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Marcelo Pelleriti: “Hay un importante consumo de vinos de alta gama en Argentina”

Curioso y hacedor por excelencia, este reconocido enólogo cuenta la pasión con la que vive la vendimia y en qué se apoya el éxito de sus vinos. La incertidumbre por el clima y la merma por las heladas no lo amedrenta y ya sueña con su propia bodega, en una temporada en que abrirá horizontes nuevos.

Conocido, entre otras cosas, por su pasión por el rock y el vino, el enólogo Marcelo Pelleriti (53) tiene su propio proyecto Marcelo Pelleriti Wines que ya sueña con bodega propia. Con más de 20 vendimias en Francia y en Mendoza, respectivamente; este año comienza el tiempo de cosecha con cambios y proyectos nuevos.

Tal vez tenga sentido la fecha ya que cuando habla de vendimia, este reconocido enólogo la define como un “momento esperado” en el que casi todo es “incertidumbre”. Adjetivo que para él no tiene una connotación negativa, sino más bien todo lo contrario. Sin muchas definiciones todavía, este año Pelleriti, enólogo de Bodega Monteviejo, no irá a la cosecha de Francia –a la que excepto en el Mundial siente como su propio país por los lazos afectivos que allí tiene. En 2023 abrirá horizontes en viñedos de España, Italia o Estados Unidos. Todo podría suceder…

- ¿Qué implica para vos el momento de vendimia?
Es el momento esperado, el de la incertidumbre y está buenísimo porque es algo que nunca vamos a controlar y menos este año, cuando tuvimos una paliza terrible con el clima. En septiembre empezamos con una helada que me afectó, después vino granizo que también me dañó un 35% y, hace poco, tuvimos otra helada temprana que influyó. Personalmente, voy a tener entre un 50% y 60% menos de rendimientos; lo que es un problema porque encima estamos vendiendo.
Quizá no es una complicación inmediata, pero en dos años puede serlo. Espero que la próxima temporada sea buena porque las heladas están de moda. Todos los años hay heladas y sucede en el mundo entero. Es un pronóstico que se ha acentuado desde 2017, cuando tuvimos una helada en Francia, en la que se perdió el 70% y otra acá con pérdidas del 35%. Todos los años hemos tenido un problema específico con este tema.

- Al comparar ambos países, ¿qué ventajas y desventajas encontrás en cada uno?
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La ventaja, para mí, es que la vendimia me nutre, no me estresa y es una rutina en ambos lugares. En Francia hay pequeñas parcelas que pueden tener una hectárea y se trata de jugar con los distintos terruños, de mezclar los que tengan características similares. Es importante conocer las parcelas y, con más de veinte años, las conozco muy bien. Ése es el rompecabezas que hay que armar para tratar de hacer siempre el mejor vino, ya que en el proceso de elaboración, la sumatoria de detalles siempre va a dar algo más.
En Argentina traté de hacer una réplica de lo que aprendí en Francia. Yo no soy de tener mucha paciencia, pero la vendimia me ha dotado de ella. Tengo el temple para comenzar y terminar, siempre con mucha estrategia, una mente fría y con el foco puesto en elaborar el mejor vino. Obviamente, nuestro país es un orgullo porque pensamos en elaborar el mejor vino y lo podemos hacer, entre otras cosas, porque tenemos el mejor equipo técnico. Hablo de mis colegas, enólogos, agrícolas o hacedores de vino. Nos buscan en todo el mundo porque el trabajador técnico argentino es una persona que tiene inteligencia y pasión y que siempre encuentra una solución para cada problema.

- ¿La incertidumbre se relaciona con la economía?
La incertidumbre es climática. Hay lugares en los que ya se está cosechando y está muy adelantado. Hay lógica porque hay poca producción y si la planta está cuidada puede servir y hasta dar sorpresas lindas porque tenemos buena calidad. Sin embargo, hay que estar atentos. Éste es un año para estar más atento que otros años.

- Decís que vendés bien, pero las exportaciones de vino están en baja. ¿A qué se debe?
El mundo está en crisis y atraviesa una guerra que es económica, por lo que la prioridad no es el vino. En nuestro caso, todos los años hay un incremento. No es abismal, pero está ya que, por un lado, tenemos clientes de muchos años y, por el otro, creo que tiene que ver con la consistencia de los vinos que tienen un estilo, una línea que brinda confianza o seguridad a los que compran. Que no suene soberbio, pero creo que no puede ir por ahí. Además, para mí un cliente es un socio. Invierto mucho tiempo en él porque para mí vale oro.

