Negociación en curso

Javier Milei y el FMI ya tienen su primera e importante diferencia: cómo y cuándo abrir el cepo

Los tiempos y la forma de desarmar el cepo es uno de los temas "calientes" en la agenda con el FMI. Cuál es la estrategia del Gobierno y cuáles son los próximos pasos.

Carlos Burgueño
Carlos Burgueño jueves, 2 de mayo de 2024 · 15:22 hs
Javier Milei y el FMI ya tienen su primera e importante diferencia: cómo y cuándo abrir el cepo
El presidente Javier Milei se ufana de haber hecho un ajuste incluso mayor que el que pedía el Fondo Monetario Internacional. Foto: Noticias Argentinas

Llegó el momento en el que el gobierno de Javier Milei y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se enfrenten ideológica y técnicamente. Y por un tema importante, podría decirse que crucial. El Ejecutivo quiere abrir el cepo cambiario lo más rápido posible, iniciando entre julio y agosto el proceso de liberación cambiaria que dé lugar, antes de fin de año, al esquema de libre competencia de monedas.

El sistema en que viró el proyecto de dolarización original con el que Milei insistía en la campaña electoral. El organismo que conduce Kristalina Georgieva tiene tiempos diferentes. Cree que el país ha hecho muchos avances en lo fiscal y monetario, pero que para modificar el esquema cambiario aún queda mucho camino por recorrer.

Cree la número dos del FMI, Gita Gopinath (quien maneja casi personalmente el caso argentino) que aún resta mucho que trabajar en cuanto al fortalecimiento de las reservas del Banco Central, para que se pueda hablar de una liberación de las restricciones cambiarias. Y que con el ritmo que vienen mostrando las compras de la entidad que maneja Santiago Bausilli, aunque sea positivo, no se puede pensar en un incremento lo suficientemente importante como para soportar presiones sobre el tipo de cambio, posteriores a la liberación de la posibilidad de compra de divisas de manera libre y clara.

Gita Gopinath monitorea casi personalmente el caso argentino en el FMI. 

Gopinath y su colaborador principal en la cruzada argentina, el director Gerente para el Hemisferio Occidental Rodrigo Valdes, hacen cuentas semanales y muestran que para la última semana de abril aún el BCRA estaba en rojo en unos US$ 1.500 millones, si se tienen en cuenta las divisas disponibles. Mucho más, luego de la liquidación de US$ 1.900 millones del martes pasado para cumplir en tiempo y forma con la cuota que el país le adeudaba al organismo por el cumplimiento del cronograma cerrado en marzo 2022 en el acuerdo de Facilidades Extendidas negociado por Martín Guzmán en el gobierno de Alberto Fernández.

Según los números del FMI, las reservas deberían cerrar el primer semestre del año (fines de junio) con un nivel de números en azul de no menos de 5.000 millones de dólares para abrir las negociaciones de apertura del cepo cambiario. Y que, eventualmente recién cuando se pueda hablar de un colchón de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares de reservas disponibles, se podría comenzar a conversar un esquema cambiario liberatorio. Y muy gradual.

Metas y dólares

Para alcanzar ese número, habría que esperar a bien entrado el segundo semestre. Quizá al último trimestre de 2024. Muy lejos en los tiempos políticos que tiene en mente el oficialismo. Según la declaración de las últimas horas del diputado oficialista José Luis Espert, el FM, "se enamoró del cepo, nosotros no".

Javier Milei y Luis "Toto" Caputo quieren acelerar los tiempos. Afirman que esa cifra de US$ 5.000 millones es una cuestión contable y que la proyección indica que para el primer semestre será cumplida. Y que no hay motivos para dudar del Gobierno, dado que las tres metas clave firmadas como cumplimiento efectivo e inevitable (déficit fiscal, emisión monetaria y aumento de las reservas), son de logro indiscutible por parte del Gobierno. Y que ni Georgieva, ni Gopinath, ni Valdes deberían dudar.

La búsqueda de dólares para el Banco Central está cada vez más caliente.

