Inflación y consumo

Combustibles: la "bomba de tiempo" que se está gestando en el sector y que nadie mira

Nunca es un buen consejo barrer los problemas debajo de la alfombra y justamente, eso lo que parece estar ocurriendo en el mercado de combustibles. Qué pasa con los impuestos y qué hacer para normalizar la situación. El golpe al bolsillo y un nuevo aumento de combustibles en puerta.

Carlos Boyadjian
Carlos Boyadjian lunes, 21 de agosto de 2023 · 11:50 hs
Combustibles: la "bomba de tiempo" que se está gestando en el sector y que nadie mira
El precio del combustible viene subiendo a un ritmo del 55% en el año, pero lleva un importante atraso desde hace años en la actualización de los impuestos, para evitar una suba mayor. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

Los economistas caracterizan la macroeconomía actual como un escenario de gran distorsión de los precios relativos, y acumulación de problemas que, tarde o temprano, habrá que afrontar. El sector de combustibles es seguramente uno de los más regulados en el país por su impacto en los bolsillos de los consumidores y en la estructura de costos de las empresas. 

Así, desde hace casi dos años -algunos estudios indican que incluso más- desde el Estado se interviene postergando aumentos, en un escenario de aceleración inflacionaria y bolsillos sacudidos por los aumentos. 

La postergación en la actualización de los impuestos al Combustible Líquido (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC) desde hace ya seis trimestres, se ha convertido en una "bomba de tiempo". Es una maraña difícil de resolver el día en que el Gobierno, éste o el que asuma el próximo 10 de diciembre, tenga que "sincerar" los precios al consumidor en un sector tan sensible.

Los aumentos post devaluación volvieron a golpear a los consumidores.

El argumento oficial, tanto del actual gobierno como del anterior, es que los tributos a los combustibles son impuestos al consumo, pero como la demanda de combustibles líquidos es altamente inelástica -no varía el consumo independientemente de subas o bajas en los precios- un aumento en los impuestos a los combustibles se traslada de forma casi lineal a los precios finales en surtidor.

Con este escenario, en el sector consideran que, aunque los precios en surtidor suben a razón de una y hasta dos veces al mes, el peso de los impuestos tuvo una fuerte reducción, no por baja, sino por postergación. 

Un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) sostiene que mientras en 2018 la carga tributaria en el precio de la nafta representaba el 74% del precio en surtidor, en la actualidad está en torno al 41% y "seguirá bajando en los próximos meses".

La demanda de combustibles líquidos es altamente inelástica -no varía el consumo por subas o bajas en los precios- un aumento en impuestos a los combustibles se traslada de forma casi lineal a los precios en surtidor.

Es lo que dice un capítulo del informe sobre el "peso de los tributos" de la entidad, cuyo objetivo central es presentar la cantidad de tributos indirectos vigentes y la carga tributaria indirecta que impacta en el consumo de combustibles líquidos y su dinámica en los últimos cinco años.

Este trabajo se difundió en momentos en que el Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Energía, acordó con las empresas petroleras, que operan tanto en refino como en distribución, un incremento del 12,5% en el precio de los combustibles en surtidor, arrojando nuevos valores que quedarán fijos hasta el 31 de octubre, en lo que claramente, el sector interpreta como una medida tomada con fines electorales.

Dispersión por regiones

Si bien la carga tributaria afecta a todos los combustibles, el impacto real difiere por regiones. El estudio del Iaraf destaca que una  primera diferencia es que, en la Ciudad de Buenos Aires un contribuyente, al cargar combustible, paga impuestos en dos jurisdicciones, nacional y de la Ciudad, mientras que en las provincias pagan a tres niveles de Gobierno (nacional, provincial, municipal).

Del estudio se desprende el siguiente detalle: los tributos indirectos generales aplicados a nivel nacional incluyen al Impuesto al Valor Agregado (IVA), el Impuesto a los débitos y créditos bancarios (impuesto al cheque) e indirectos específicos de la actividad como el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC).

El segmento de tributos provinciales contempla el Impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB), que en el estudio sólo toma el eslabón de la cadena productiva y de comercialización minorista de combustible, mientras que a nivel municipal los combustibles también pagan la Tasa de Inspección, Seguridad e Higiene (TISH).

Postergación clave

Los dos impuestos nacionales específicos (ICL y IDC) tienen su origen en la ley 27.430, que en su artículo 133 determina que el tributo se calcula aplicando un monto fijo en pesos (asuma suma del ICL y el IDC) por unidad de medida al consumo de los productos determinados por la ley.

La secretaria de Energa, Flavia Royón, decidió continuar ocn la postergación de las subas de dos impuestos a los combustibles, para evitar el traslado a precios. 

Si bien esta ley determina que los montos fijos hay que actualizarlos en forma trimestral tomando las variaciones del Índice de Precio al Consumidor (IPC), ese ajuste se ha postergado al menos seis veces en el último año y medio. La última debió haber sido el 1 de julio, pero el día anterior, el 30 de junio el decreto 332 estableció que los montos de estos impuestos se mantendrían fijos hasta el 1 de noviembre de 2023.

Si bien esta medida se tomó para "saltar" el período electoral, sin dudas, tiene una notoria coincidencia con el reciente acuerdo alcanzado con las petroleras. En todos los casos, se busca evitar un traslado a precios mayor.

En base a esta postergación, la Ciudad de Buenos Aires pasó de una carga tributaria sobre el valor neto de la nafta del 78% en marzo de 2018 a 42% en la actualidad. Una caída del 46%, que responde totalmente a postergación de esos dos impuestos nacionales. 

Por caso, en 2018 el ICL tuvo la mayor participación en la estructura tributaria del sector con 63%, mientras que hoy representa sólo 36,3%. 

La situación varía en el interior del país, aunque la tendencia es la misma. Mientras, en las provincias la carga tributaria sobre el valor neto de la nafta era de 69% en marzo de 2018, mientras que en agosto de 2023 llegó al 40%, una baja equivalente al 42%. 

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