Presenta:

Argentina espera hoy un dato clave para el futuro del dólar

Día electoral con alguna posibilidad de sorpresa. También para la negociación con el FMI. ¿Que espera el país hoy de Washington? La primavera de la semana pasada y las demandas del mercado.
Sergio Massa y Mayra Mendoza Foto: Prensa Massa
Sergio Massa y Mayra Mendoza Foto: Prensa Massa

Argentina enfrenta un domingo con doble embrujo: se aceleran las definiciones políticas en tres provincias con impacto importante en el futuro y al mismo tiempo habrá vigilia en el mercado en espera de novedades clave para la economía. Todo sucede, además, en un año que se agota mucho más rápido que lo esperado por el oficialismo y con reacciones peligrosas por el impacto que la inflación descontrolada está causando en los bolsillos.

El viernes pasado hubo previa para calentar la expectativa. A la tarde el Banco Central dio a conocer el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de abril. Esa encuesta oficial entre consultores y analistas del mercado reveló el dato más explosivo que se había conocido hasta ahora en materia de aceleración de la inflación: la estimación para todo el 2023 dio 126,4%, es decir, 16.4 p.p. por arriba del pronóstico de la encuesta previa, lo que implica un salto en la proyección no registrado hasta ahora. En los meses previos la inflación, obviamente, ya venía registrando inquietantes números en alza al punto que el salto anual en la proyección de analistas llegó a ser en promedio de 10 puntos. Esta vez superó todo lo conocido. Para el mes, por si hace falta reforzarlo, el informe dio una suba de precios de 7,5 %.

Sobre el combate a la inflación hay poco nuevo para decir. Matías Tombolini, secretario de Comercio Interior, lanzó un nuevo plan para intentar controlar precios en almacenes y pequeños super, algo así como “Precios Justos barriales”, que insiste con esa receta que nunca funcionó en Argentina y que, para peor, vuelve de la mano de un supuesto acuerdo con piqueteros para vigilar las góndolas.

Las miradas, entonces, vuelven a estar puestas en Washington. Sergio Massa apuró la negociación para lograr que el FMI acceda a acelerar los desembolsos pendientes del acuerdo que hoy mantiene con Argentina, pero que en realidad debe renegociarse casi por completo ya que las condiciones del país cambiaron y las metas como objetivo de acumulación de reservas y no intervención en el mercado cambiario también se incumplieron.

La negociación del equipo argentino con los funcionarios que lidera Gita Gopinath se centra en conseguir que el Fondo gire ahora al país unos US$ 10.600 millones que ya estaban acordados para desembolsar, pero en una secuencia de junio, septiembre y diciembre. Hay un desembolso extra acordado por un monto similar a cada una de esas cuotas, es decir US$ 3.200 millones, que entraría para el 2024 y que Massa también pretende acelerar para estos días.

La expectativa sobre esas negociaciones es fuerte y los tiempos son cortos. De hecho tanto en Economía como en el mercado existe alguna idea sobre la llegada de un anuncio desde el FMI sobre el nuevo acuerdo esta misma noche o mañana antes de la apertura del mercado.

Todo está en manos hoy de una persona que cumple el rol más incómodo de la Argentina. Massa es el ministro de Economía que negocia y se abraza a Washington como único aliado posible en medio de la crisis y al mismo tiempo sigue siendo el único candidato presidencial del Frente de Todos que tiene el apoyo del kirchnerismo duro. Difícil conciliación, sobre todo por las noticias duras que deberá dar este año Massa mientras hace el lógico proselitismo de campaña.

Al mismo tiempo otros datos confirman esa realidad. El dólar le dio una semana de relativa tranquilidad al Gobierno, pero la situación en el Banco Central no cambio en ese sentido. Hasta ahora ya se confirmó una caída de U$S 8000 millones en los ingresos que se deberían haber recibido por el agro producto de la sequía. Ya está confirmado, además, que la merma en el año será de al menos U$S 16.500 millones. El goteo de ingreso de dólares es mínimo y las salidas siguen sin cambios.

A eso hay que sumar la factura por compra de energía que el Banco Central debe pagar continuamente. Hay un punto sobre ese tema que aún provoca confusión: muchos no entienden por qué se adelantaron compras de gas (básicamente se paga a Bolivia y los barcos de GNL) cuando no está totalmente claro que exista una mejora sustancial en el precio. En febrero, por ejemplo, se cerró la compra de 10 barcos que se programaron para llegar entre marzo y agosto a las empresas BP Gas Marketing Limited, Vitol S.A. y Total Energies Gas & Power Limited. En septiembre debería aparecer algún alivio con el inicio de operación del nuevo gasoducto. El problema son los tiempos.