Doble discurso

Cristina Fernández de Kirchner y la teoría de mirar siempre la paja en el ojo ajeno

Los números en materia de energía en la Argentina de los últimos 20 años dejan en evidencia que el autoabastecimiento se convirtió en una dependencia absoluta de importaciones.

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal miércoles, 29 de mayo de 2024 · 16:37 hs
Cristina Fernández de Kirchner y la teoría de mirar siempre la paja en el ojo ajeno
Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en la inauguración del gasoducto Néstor Kirchner

Cristina Fernández de Kirchner se dedicó hoy en X a cuestionar la política económica de Javier Milei y, en especial, a castigar al gobierno de Javier Milei por la demora en la ejecución de las obras de los compresores del gasoducto Néstor Kirchner y la previsión que se hizo en el cálculo de los buques de importación de GNL.

La historia vuelve siempre con ecos que para algunos pueden ser molestos y en este caso llama la atención que el kirchnerismo busque la paja en el ojo ajeno en un tema tan escabroso para la historia del peronismo reciente, era en la que debemos clasificarlo como kirchnerismo.

De ahí que convenga repasar algunos números energéticos de los últimos 20 años en Argentina, registro que deja en evidencia cómo la supuesta "soberanía energética" que ventiló el kirchnerismo en todos estos años es un ejemplo de cómo el autoabastecimiento energético en materia de gas se convirtió en una dependencia absoluta de las importaciones, tanto en GNL por barco como por gasoductos.

Buena parte de la falta de dólares para destinar a la producción se debió a la necesidad del Banco Central de financiar con reservas las importaciones de combustibles y gas. De hecho, durante todo el gobierno de Alberto Fernández el cheque en dólares más importante que debía enfrentar en cada mes de frío Miguel Pesce como presidente del BCRA es el que se pagaba a las empresas que licitaban para la importación de GNC.

En ambos casos, además, se convalidaron -en la emergencia o a la fuerza por los contratos- precios infinitamente superiores a los de la producción de gas local que aún sigue enterrada por la demora histórica en el desarrollo de yacimientos como Vaca Muerta. La reversión del gasoducto a Chile, la cancelación de exportaciones a ese país o el gas más caro que se pagó a Bolivia son ejemplos de ese desastre.

Hay números que son más que elocuentes. En el 2000 Argentina no necesitaba importar gas y, de hecho, en medio de la crisis por la salida de la Convertibilidad tampoco hubo presión sobre el Estado para pagar compra de gas extranjero.

Bolsa de Comercio de Rosario

Eso, sin embargo, cambió drásticamente hacia el 2003. Tras el primer año del gobierno de Néstor Kirchner, Argentina importó 794.790 m3 de gas. El recorrido de la suba de importaciones marca en buena medida el termómetro de la decadencia de las políticas y las inversiones en materia de gas: de ese número se pasó a una importación de 3.612.262 m3 en el 2010.

De acuerdo al informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, por caso, en el período 2012 al 2022 se importó gas por US$ 34.000 millones.

Si de barcos se trata, el kirchnerismo debería revisar su historia. En 2022 inicialmente se cerraron contratos de compra de 41 barcos por US$ 2.888 millones y en el 2023, año en el que se adelantó la licitación, se adquirieron 44 barcos de GNL a US$ 1965 millones, operación que por otra parte podría haberse hecho a menor precio ya que tras la suba inicial del gas por la invasión de Rusia a Ucrania el precio comenzó a bajar durante el año.

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