Se habla, por lo bajo y sin que escuchen los técnicos del Washington (aún), que el FMI era mucho más flexible con el macrismo y (sobre todo) con el kirchnerismo, y que ahora que hay un gobierno que supera los requerimientos del Fondo, no hay apoyo. Una de las sospechas de siempre sobre la actitud del FMI con el país se estaría confirmando: que sólo quieren que el país acumule dólares para que haya fondos para poder cumplir con las cuotas comprometidas. Dicho de otra manera, se cree que el FMI sólo quiere cobrar. No colaborar. Concretamente, el Gobierno quiere que el organismo colabore con US$ 5.000 millones, para que la apertura del cepo sea una realidad.

Sin embargo, Milei ya tomó la decisión. Más temprano que tarde levantará el cepo. Si se puede, de forma completa, sino eventualmente, de manera gradual. Según los cálculos del Presidente, solo necesita unos US$ 5.000 millones para tomar el primer impulso. Y si logra tener entre 12.000 y 15.000 millones de dólares, el desmantelamiento para el acceso a divisas sería total. Inmediatamente después comenzaría su proyecto más ambicioso para el 2024: implementar la libre competencia de monedas.

Los dólares de la soja

El Presidente evalúa todas las opciones para conseguir su meta. Esperará a conocer la evolución de la liquidación sojera que debería arrancar en los últimos días de este mes, acelerar en abril y volverse sólida entre mayo y junio. Y si las reservas en el Banco Central de la República Argentina (BCRA) llegarán a un azul de US$ 5.000 millones comenzará inmediatamente el proceso.

Podría avanzar más rápido con los US$ 5.000 millones del FMI. O podría también tomar deuda en el mercado financiero voluntario. Pero si lo primero se complica, Milei no le tiene miedo a tomar deuda externa voluntaria. Luis "Toto" Caputo menos. La explicación técnica para acelerar el proceso que se da en la Casa de Gobierno es simple. Comprende la actual gestión que es imposible pensar en nuevas inversiones reales en sectores expansivos, sin la garantía que la rentabilidad de esa apuesta (siempre riesgosa en Argentina), pueda convertirse en divisas derivadas a las casas centrales. Así funciona el mundo.

Si las circunstancias ayudan (más bien, no complican) comenzará a abrirse el cepo. Y si no llegara a tiempo la ayuda del organismo que dirige Kristalina Georgieva, piensa en ese plan B: endeudarse. Afirman desde el Palacio de Hacienda que los contactos siempre sólidos de Caputo están intactos, y que por ese dinero no habría problemas para avanzar en la operación voluntaria a tasas normales de mercado. Muy menores a la que la lógica de un riesgo país que se resiste a perforar hacia abajo de los 1.600 puntos básicos indicaría.

Milei no le teme al "qué dirán" y no tiene problemas de asumir el costo político de tomar nueva deuda externa voluntaria en divisas, si esto le permite cumplir con su próximo faro de abrir las restricciones al acceso a las divisas.

Un dato muy guardado es que el propio Presidente tiene apalabrados a varios financistas de su proyecto, ya desde antes de asumir el 10 de diciembre, que sólo esperan su llamado para ejecutar. Caputo también tiene los suyos. La decisión está entonces "en evaluación", según altas fuentes oficiales. Si se diera, el próximo paso sería la también esperada etapa de la "libre competencia de monedas".

O el título que finalmente le imponga Javier Milei a la idea. Ya lo habló personalmente con Gita Gopinath, la número dos del FMI, e interpretó en aquel encuentro de una hora cuarenta minutos de febrero, que el Fondo Monetario no pondrá trabas. La idea que Milei y Caputo tienen en mente es una primera etapa de la "libre competencia" donde cualquier moneda aceptada por la sociedad, conviva con la doméstica.

Esto es, que cualquier transacción pueda realizarse en dólares, reales, euros o pesos chilenos, a la vez que también el peso argentino tenga vida libre. Pero manteniendo como obligatorias algunas obligaciones fiscales y tributarias para realizarse en pesos, como el pago de impuestos, salarios públicos, pago a proveedores y giros a las provincias por coparticipación.

Esto implicaría que la moneda local tenga vigencia plena y fuerte, al menos por un período importante, con lo que no habría fuga rápida y directa hacia las monedas más fuertes. Tampoco cambios masivos de carteras financieras de corto y mediano plazo.

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