La carta de Cristina Fernández de Kirchner, entre San Valentín, Javier Milei y la crisis en Argentina
Cristina Fernández de Kirchner irrumpió esta mañana como un rayo en la realidad política y económica del país con una carta de más de 33 páginas de celebración del Día de San Valentín, y dejó varios conceptos pétreos, tan obvios como determinantes.
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1) El kirchnerismo ratifica su visión general de la grave situación económica, afirmando que se trata de una "crisis de deuda" y no de una cuestión monetaria o fiscal.
2) Considera que la inflación es producto de la restricción de divisas y cambiaria y no del déficit entre ingresos y gastos.
3) El déficit se soluciona exclusivamente aumentando ingresos vía impuestos y control de la evasión y no reduciendo gastos.
4) El presidente Javier Milei está ejecutando un ajuste brutal y equivocado que podría determinar una ilegitimidad de gestión.
Estos puntos llevan a dos conclusiones claras. La primera es que el kirchnerismo, en palabra de su dirigente máxima, no cambió ni evolucionó un sólo milímetro de lo que pensaba y ejecutaba cuando fue Gobierno, como tampoco modificó su posición luego de haber criticado abiertamente la gestión de Alberto Fernández y sus sucesivos ministros de Economía.
Efectivamente, esta visión de los problemas argentinos no coincide en casi nada con los planteos estructurales sobre los que, en parte, basaron sus gestiones Martín Guzmán y su visión de una reforma del esquema fiscal basado en la búsqueda de un equilibrio, a través de movimientos que solucionen la estructura de la deuda de corto y mediano plazo; un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le de viabilidad internacional a la mala imagen argentina; y un crecimiento inclusivo hacia adelante.
Tampoco coincide la visión de la expresidenta y vicepresidenta con el fallido intento de Silvina Batakis, que consideró la situación fiscal y el desequilibrio de precios y costos tanto en la Nación como en las provincias como un factor fundamental de la crisis, con la necesidad inmediata de aplicar un esquema de caja única de ingresos y gastos para avanzar con la solución ante la inflación creciente.
Pero tampoco coinciden los conceptos de Cristina Fernández de Kirchner con la política económica desarrollada por Sergio Massa, fundamentalmente en el primer año de gestión del excandidato del peronismo, que buscó la estabilidad financiera, cierto control fiscal y un acuerdo con el mundo financiero global (incluyendo el FMI) como base de su gestión.
En consecuencia, de esto último, la segunda conclusión que deja la carta conocida esta mañana es que, si se piensa que el principal problema de la economía argentina actual y del combate exitoso a la inflación tiene referencia inmediata en lo monetario y lo fiscal, es imposible pensar en un kirchnerismo integrando algún tipo de hoy lejano (casi utópico) acuerdo político entre diferentes fuerzas políticas.
Superávit gemelos
Tan lejana es esta posición expresada hoy por escrito por Cristina Fernández de Kirchner, que hasta resulta difícil pensar cómo hubiera sido una gestión de Sergio Massa, con su propuesta abierta y pública de llegar en 2024 a los tan ansiados superávits gemelos como base de su gestión económica.
Queda claro que para la exjefa de Estado, las consecuencias de la gestión de Alberto Fernández no la incumben, ni la tocan. Que ella no hubiera ejecutado las políticas económicas del expresidente y sus ministros de Economía (todos). Que no hubiera firmado un acuerdo con el FMI en los términos que lo hizo el expresidente.
Y que lo que adelantó en la primera semana de diciembre el exviceministro de Economía Gabriel Rubinstein sobre que un gobierno de Sergio Massa también hubiera devaluado (declarando que el tipo de cambio oficial final de la gestión anterior era inexistente) y buscado el equilibrio fiscal de manera gradual y no de shock, no hubiera sido apoyado por el kirchnerismo. Además, que la pax de la campaña entre Massa, el peronismo ortodoxo y el sector que sigue a la exvicepresidenta, era simplemente una estrategia para permanecer en el poder.
La carta conocida hoy deja una oportunidad para el resto de los actores políticos y económicos. Más allá de Milei, su ajuste y su combate contra "La Casta", el resto de los partidos o bloques que creen en un problema monetario, fiscal y de relación con el mundo financiero como el principal problema a solucionar, tienen la oportunidad de trabajar juntos.
Como nunca queda en claro que hay dos modelos en disputa. Con soluciones muy diferentes en el origen de la crisis. Y que, en todo caso, las diferencias quedan para la gradualidad o velocidad de los cambios.
¿Advertencia?
Cristina Fernández de Kirchner deja finalmente un peligroso antecedente en sus líneas, basando una visión en uno de los principios de la ciencia política, que habla de la diferencia entre la política agonal (la llegada al poder) y la arquitectónica (el mantenimiento del mismo). Para la exvicepresidenta los gobiernos tienen legitimidad de origen en las elecciones, pero podrían no tenerlos si las políticas que ejecutan no sirven para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
En este caso, menciona la expresidenta, vale el fin de un mandato como sucedió (sin nombrarlos en la carta) con Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa. Cristina Fernández de Kirchner abre así la puerta de una eventual interrupción del mandato constitucional actual en el caso que la situación económica no mejore. Sin vueltas, un planteo peligroso. Indigno de una persona que llegó y se mantuvo en el poder con términos democráticos. Y que como tal los mantuvo en momentos difícil e institucionalmente débiles de gobiernos constitucionales que ella integró como cabeza o apoyo indispensable.
En definitiva, lo que Cristina Fernández de Kirchner deja en claro en la carta de San Valentín publicada hoy, es que con ella y el kirchnerismo no se podrá contar para un eventual acuerdo de gobernabilidad de largo plazo, al estilo Israel en las décadas del 80 y 90, con los que se logró vencer la inflación. Que no será con esa fuerza con la que el peronismo podría volver a reinsertase en el mundo como opción de poder. Y que finalmente puede haberle hecho un favor político inestimable a Javier Milei en su legitimación vía la victimización.