FMI: ante la inminencia de acuerdo light, los bonistas vuelven a la acción
A horas de cerrar una negociación de más de trece semanas entre Argentina y los negociadores del Fondo Monetario Internacional (FMI), y cuando se cumple una semana de contactos cara a cara en la mismísima sede del organismo, aparecieron nuevos actores que siempre están presentes.
Se trata de integrantes del board del organismo que conduce Kristalina Georgieva, todos de países desarrollados y a horas de empezar sus vacaciones, están recibiendo comunicaciones directas de varios tenedores de deuda argentina emitida durante el canje de deuda de agosto de 2020. Buscan algo concreto. Empantanar el acuerdo light que la cúpula del organismo está cerrando con los negociadores argentinos y que implica que las discusiones serias se posterguen hasta diciembre o, más seguramente, hasta el primer trimestre del 2024, cuando otro gobierno esté habitando la Casa Rosada.
Los tenedores de deuda argentina, que mantienen precios de default desde el mismísimo lanzamiento de los bonos, creen que parte de sus dramas se deben a la falta de presión directa del FMI para que ajuste la economía local al máximo, con el fin de que haya mayores posibilidades financieras y cambiarias de pago de ese pasivo.
Y que, en consecuencia, la vigencia del déficit crónico y la caída dramática de las reservas del Banco Central provocan que la calidad de los títulos públicos emitidos durante el último canje de deuda, sea de la peor en todo el sistema financiero internacional.
La jugada de los bonistas
No es la primera vez que presionan. Los fondos de inversión con títulos de deuda de aquella operación comandada por Martín Guzmán, ya habían tomado nota de los números de contacto de los funcionarios de los países miembros del directorio durante abril. Ese mes se desarrolló en Washington la Asamblea Conjunta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial de Primavera y se hicieron presentes directa o indirectamente en cada evento donde Argentina fue tema de debate.
Intentaron de manera clara presionar a los funcionarios del organismo, los directores del FMI y a cada funcionario mundial que quiera oírlos y, eventualmente, presionar en las reuniones particulares y negociadoras para que no se consideren flexibilidades a lo firmado en el programa de Facilidades Extendidas entonces aún vigente. Y que se le exija al país mantener las metas de déficit de 1,9%, de emisión monetaria del 0,6% y de reservas en niveles sostenibles.
No fueron oídos en ese entonces. Los que los colocó en pie de guerra, tanto contra el Gobierno argentino como contra el propio organismo internacional, por una cuestión puntual y concreta. En ese tiempo protestaban no solo por el lanzamiento del canje de deuda de títulos públicos en poder del Estado nacional hacia el Tesoro, que finalmente se está aplicando desde junio, operación considerada ruinosa para sus intereses.
Fueron críticos de la supuesta pasividad y aval del FMI a la operación. Finalmente, algo del mensaje llegó, y el organismo decidió suspender el programa de Facilidades Extendidas y abrir una negociación que lleva ya la decimotercera semana de gestión. Y que parece que puede llegar a buen puerto.
Los fondos de inversión están enojados con el FMI desde hace mucho tiempo. Consideran que el organismo que maneja Georgieva es demasiado flexible con el país y que, fundamentalmente, no presiona a Buenos Aires para que incremente sus tenencias en dólares y aumenten las reservas del Banco Central. Ven con espanto particular que el Fondo haya decidido flexibilizar y reducir las metas de reservas de dólares que debe mostrar este año la entidad que maneja Miguel Pesce, quien también estará presente en Washington.
Tira y afloje
Hace unos meses comenzaron los cruces de comunicación entre las tres agrupaciones principales que representan a los bonistas, quienes evalúan por estas horas cómo pasar a la acción. Probablemente, a través de un comunicado conjunto, mecanismo ya utilizado en años anteriores. Los tenedores de títulos reestructurados ya habían manifestado su malhumor con el FMI en el pasado, fundamentalmente en 2022, luego de la firma en marzo del crédito de Facilidades Extendidas, y a fin de año, cuando se sucedían las aprobaciones generales del cumplimiento de las metas pactadas entre el país y el Fondo.

En septiembre de 2022, fueron directos en manifestar que el entonces director gerente para el Hemisferio Occidental, Ilan Goldfajn, la vocera Julie Kozack y el responsable del caso argentino Luis Cubeddu, no habían sido lo suficientemente duros en la fiscalización del primer semestre de 2022, al no exigirle al país una política fiscal, monetaria y cambiaria más restrictiva para cumplir las ya (para ellos) lánguidas metas comprometidas en el acuerdo que reemplazó al de Facilidades Extendidas.
Para los tenedores de deuda argentina reestructurada en 2020, la consecuencia directa de esta posición flexible del FMI ante Argentina es que mientras no haya ajustes importantes en la economía, sus bonos continuarán navegando en valores de default; con cotizaciones de mercado por debajo de la tabla de supervivencia del 30% nominal, cuando el Valor Presente Neto (VPN) del canje fue de 54,8%, durante gran parte del período de cotización de estos papeles. Si bien en los últimos tiempos el precio de los bonos se recuperó, para los bonistas aún representa una inversión ruinosa.
Muchos de ellos están analizando seriamente pasar a la acción. Su posición es un clásico. Saben que la única manera de influir sobre los funcionarios locales, no es a través de la acción directa (nunca funcionó con la actual gestión), sino desde el FMI y sus misiones trimestrales. En consecuencia, planean presionar nuevamente a los embajadores de los países que manejan el board del FMI para que interfieran entre Georgieva, el staff técnico y sus planes sobre Argentina.


