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¿Nos encaminamos hacia un futuro distópico?

Una lista de lectura sobre novelas futuristas y un acercamiento a la filosofía ciberpunk a través de Bitcoin, para repensar los estados, el dinero, la política y algunos futuros posibles. Juan Pablo da Rocha nos describe esta situación en MDZ.
La manipulación de datos e información no es la única forma de control. Los estados ya están empezando a explorar las CBDCs, dinero digital programable. Foto: MDZ
La manipulación de datos e información no es la única forma de control. Los estados ya están empezando a explorar las CBDCs, dinero digital programable. Foto: MDZ

Una utopía nos invita a caminar hacia un horizonte móvil. Perseguimos un lugar imaginario al que no podemos llegar, pero guía nuestros pasos. Es por naturaleza, un proceso interminable que requiere de nuestro esfuerzo cotidiano, que nos acerca a nuestro ideal. Una distopía por el contrario es un lugar. A diferencia de la utopía, no necesita que nos movamos, se va formando a nuestro alrededor lentamente, por partes, sin que prestemos atención. Para frenar el armado del cerco en que intenta encerrarnos debemos entenderla y actuar antes de que termine de formarse. Una vez presos, la única forma de salir es la revolución.

Nuestra época está marcada por la recolección de los datos personales y de comportamiento de la población y su procesamiento para obtener información a velocidades inimaginables. Por comodidad, desconocimiento o desinterés, fuimos cediendo nuestra privacidad a empresas que lucran con nuestros datos. Mientras nos distraemos con aplicaciones pensadas para entretenernos sin fin, esas mismas aplicaciones recolectan nuestros datos privados: Dónde estamos, con quién, qué aplicaciones usamos, qué buscamos en internet, en qué viajamos, hacia donde, cada cuánto tiempo, donde trabajamos, qué nos gusta, con que nos entretenemos, qué visión política tenemos, qué compramos y sobre que opinamos, qué noticias leemos, sobre qué hablamos.

Cada día qué interactuamos con aplicaciones y buscadores las empresas se hacen de nuestra información qué usan para vendernos más, lo qué se conoce como capitalismo de control. Sin embargo, esos mismos datos pueden tener usos menos inocentes. La capacidad de seleccionar qué noticias mostrarnos, qué resultados priorizar en una búsqueda o inclusive qué información censurar, se expande más allá de la venta de un producto. Las noticias y las opiniones qué aparecen casi mágicamente en nuestras pantallas facilitan la manipulación, como se hizo público en el escándalo de Cambrigde Analytica interviniendo en las elecciones de varios países desde el año 2013 hasta su cierre en el año 2018.

Sin embargo, la manipulación de datos e información no es la única forma de control. Los estados ya están empezando a explorar las CBDCs, dinero digital programable. Esta tecnología traería aparejada la pérdida total de la privacidad en el manejo de nuestra economía y permitiría a los estados y reguladores programar el dinero, por ejemplo poniéndole vencimiento para obligarnos a gastarlo con la consecuente imposibilidad de ahorrar o determinar porcentajes para limitar la forma en que lo gastamos. En paralelo nos encontramos con la revolución de la inteligencia artificial que genera preocupación por la posible pérdida de trabajos y su futura capacidad para dominar el mundo.

Debajo de estas preocupaciones, que son válidas, queda soslayado un riesgo mayor, más probable y cercano: El uso de estas
herramientas por personas, empresas y estados inescrupulosos para ganar poder, control y dominación sobre la población. Muchas cosas cambiaron desde que George Orwell imaginó al “Gran Hermano”, esa entelequia omnipresente que todo lo ve para controlar el comportamiento de los individuos. Hoy ese futuro no parece tan lejano. Otros escritores imaginaron futuros distópicos basados en el control y la manipulación, quizás como una forma de advertencia. Otros, como los participantes del movimiento cypherpunk, se dedicaron a pensar alternativas para la libertad.

Esta lista de lectura incluye por un lado novelas distópicas y por otro, dos libros que nos acercan una visión diferente de la realidad  para ayudarnos a pensar sobre los riesgos de dejar que la distopía siga fabricando su cerco.

Entender es el primer paso para diseñar nuestro futuro. (George Orwell, 1949)

Una sociedad futura, controlada desde la vigilancia, la regulación del lenguaje y la generación de propaganda. Un observador omnipresente llamado “Gran Hermano” capaz de detectar el más mínimo comportamiento fuera de las reglas, una conversación peligrosa, un libro no autorizado, una palabra fuera del lenguaje pensado para la dominación.

George Orwell.

El nuevo mundo cuenta con cuatro ministerios, de la verdad, de la paz, de la abundancia y del amor. Los nombres son antagónicos a sus prácticas. El ministerio de la paz se encarga de sostener conflictos permanentes con otros países. El de la verdad administra a su antojo la historia para hacer coincidir el relato del Estado con las evidencias. El de la abundancia administra el racionamiento para que las personas tengan lo justo para subsistir. Y el del amor, fomenta las ideologías del Partido y la devoción por el Gran Hermano. Una novela que nos obliga a pensar en las formas de poder y la fuerza del lenguaje, la propaganda, la manipulación y la represión como herramientas de dominación y control.

Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932)

En esta novela se nos presenta un mundo aparentemente utópico donde los humanos son cultivados y ordenados en castas. La manipulación genética y la educación a través de la hipnosis producen individuos estandarizados, predecibles y conformes. Cada persona acepta su lugar en esta sociedad de amplia libertad sexual. Los problemas personales se solucionan tomando Soma, una droga que genera un estado de felicidad de forma mágica e inmediata. Las decisiones y el control están en manos del estado mundial, que se dedica a fabricar y sostener el mundo feliz. Esta nueva sociedad, sin embargo, dejó de lado la literatura, la diversidad, la religión, el amor, la filosofía. Y la libertad individual.

Aldous Huxley.

La rebelión de Atlas (Ayn Rand, 1957)

Ayn Rand es una filósofa y escritora rusa, que se nacionalizó en Estados Unidos. En esta novela, la autora desarrolla su propia corriente filosófica, el objetivismo, presentándonos el proceso de decadencia de los Estados Unidos en manos de un Estado ineficiente e intervencionista, liderado por políticos inescrupulosos a los que llama “los saqueadores”, ya que solo saben diezmar a los productores de riqueza. A medida que la novela avanza, el estado aumenta su intervención, control y saqueo generando hartazgo en los productores de riqueza. Un personaje desconocido, de nombre John Galt, se erige como el líder de un posible nuevo mundo.

La filosofía de Bitcoin (Alvaro D. María, 2022)

El autor nos introduce en Bitcoin como dinero no estatal, pero desde su filosofía heredada de los cypherpunks, donde encuentra una herramienta poderosa en la defensa de la libertad individual y nos invita a pensar sobre la concepción de estado y dinero que tenemos en la actualidad. ¿Estamos ante el declive de los Estados como los conocemos? Una visión diferente, con una mirada disruptiva y provocadora sobre conceptos que damos por sentados.

Alvaro D. María.

El patrón Bitcoin (Saifedean Ammous, 2018)

En este libro vamos a conocer la historia del dinero y las características, limitaciones y problemas del sistema monetario actual. Desde la antigüedad, pasando por el patrón oro, hasta las monedas administradas por los políticos y sin límite de emisión, con la consecuente generación de inflación y el creciente control sobre los individuos. El autor nos explica Bitcoin desde sus fundamentos
y nos muestra la capacidad de brindarnos libertad individual y limitar el poder de los gobiernos.

* Juan Pablo da Rocha
Twitter @YanpolCripto