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Crisis: las insólitas maniobras de la clase media para llegar a fin de mes

Con los datos actualizados y la vivencia cotidiana, la pobreza es más que una sensación, por lo que la clase media agudiza la imaginación para incrementar sus ingresos. Qué es lo que más se hace hoy.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) que se dieron a conocer el miércoles pasado son contundentes: en Mendoza, el 47% de la población es pobre, un seis por ciento más que el 41,7% al que llegó la pobreza al nivel nacional. Los datos corresponden al último semestre de 2023, que todavía no alcanzan a contemplar las dificultades que se sumaron de la mano de la devaluación de diciembre y el salto de inflación. Eso, por no mencionar la recesión que de a poco comienza a mostrar cierres, despidos y salarios cada vez más atrasados en un contexto de gran informalidad.

La cifra de pobreza es una de las más altas en los últimos 22 años. Esto, en Mendoza representa unas 495.000 personas, que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas de la Canasta Básica Total (CBT) y más de 19 millones en la misma situación a nivel nacional. Los números son la estadística de una realidad cotidiana, que atraviesan cada vez más ciudadanos que ven cómo ya no llegan ni al día 20 del mes. En este marco, se incrementan los rebusques, la imaginación y la diversidad de tareas para suplementar la pérdida de poder de compra de sus ingresos.

Muchos que se autoperciben clase media por educación, cultura e ingresos, hoy se dan cuenta de que no lo son en función de lo que ganan o de lo que pueden adquirir. De este modo, sin quererlo pasan a formar parte de una suerte de clase media baja, por llamarla de algún modo.

Con una realidad diferente, pero una autopercepción similar, hay una especie de clase media acomodada o alta que sí llega a fin de mes, pero ve que el precio  de las cosas impacta fuerte en su presupuesto habitual. Todos hacen cuentas, recortes, anticipan lo que se viene en tarifas, refinancian deudas e implementan nuevas formas de ganar plata.

Con objetivos diferentes, ya que no es lo mismo intentar llegar a fin de mes que sostener determinados consumos, lo cierto es que la clase media argentina ha salido a hacer lo que siempre ha hecho: rebuscárselas, agudizar la creatividad, trabajar más y encontrar posibilidades en donde antes no las había.

Se vende todo

El economista de la consultora Evaluecon, José Vargas, confirmó que la clase media es la que más sufre las consecuencias del ajuste y que despliega distintas alternativas para no dejar de pertenecer. Aunque los datos de pobreza muestran que son muchos los que no lo logran, otros suman estrategias para no bajarse.

En este marco, han proliferado las ventas de garaje, donde no solo se vende la ropa que no se usa sino infinidad de objetos en desuso desde hace años. Al mejor estilo yanqui, limpian, lustran y sacan muebles, cunas, sillas de comer, bicicletas y patinetas entre infinidad de objetos que hasta hace poco no tenían la necesidad de ofrecer o que, en muchos casos, regalaban.

La comida hecha en casa es una estrategia clásica para sobrellevar la disparada de la inflación.

Esta es la motivación por la que también crecen las ferias de usados en distintos puntos de la provincia, con focos importantes en la calle Serpa de Maipú y en Ugarteche. Es que por la crisis y a la inexistencia de financiación, éstas son salidas que tienen un público bastante ávido. Incluso porque entre conocidos también se acuerdan pagos en dos o tres cuotas de bienes durables que, aunque usados, no son de fácil acceso.

Lo mismo sucede con la comida que, con los elevados precios de hoy, se pueden vender y comprar más barato, al tiempo que darse un pequeño lujo. Con los huevos de Pascua como la vedete de esta semana, las tradicionales son las empanadas, pero cada uno busca su especialidad.

“El trabajo por hora es otra alternativa de la clase media”, contó Vargas que suele hacer encuestas y relevamientos de precios. Así, se imponen las clases particulares y el cuidado de personas mayores como una forma de sumar ingresos y no destinar medio día más a trabajar. Los más osados o arriesgados se “disfrazan” de arbolitos y comienzan a recorrer hoteles para ofrecer cambio a los turistas extranjeros.

Se alquila cuarto o casa

Con la ayuda de la tecnología, un rebusque cada vez más utilizado es el alquiler de una parte de la casa o de toda la vivienda de manera permanente o temporal. En este marco, muchos han vaciado su cochera y la alquilan para los autos de los vecinos mientras que otros (en especial matrimonios mayores), con la ayuda de sus hijos o nietos, rentan una habitación a estudiantes o turistas. También están quienes aprovechan la posibilidad de alquilar su casa entera para pagar unas vacaciones o extras que hoy salen muy caros.

Alquilar la casa es cada vez más habitual como "rebusque" para sumar ingresos.

Es el caso de Florencia y su pareja que, aunque no pasan apuros económicos y viven en un barrio privado de Chacras de Coria, sí han alquilado un par de veces su vivienda a turistas extranjeros. Aunque muchos utilizan las plataformas como Airbnb, ella prefiere manejarse con referidos, ya que no es algo que haga de manera habitual. Sin embargo, el fin de semana de Vendimia alquiló su casa completa y, con ese dinero, construyó la explanada de la casa que estaba sin hacer.

“Lo hago cuando no me complica irme de mi casa, además de saber quién es el inquilino”, contó Florencia. Alquila en dólares y ofrece los servicios básicos de hotelería como ropa de cama y baño con la posibilidad de disfrutar de una casa en un barrio privado (seguro) con pileta, jardín y otras comodidades. 

Ofrezco cuatro ruedas

Otro rebusque cada vez más utilizado es el alquiler del auto a turistas, a través de aplicaciones especializadas. Es que muchas personas de clase media se encontraron a la mitad de la crisis con un auto que no podían mantener, pero tampoco vender debido la inestabilidad económica.

Es lo que le ocurrió a Ana, que tenía un Toyota Etios 2016 que nadie le compró entre mayo y noviembre de 2023, debido a la incertidumbre por las elecciones. Por eso, se inscribió en una aplicación en la que podía rentar autos a turistas y que, como ganancia aproximada, daba unos U$S250 mensuales.

Aunque al principio todo marchó bien, después se dio cuenta de que la opción no le redituaba como pensaba debido al contexto nacional. Por solo mencionar dos puntos, la inflación disparada dejó desactualizados los precios de alquiler en la aplicación, ya que los turistas pueden reservar para cualquier mes y lo que valía en noviembre se cobraba, por caso, en marzo. Lapso durante el cual se habían disparado el precio de los seguros, lavado y mantenimiento que había que hacer más seguido, debido al mayor uso del auto.

“Fue un rebusque que no me funcionó por el contexto del país”, relató Ana, al tiempo que destacó que no era menor el trabajo de llevar y traer el auto, cuadrar horarios y responder a los turistas, entre otras tareas.