Los empresarios buscan ganar plata, no despedir empleados
La historia nos enseña que el desarrollo es un resultado, no una meta, un objetivo. Resultado de la acción de los emprendedores, laburantes que dedican su tiempo a algún proceso productivo.
Nos debemos una teoría donde el desarrollo económico debe estar pensado en el emprendedor y entusiasta independiente, quien, en un contexto de certeza, previsibilidad y seguridad jurídica, le presta su atención a la demanda de los productos que fabrica y minimiza al máximo los costos sobre la base de la tecnológica, la automatización y la modernización del mercado laboral y sus leyes.
Las personas que emprenden, que se juegan por la independencia empresarial, los que apuestan al desarrollo productivo desde su independencia técnica y económica, no son super héroes, sino personas con interés en vivir mejor y hacer que las cosas funcionen.
Cuando hablamos de proyectos de inversión en cualquier negocio o empresa o local y su proyecto de inversión es exitoso, son aquellos que estuvieron a cargo de alguien que supo qué hacer frente a la multitud de desafíos que tiene nuestro país en la práctica y que no los tenían en cuenta a la hora de invertir, o si la tenía, pero, así y todo, continuó con su proyecto.
Un acto de inversión es totalmente instrumental. Nadie pone un negocio de empanadas o de lo que sea, porque le gusta comer empanadas o le gusta lo que fabrica o diseña. Uno pone un negocio para ganar plata. Tampoco uno pone un negocio para despedir gente, todo lo contrario, lo que un empresario pyme no quiere es despedir, es más, el empresario pyme argentino no es despedidor. El empresario pyme despide cuando no le queda más remedio y tiene que bajar la persiana.
Cuando una persona pone un negocio, compromete recursos y asume riesgos e incertidumbres para su acción de emprender y de hacer con el fruto de sus inversiones e intelectualidad en el negocio, y luego de pagar sus impuestos, lo que le dé la gana con su ganancia. El volumen de la inversión que uno hace depende muchísimo del beneficio que espera tener y de los riesgos que tiene ganas de asumir, de aquí el dicho “el que no arriesga, no gana”.
Hoy en el pequeño sector formal de la economía, digo pequeño, porque el informal ya le ganó al formal, la tasa de beneficios y rentabilidad es bajísimo, y la oportunidad de poner un negocio es alta, hay franquicias de todos los colores, pero a prueba de los
temores, de la NO ganancias por los costos y la falta de previsibilidad que generan esa decisión y esos miedos que hoy tienen quienes arriesgan en algún proceso productivo.
Las inversiones privadas que favorezcan el mercado laboral van a aumentar cuando se consigan créditos para incrementar sus maquinarias y darle calidad a su proceso productivo, cuando tengan previsibilidad a la hora de invertir y cuando las leyes laborales y tributarias se adapten a la era de la tecnología y al futuro del trabajo, siendo modernas, equitativas y justas.
Mal que le pase a los idealistas o a personas angelicales, la conducta del ser humano no es independiente de los incentivos y nuestro país no tiene incentivos al desarrollo y a la producción.
* Juan Pablo Chiesa es abogado especializado en Empleo y Políticas Públicas, escritor, docente y presidente de Aptitud Renovadora.
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