El único acuerdo es ajustar a los jubilados
Oficialismo y oposición parecen moverse en espejo, replicando cada uno las divisiones del otro. Y cuanto más necesario se vuelve que acuerden, más se intensifican las divisiones. Eso es lo que vemos todos los días en las noticias. Sin embargo hay una cosa en la que están todos de acuerdo. Independientemente de quién gobierne y de quién ocupe el lugar de la oposición, todos acuerdan, todos aceptan, todos saben que el sistema previsional es un cofre abierto y a entera disposición de quien ocupe el Poder Ejecutivo.
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Eso, en un contexto de crisis económica y endeudamiento público, solo significa una cosa: que el sistema previsional va a seguir siendo la única variable de ajuste que permita cumplir con las exigencias del FMI. No hay otro plan, no hay otro sector que pueda ser ajustado con el mismo nivel de impunidad. No hay otro lugar de dónde sacar los recursos.
Si hacemos un repaso de las distintas opciones que el Gobierno, tanto el actual como el próximo, podría tener para conseguir fondos, veremos que en todas esas opciones surge un conflicto que lo termina por volver inviable. Si se intenta reducir la planta del Estado se choca con los sindicatos estatales, si se suben los impuestos se confronta con las distintas cámaras y agrupaciones que representan los intereses de los diversos sectores de la economía.
Además de que los impuestos ya son más elevados de lo que muchos pueden pagar. Reducir planes y asistencias sociales es inviable, por un lado por la resistencia de las organizaciones que representan a los sectores más vulnerables, por el otro porque, con los altísimos niveles de pobreza que hay, es imposible cortar la ayuda sin que se produzca un estallido social.
Avanzar sobre el trabajo en negro tampoco es una opción, porque en el actual estado de la economía cada vez se hace más difícil para muchas empresas y comercios sostener empleados en blanco. Las retenciones al campo son otro foco de conflicto y con respecto a gravar industrias extractivas como la minería, es algo en lo que ni siquiera piensan. Porque cuanto más grandes son las ganancias de un sector más grande es el poder que ese sector tiene para doblegar las fácilmente doblegables voluntades de los políticos argentinos.
Por último, el financiamiento exterior parece quedar totalmente descartado, dados nuestro actual nivel de endeudamiento y nuestras bajas calificaciones como cumplidores de compromisos financieros. Salvo limosnas, no parece que vayamos a recibir más plata prestada. Y si la recibimos solo será para empeorar la situación.
Como se puede ver, entonces, con una economía exhausta, con una inflación que no para de crecer, con más de la mitad de la población hundida en la pobreza, los fondos jubilatorios son un caudal de recursos demasiado tentador, demasiado a la mano de un gobierno desesperado por obtener financiación. Gobierne quien gobierne esa situación no va a alterarse.
Un dato que demuestra la veracidad de lo aquí planteado es el silencio con el cual la oposición ha recibido y aceptado la degradación del haber jubilatorio que el presente gobierno ha llevado a cabo de manera constante.
Ese silencio es una novedad. Habitualmente la oposición, más allá del partido que ocupara el rol, realizaba las más feroces e indignadas críticas a las políticas predatorias del haber jubilatorio, para después aplicar políticas similares cuando le tocaba el turno de convertirse en oficialismo. Hoy parece que los jubilados no merecen ni siquiera esa mínima hipocresía indispensable para salvar las formas.
No importa quién gane, entonces, lo seguro es que los jubilados van a seguir perdiendo con el nuevo gobierno como perdieron con el actual. Implícita o explícitamente, eso ya está acordado. Y si no es así, solicito que alguien del sistema político, de cualquier tendencia o partido, demuestre públicamente lo contrario.
Dr. Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).

