El ministro que no va al supermercado y cree que los precios están bajando
A fines de noviembre, cuando los argentinos fueron a las urnas por tercera vez para definir en un balotaje quién sería el próximo presidente, el ticket promedio de una compra semanal en un supermercado para una familia de cuatro miembros (dos adultos y dos adolescentes) rondaba los $9.000. Esto sin poner productos frescos en el changuito, es decir, nada de carne vacuna, pollo, pescado, frutas ni verduras.
Esa misma compra semanal hoy termina en la línea de cajas con un ticket que no baja de los $20.000. En el medio pasaron apenas 100 días y un cambio de gobierno que decidió soltar las amarras que significaban algunos limitados acuerdos de precios ( Precios Justos), listas acordadas con la Secretaría de Comercio Interior y otras cuestiones como Ley de Góndolas (que nunca se cumplió) y medidas que evitaban una disparada de los precios de productos de consumo masivo.
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En esos 100 días el ticket promedio subió más del 110%, golpeando fuerte los bolsillos de los asalariados, que en el mejor de los caos tuvieron en ese lapso incrementos del 30% a 40%, y mucho menos en el caso de los jubilados y pensionados, que están en la primera línea de los que están pagando el fuerte ajuste que está haciendo el Gobierno, bajo el argumento de lograr el déficit cero y estabilizar las cuentas públicas a como dé lugar.
Peculiar mirada del ministro
“Excelente reunión ayer con los productores de consumo masivo. Coincidencia en que los precios van a seguir bajando y que es importante transparentar el precio real por unidad de los productos de manera que puedan ser capturados apropiadamente por el Indec”, señaló ayer en su cuenta de X el ministro de Economía Luis "Toto" Caputo.
Esa simple declaración denota que el titular del Palacio de Hacienda hace rato que no pasa por un supermercado. De lo contrario, sabría que lejos de bajar o seguir bajando, los precios de los productos de consumo masivo sólo suben, independientemente de la variación de costos, muchos de ellos dolarizados.
Éste no es un dato menor, porque cuando el peso se deprecia y en consecuencia, el dólar sube, un argumento habitual de los formadores de precios es que los insumos dolarizados son una referencia que hay que considerar en la estructura de costos. Pero desde el 24 de enero el dólar blue, que paradójicamente es el que tomar como referencia, aunque los productos importados entran al oficial, perdió nada menos que 21% de su valor y cerró este jueves a $985, frente a los 1255 que valía entonces.
Según datos oficiales el índice de precios al consumidor (IPC) de enero, el último disponible hasta ahora, marca una suba de la inflación del 20,6% en enero y un acumulado en los últimos doce meses de 254,2%. Pero en ese mismo lapso Alimentos y Bebidas subieron entre 287,2% y 313,9%, dependiendo de las regiones.
Así, el AMBA marcó una variación de precios de 296,2%, mientras que Cuyo estuvo en el mismo orden (293,8%) y el Noroeste 297%. La Patagonia registró el mayor salto con los mencionados 313,9% y el Noreste la más baja (287,2%) pero todo más de 35 puntos porcentuales por encima de la inflación general.
Promociones para pocos
En cuanto a las promociones, el ministro Caputo reclamó a los supermercados reflejar el "precio real" en las góndolas, en lugar de descuentos y bonificaciones.
“A muchas empresas les pasó que pricearon sus productos esperando un escenario catástrofe que no se materializó. Hoy tienen precios de lista muy altos que la gente no convalida mayormente, y que ya han empezado a bajarlos, pero vía promociones, del tipo ‘60 pct de descuento en la segunda unidad’ o hasta ‘2x1'”, indicó Caputo.
“Estos descuentos si bien no los capta el Indec por su modalidad lógica de medición por unidad, son una clara señal de desaceleración inflacionaria”, agregó.
Una recorrida por distintas bocas de expendio no permite ver que los precios estén bajando. En momentos de bolsillos flacos, la variable de ajuste es la menor compra. Cada vez más se ve que la gente saca productos del chango al momento de pasar por la línea de cajas.
Esto sin mencionar que muchas promociones son bancarias y no todo el mundo tiene una tarjeta de débito o crédito, en un país con un 40% de gente que trabaja en negro, cobrando su salario y haciendo sus gastos en el mercado informal.
El brutal ajuste que está llevando adelante el Gobierno recae sobre todo en la clase media. Es un contexto en el que los precios de todo o casi todo, lejos bajar como dice el ministro, sólo se van para arriba.