La relación con el Fondo

Comenzó hoy el armisticio entre Sergio Massa y el FMI (termina en noviembre)

La dura pulseada entre el equipo económico y el Fondo Monetario Internacional tuvo un pequeño relax con el acuerdo de la semana pasada y el desembolso de US$ 7500 millones. Sin embargo, permanece en agenda el tema de las metas, que es difícil que este año se cumplan.

Carlos Burgueño
Carlos Burgueño lunes, 28 de agosto de 2023 · 16:24 hs
Comenzó hoy el armisticio entre Sergio Massa y el FMI (termina en noviembre)
Foto: Ministerio de Economía

Las partes están en un armisticio que terminará en la segunda quincena de noviembre. Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya pusieron la semana pasada sobre la mesa las distancias que hay para el cierre del año, y, en consecuencia, saben que habrá en la última parte del 2023 una durísima negociación que podría implicar una nueva crisis (quizá final) entre el gobierno de Alberto Fernández y el staff técnico del organismo que maneja Kristalina Georgieva.

Lo que se especula entre las dos partes (y los analistas en general), es que las metas impuestas y consensuadas con el FMI son incumplibles (especialmente las monetarias y fiscales), y que finalmente Argentina no aprobará el examen final del ejercicio 2023.

Sin embargo, se considera en Buenos Aires, aunque para eso falta tiempo, y se espera que el FMI cumpla el pacto de caballeros acordado en la visita de Sergio Massa a Washington la semana pasada. Esto es, un tiempo de aire para que el ministro de Economía pueda desplegar su estrategia de candidato a la Presidencia, con la aplicación de un plan de lanzamiento de pesos al mercado interno para reactivar la economía local, mejorar algo el poder adquisitivo y lograr encarrilar el camino electoral hacia las elecciones del 22 de octubre.

Kristalina Georgieva y Sergio Massa, una relación que avanza con intermitencias.

Considera Massa que Argentina se merece este espacio de respiración natural, luego de haber aceptado la devaluación Post PASO del 22%, una medida que ningún gobierno argentino quiere tomar. Menos en campaña.

Ahora, hasta después de las elecciones y luego de haber expresado el FMI el viernes de la semana pasada todas sus dudas sobre la economía local, es el tiempo de dejar a Massa aplicar el plan pactado y acordado con el Fondo y esperar a después de las elecciones para desplegar las críticas finales del 2023.

¿Cómo sigue el juego?

¿Qué fue lo pactado? Simple. El Ministerio de Economía no podrá gastar más de unos U$S 1.000 millones hasta el 22 de octubre, lo que implica al tipo de cambio oficial unos 350.000 millones de pesos. Ese dinero tiene que ser aplicado en planes de asistencia social de paliativos a la inflación acumulada hasta agosto (casi 70%), y orientada a los sectores de menores recursos y defensas ante el alza de los precios.

Tienen que ser aplicados en medidas orientadas al consumo y el crecimiento del mercado interno, y no subsidios directos a tarifas de servicios públicos (las que, por lo contrario, deberán aumentar), como tampoco a obras públicas no presupuestadas. Por otro lado, y según lo negociado en Washington, no puede haber emisión monetaria para este plan de ejecución de beneficios lanzado por el propio Massa el domingo en una catarata de videos que desde hoy comienzan a implementarse.

El acuerdo negociado entre el ministro y su equipo en Washington es que hasta las elecciones se utilizaría parte del dinero que el FMI giraría a la Argentina durante esta misma semana para ejecutar esa política de asistencia, cambiando los dólares al valor oficial en el mismo mercado cambiario local.

El ministro de Economía y candidato, en el centro de la escena tras los anuncios del domingo.

Y que esos dólares que se vuelquen no repercutirían en el cálculo de reservas, sino como parte del dinero que el FMI ya había computado como válidos. El dinero que se volcaría en el mercado interno no computa entonces como emisión monetaria, sino como ingresos de divisas en pesos fruto de transferencias financieras.

El mismo mecanismo, por caso, para cuando hay toma de deuda en divisas. Las partes acordaron que este tipo de operación cambiaria tiene efectos inflacionarios, pero mucho menores a una emisión lisa y llana. O a un crédito puente para consumo.

Además, si es dinero que se vuelca directamente al consumo en sectores populares influiría en los precios, pero no en presiones sobre el tipo de cambio. Dicho de otra manera, si todo resulta de una mayor inflación. Será algo que se evalúe después de las elecciones de octubre. La fecha que se imponen las partes será en la segunda quincena de noviembre, cuando el FMI y el equipo económico de Massa vuelvan a encontrarse para la revisión de los números del tercer trimestre del año, el período que va desde julio a septiembre, y que el país está transitando en estos mismos momentos. 

Todo quedó plasmado en lo que el board aprobó la semana pasada en Washington y que tuvo una presencia negociadora personal de Sergio Massa con Georgieva. 

Hubo algo positivo en esos encuentros del ministro y su equipo con la gente del FMI. Coincidieron los negociadores argentinos y los técnicos del Fondo en los efectos devastadores de la sequía sobre las cuentas públicas argentinas, lo que impidió que se cumplieran las metas de acumulación de reservas y, probablemente, de déficit fiscal. 

La presencia en el Board

Se confirmó también que la principal defensa que tuvo el país ante el Board fue, otra vez, Estados Unidos. Aunque detente el rol de principal estado influyente sobre el FMI, igualmente no le fue fácil a este país. Como lo que se propuso fue una alteración de las normas, sólo una votación de más del 85% podría avalar el pedido, lo que se consiguió con creces ya que la totalidad de los presentes en la votación lo hizo de esta manera.

Sin embargo, Estados Unidos (que detenta el 16,74% de los votos, con lo cual sin este apoyo sería imposible que la intención de alterar la carta orgánica pueda recibir el 85% necesario), tuvo que explicarle a países como Japón o Alemania que aún era necesario seguir teniéndole paciencia a la Argentina.

En el tema votos del Board, cada estado soberano tiene un porcentaje de votos dependiendo de su PBI, reservas y aportes directos al funcionamiento del organismo con sede en Washington. Cualquier acuerdo normal (stand by o Facilidades Extendidas) es aprobado con un porcentaje mínimo del 70%, pero se necesita mayoría del 85% para planes especiales o alteraciones de la Carta Orgánica.

Recientemente, esta mayoría fue la necesaria en casos como la crisis griega de 2010 y la de Portugal de 2011. La necesidad de lograr ese porcentaje fue lo que le jugó en contra a la Argentina en 2001, cuando se desaprobó en el directorio el último desembolso comprometido en el acuerdo vigente ante la negativa de EE.UU. de avalar la propuesta (por recomendación directa de la número dos de esos años, Anne Krueger), así como la aprobación del pacto de 2003 cuando Néstor Kirchner negoció directamente con George Bush un plan de cuotas por fuera de los tratados vigentes.

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