FMI: aceleran negociaciones en tiempo de descuento
Es oficial: la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) pactada como obligatoria dentro de los lineamientos del crédito de Facilidades Extendidas, cerrado el 25 de marzo del año pasado, y que debería haber comenzado a fiscalizar los números y porcentajes de la economía argentina está suspendida.
Y, probablemente, ya no llegarán al país los enviados del organismo que conduce Kristalina Georgieva. Al menos no antes del 22 de junio próximo, cuando el país deba liquidar los U$S2.300 millones que vencen ese día dentro del cronograma de pagos pactado en el acuerdo.
Mucho menos habrá liquidación anterior por unos U$S4.300 millones desde el FMI, dinero que debería servir para cumplir con el vencimiento del organismo. La quinta operación de giro de dinero desde el Fondo y correspondiente pago del compromiso, están hoy en suspenso, desde que en la primera semana de abril pasado comenzaron las negociaciones para una nueva versión de las Facilidades Extendidas, y, en la segunda semana del mismo mes, Argentina utilizó reservas para controlar el dólar MEP, algo prohibido por el acuerdo.
Desde esos tiempos el país y el organismo negocian un nuevo préstamo de Facilidades Extendidas, del que está todo acordado, salvo un capítulo importante: el cambiario. Y, mientras no haya acuerdo en ese punto, las negociaciones continuarán, el vencimiento pasará, y Argentina ingresará en default técnico con el organismo.
El reloj corre ya de manera veloz. La misión correspondiente a la quinta fiscalización del FMI, que debía haber comenzado el sábado pasado, está suspendida. Desde el comienzo del caso, ya se cerraron cuatro revisiones, todas exitosas en cuanto a las metas de reservas, déficit fiscal y emisión monetaria, lo que llevó a la aprobación general del 2022.
Meta de reservas
Ahora corresponde la primera fiscalización del 2023, correspondiente al período enero-marzo de este año, la que debería llevar a las partes a resolver la aprobación (o no) del desembolso de unos U$S4.300 millones para cumplir con el pago pactado para el 22 de marzo por unos U$S2.400 millones. Esta es la letra firmada el 25 de marzo del año pasado en Washington.
Sin embargo, las partes saben que Argentina no cumplió las metas de reservas, y que las otras dos necesarias para recibir los avales pasaron a convertirse en anualizadas y no tomadas como cuatrimestrales. Los negociadores discuten la nueva meta de reservas, mientras que las de un déficit de 1,9% para todo el año y una emisión monetaria máxima de 0,6% del PBI están en observación.
Igualmente, todas estas condiciones están hoy suspendidas, desde que en abril la Secretaría de Finanzas comenzó a intervenir directamente sobre la política cambiaria en el mercado del MEP, quebrando una de las disposiciones pactadas en las Facilidades Extendidas.
También se sabe que las negociaciones abiertas y en marcha se concentran en la política cambiaria y la alteración de lo comprometido desde el FMI en cuanto a los vencimientos y las liquidaciones trimestrales. Sobre lo último hay acuerdo, y el Fondo facilitaría los U$S10.600 millones restantes para el 2023, mientras que se prorrogarían los vencimientos de junio, septiembre y diciembre.
Mini devaluación
Lo que falta discutir, es si ese dinero podrá ser utilizado para contener el tipo de cambio oficial en medio de una estrategia de crawling peg (devaluaciones graduales pero constantes) o si existe una exigencia innegociable de una devaluación rápida del valor peso al tipo de cambio oficial.
Tal como adelantó MDZ, desde el martes 23 de mayo hay cierta flexibilidad en la mirada (o al menos en el análisis) del staff técnico de Washington, ante la propuesta de Buenos Aires sobre la evolución del déficit fiscal durante los primeros cuatro meses del año.
Según lo que, al menos, se interpretó en el país, es que los números mostrados sobre una reducción del gasto en un 11%, la promesa que ya este mes comenzarán a aplicarse, las suspensiones de subsidios a los sectores de mayores recursos, la aplicación del dólar agro que mejoraría la recaudación de los derechos de exportación y cierto control de la obra pública, matizaron el mal dato de la acumulación de un déficit de 0,6% durante el período enero- abril.
Es cierto que no ayudaron los datos de la recaudación de mayo, donde aun la evolución de los ingresos continuó por debajo de la inflación, pese a la vigencia positiva del dólar agro.
La negociación en estos días se concentra en la política cambiaria, el tema donde aparecen las mayores diferencias entre las dos partes que debaten el futuro del acuerdo. Por ahora la situación está en una especie de wait and see (esperar para ver). El mayor avance se dio hace 20 días, cuando el FMI le había dado un guiño al equipo económico, en decisión de dejar de intervenir en el mercado, permitir que corra y que se incremente el tipo de cambio para los dos mercados de dólares financieros.
Mientras tanto, continúa en análisis desde Washington la velocidad con la que el equipo económico aplica la estrategia del crawling peg, devaluando el tipo de cambio oficial a un ritmo superior al 10%, con caídas en el valor del peso de entre 0,5 y 1% diario, y con el intento de convencer a los fiscalizadores de Washington que es mejor y más sana esta idea que una devaluación lisa y llana del 20% para equilibrar tantos.
Para evaluar si la performance da resultados, todos quieren esperar a saber qué pasará con la evolución de los dólares financieros y el dólar blue, luego que el miércoles de esta semana se conozca el seguramente mal dato de la inflación de mayo 2023. Se recuerda que las últimas dos corridas se dieron a horas de haberse conocido que el dato del IPC se aceleraba.