era el país con los precios más bajos y eso se modificó a partir del nuevo Gobierno”, precisó Rodríguez. En este marco, sin embargo, hay distorsiones que persisten y algunos aumentos que han quedado en pausa dada la fuerte caída en el consumo.
El precio de la nafta y las distorsiones
Las estaciones de servicio no son formadoras de precio, sino que replican lo que cada petrolera impone. En este marco, pronto debería venir una nueva actualización de entre 1 y 2 por ciento, debido al reciente aumento de los biocombustibles. Más allá de esto, el directivo de Amena y de Cecha expresó que desde enero hasta la fecha el combustible aumentó 79% mientras que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 87%. “Esto se debe a que las petroleras no han trasladado todo el costo y a que el Gobierno ha resuelto no trasladar todavía completamente a los usuarios los impuestos al Dióxido de Carbono y a los Combustibles Líquidos”, subrayó Rodríguez. Si así fuera, esto implicará un 15% más de incremento
Pese a las dificultades de la mayoría para cargar el tanque y a que los combustibles seguirán un sendero alcista, lo cierto es que no se esperan incrementos bruscos. En este marco, el aumento irá de la mano de la devaluación pautada del 2% mensual y de las estrategias de las distintas petroleras. Hoy la caída en el consumo ha puesto un freno a incrementos mayores. Esto pone en aprietos a las estaciones, que ven cómo se agranda la brecha entre el aumento de lo que venden y del resto de sus costos. “Ha habido un amesetamiento respecto del plan original, que era llevarlo al precio import parity debido a que se ha retraído la capacidad de los usuarios para cargar combustibles y una consecuente retracción en las ventas”, dijo Rodríguez.
- Los precios de la nafta en Argentina han tenido distorsiones, ¿cómo está esa situación en la actualidad?
- El precio del combustible siempre se ha regido por el principio de import parity y está vinculado con la logística, por lo que se modifica en las distintas provincias. El primer problema hoy está en Buenos Aires, ya que existe una diferencia en torno al 8% entre el precio del AMBA y de la provincia de Buenos Aires. Esta es una distorsión histórica que hoy implica unos 60 pesos por litro, que no son menores en una cantidad determinada. De este modo, se ha volcado mucha gente de la provincia a cargar nafta en el AMBA. Esta situación, sin embargo, se ha comenzado a resolver a partir de los últimos aumentos de las petroleras.
A eso se suma un nuevo tema bastante distorsivo y es que muchos municipios de la provincia de Buenos Aires han sumado una tasa vial a los combustibles con ánimo fiscal. Esto es un porcentaje o una suma fija, en función de cada distrito, pero encarece la nafta en esa zona. Esta situación, la hemos encaminado a través de acciones legales y esperamos que pronto se encuentre una solución.
- Además de las diferencias entre provincia y Ciudad de Buenos Aires, ¿cómo está el precio de Mendoza en comparación con el resto del país?
- Los precios se dispersan por cercanía de las refinerías y en el Norte están los más altos. Mendoza es una de las plazas de menor precio nacional y también con relación a Cuyo. En el Sur juega un régimen impositivo especial y por eso la nafta es más barata, situación que también se aplica a Malargüe.
Consumo y expectativas
- ¿Cómo ha impactado la suba del combustible en las ventas?
- De noviembre a junio la retracción de la demanda ha sido del 20% y en julio un 4% más. O sea que, aproximadamente, la caída del consumo es del 24% a nivel país promedio. Si se mira por zonas, se observa que en algunas provincias del norte como Corrientes y Misiones la baja es más fuerte.
- ¿Cómo está la rentabilidad de las estaciones?
- Es un problema importante para nuestro sector. Cecha representa a más de 5.000 estaciones, con unos 65.000 empleados vinculados a la actividad. El tema es que, por un lado, los combustibles suben por debajo de la inflación y, por el otro, nuestros costos suben a la par de la inflación. Con todo derecho, nuestros empleados exigen actualizaciones de su salario en función del IPC y ahí se produce la mayor dificultad. Por eso estamos en conversaciones con las petroleras y las autoridades para ver cómo se llega a la situación de equilibrio con una ecuación que permita que nuestros negocios dejen de perder rentabilidad.
- ¿Se han producido despidos?
- Por ahora no, pero ya se habla de ver si se puede cerrar en la noche o buscar maximizar estructuras de costos para incrementar la eficiencia.
- ¿Cuánto ha crecido el pago con tarjeta de crédito?
- Ha crecido tremendamente el crédito y eso genera una situación adicional ya que, con excepción de YPF, las estaciones deben primero comprar el combustible y después revenderlo. Eso hace que el capital de trabajo del estacionero se vea violentado exponencialmente y que sea el que deba financiar el costo financiero entre el pago y lo que demoran las operadoras de las tarjetas en acreditarlo.
- ¿Cómo impacta esto en las estaciones chicas o de bandera blanca?
- El mercado en competencia pone en jaque a las estaciones de localidades pequeñas o que venden menos de una determinada cantidad de litros, que es lo que llamamos nivel de subsistencia. A medida que la rentabilidad baja, ese nivel sube y muchas estaciones están debajo de ese nivel de flotación. Por este motivo, estamos conversando con las petroleras para ver si se pone precio diferencial o un incentivo porque, en muchos casos, esas estaciones son esenciales en determinadas comunidades.
- ¿Hay una tendencia al cierre de las estaciones sin bandera?
- No de manera coyuntural. Es decir, que no ha habido cierres ahora, pero es importante encontrar una solución para las que venden menos de 250.000 a 350.000 litros. Encontrar mecanismos para eficientizar nuestro funcionamiento y lo que podemos hacer nosotros como sindicalismo empresarial y en forma proactiva es encontrar soluciones a la problemática planteada.
- ¿Qué esperan de acá a fin de año?
- Estamos en un proceso de transición complejo con pérdida de rentabilidad, pero esperamos y auguramos que estas medidas macro puedan consolidarse y con ello nuestra actividad. Creemos que las medidas propuestas son positivas, pero la transición –con la baja demanda y la caída del poder adquisitivo del salario- es compleja. La situación es similar en todas las actividades económicas y hay que ver cómo se articula esta baja de ventas con el aumento de costos, para minimizar o evitar la pérdida de rentabilidad operativa del sector. Pese a todo, creemos que hay una luz después del túnel.
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