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Los 100 días de castigo a los jubilados en el arranque de la gestión Milei

El gobierno de Javier Milei, cumplió sus primeros días de gestión, Eugenio Semino, defensor de la tercera edad deja su opinión y su análisis en MDZ
Presidente Javier Milei Foto: EFE
Presidente Javier Milei Foto: EFE

A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del gobierno actual desde la perspectiva de los jubilados y las personas mayores en general, resulta inevitable situar, en primer lugar, el brutal deterioro que han sufrido los haberes previsionales durante este período. 

Ese deterioro, que ha sido reconocido por el mismo FMI, es el principal recurso con el que ha contado el gobierno para realizar su tan mentado ajuste. Lo cual pone en evidencia que la versión de que el ajuste iba a ser pagado por la casta y no por el pueblo, siempre fue un discurso electoralista, de imposible cumplimiento. 

En ese sentido, el actual presidente no hace más que continuar con la tradición de sus predecesores, quienes siempre prometen en campaña lo que nunca harán durante su gestión. Sin ir más lejos, su antecesor inmediato, Alberto Fernández, hizo su campaña prometiéndole a los jubilados que recuperarían los veinte puntos de haber que habían perdido con Macri. Hoy vemos que los jubilados no solamente no recuperaron esos veinte puntos sino que continuaron perdiendo aun más.

El actual presidente no hace más que continuar con la tradición de sus predecesores, quienes siempre prometen en campaña lo que nunca harán durante su gestión.
Foto: MDZ

Sin embargo, en esa continuidad de la tradición, el actual presidente aporta una novedad. A diferencia de sus antecesores, Javier Milei, junto con otros funcionarios de su gobierno, no tiene problemas en expresar un desprecio explícito por las personas mayores

Ese desprecio no es nuevo, y tiene su correlato en la ideología extrema que el presidente defiende. Las personas mayores representan un problema o un estorbo, para una ideología que reduce todas las interacciones y relaciones sociales a la implacable lógica de oferta y demanda del mercado. Según ese reduccionismo una persona debería ser capaz de ofrecer en el mercado un producto o servicio, sin que importe que esa persona tenga ochenta años o veinte. 

Lo que debemos observar no es que Milei diga estas cosas, puesto que no difieren de lo que siempre manifestó como panelista televisivo, sino el hecho de que al decirlas y al llevarlas a cabo como presidente, no perdió ni siquiera un punto de su popularidad. Esto significa que una parte importante de la sociedad avala, o al menos acepta, esta versión de las cosas.

Otros políticos esquivaban el bulto cuando se los encaraba con el problema del deterioro previsional. La salida habitual era manipular los anuncios y los números para disimular que las jubilaciones iban devaluándose ante el avance de la inflación. 

Hoy vemos a un presidente que no solamente no disimula el ajuste sobre las jubilaciones, sino que lo reivindica, con el argumento de que los índices de pobreza son menores en la franja etaria más alta que en la más baja. Ese índice es posible porque la mayoría de los adultos mayores continúan trabajando, muchas veces de formas precarias, para poder subsistir. Pero eso, para la actual ideología oficial, no es un problema.

Al presidente le parece correcto, por ejemplo, que una persona de setenta y cinco años tenga que manejar un taxi durante doce horas para complementar la jubilación. Y quienes planteamos que esa situación es injusta nos volvemos automáticamente enemigos de la libertad de la totalidad de los ciudadanos.

Al presidente le parece correcto, que una persona de 75 años tenga que manejar un taxi durante doce horas para complementar la jubilación.
Foto: MDZ.

Ya no se trata entonces de preguntarnos cuándo podrán las jubilaciones y pensiones recuperar lo perdido. Lo que tenemos que preguntarnos ahora es cuán lejos podrá llegar esta política de crueldad. Hasta cuándo a la mayor parte de la sociedad le seguirá pareciendo razonable que lo peor del ajuste recaiga sobre un sector ya precarizado de la población en lugar de dirigirse a otras actividades que recaudan montañas de dinero sin realizar ningún aporte fiscal significativo. Los ejemplos de esto último sobran, desde el juego al régimen de extensión impositiva en Tierra del Fuego hasta la actividad minera. 

Milei justifica sus acciones con el argumento de que los viejos son el pasado en el que no vale la pena invertir. Aumentar las jubilaciones es invertir en el pasado y desinvertir en el futuro, perjudicando a las generaciones más jóvenes. Esto, por supuesto, es una argucia retórica sin demasiado asidero real. Tanto los viejos como los jóvenes y los niños, es decir la totalidad de las franjas etarias, conforman el presente sobre el cual es necesario tomar decisiones. 

Pero también es posible realizar otro razonamiento al respecto, los viejos no solamente no son el pasado, sino que son el futuro, no solamente por el hecho de que la vejez es el destino natural de todo proceso vital, sino también porque nuestra sociedad está experimentando un proceso de envejecimiento poblacional. Ese es un problema que no puede ser pensado con la ideología del presidente de turno. 

Estos cien días de gobierno de extrema derecha sirvieron para poner de manifiesto un problema muy profundo de la mentalidad argentina. En la sociedad del presente constante no somos capaces de realizar ninguna previsión razonable a futuro. El deterioro de las jubilaciones es un síntoma de ese problema. Y Milei expresa su punto más extremo. Es por eso que su gerontofobia encuentra eco en diversos sectores.

Los problemas sin embargo no se esfuman porque uno sea incapaz de pensar en ellos. El problema del sistema previsional va a seguir creciendo, como así también la crisis de los sistemas de atención sanitaria. Tarde o temprano el presidente tendrá que dar respuestas reales a los problemas de la población, como así también tendrá que hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones.

Eugenio Semino

* Dr. Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad - presidente de Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).