- ¿Cómo impacta la macro en precios e importaciones?
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Pensé que la importación iba a ser difícil, pero no tuvimos inconvenientes en importar barricas y una cosechadora chica. Por otro lado, para exportar hay un dólar muy bajo, por eso casi todo el mundo hoy habla en dólar blue. Hay que rever esto porque el valor del oficial perjudica mucho a las exportaciones. Por fortuna, tenemos un mercado local muy fuerte, ya que hay un importante consumo de alta gama en Argentina.

- ¿Cómo es hacer vino para otras personas?
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¿Para los artistas? Primero es muy enriquecedor, ya que los músicos son muy sensibles, son seres especiales. Cada uno tiene su característica, su sensibilidad y es muy lindo ver las descripciones que hacen de los distintos tipos de lotes. Ellos elaboran sus cortes y disfruto mucho de ver lo que hacen con cada uno de sus lotes. Tienen palabras y descripciones muy precisas y hasta poéticas. Además, es muy divertido y está buenísimo lo que cada uno hace. Muchas veces me preguntan, pero yo les digo que deja de ser su vino si yo coloco mi impronta.

- ¿Cómo es ese proceso?
Ellos son buenos tomadores, tienen cultura vínica y conocen bastante. Yo les explico qué tiene cada parcela, cada lote y ellos, con su entrenamiento previo, determinan qué van a usar para los distintos tipos de vino y gamas que quieren elaborar. Hay quienes hacen un solo tipo y está buenísimo.

- ¿Qué busca alguien que quiere hacer su propio vino?
Yo soy muy realista con ellos. El vino es un proyecto y está muy ligado a la persona. Hay que empujarlo, estar encima. Hay quienes están más involucrados como Felipe Staiti, que tiene una sociedad con su hijo y para él es como la música, viaja y vende vinos a la par de la música.
Con Pedro (Aznar) hay una sociedad, es distinto. Además, están Juanchi, Coti y Fernando Ruiz Díaz que también son muy dedicados. Uno puede ser Bill Gates pero el vino es especial, es cultura y son años. Al principio, me costaba una barbaridad vender una botella, pero después se hace la marca, la confianza, la calidad siempre estable… No quiero ser muy pesimista para el que empieza un proyecto. Sin embargo, hay que pensar en darle diez o quince años. Son todos procesos a largo plazo.

Yo me voy a morir y va a haber vinos que seguramente no voy a probar. Es que hay vinos de alta gama que vendo después de diez años de elaborados, vinos de este año recién los voy a vender dentro de una década. No tengo idea de qué va a pasa y ésa es la parte linda del vino, esa incertidumbre como digo yo. A lo que hay que sumar la incertidumbre argentina…

- ¿Qué es lo más difícil de emprender o comenzar proyectos nuevos?
Argentina siempre ha sido difícil. Últimamente hago, si uno se plantea que es difícil, no te movés y no está en mi naturaleza quedarme quieto. Siempre le busco la vuelta. Vivo en Argentina, trabajo en Argentina, comunico el vino argentino y no me queda otra.

- También es una elección ya que podrías haberte quedado en Francia, por ejemplo.
Hasta hace un tiempo pensaba en irme y estaba muy enojado, no podía entender. No obstante, hay cosas de nuestra realidad, sobre todo en Mendoza, que son muy lindas. Para mí es muy importante la amistad. También en Francia tengo a mi compadre que lo súper extraño y también otros amigos, pero acá tengo mi casa, mi familia, mis guitarras, mi estudio de música y viajo mucho. Estoy acá pero también estoy afuera.
No sé si me adaptaría a vivir en otro lugar fuera de Argentina; a menos que sea por un tema de seguridad. Por ahora creo que hay que seguir apostando, Mendoza está muy linda, el Gobierno dentro de todo –más allá de las diferencia- tiene una mentalidad diferente a la de otras provincias. Al menos en vitivinicultura hay una ocupación y preocupación. Después hay que ver de qué se tienen que preocupar a nivel nacional, qué hacer con el dólar, si hay uno específico para ciertos productores... ¿Yo lo puedo manejar? No creo. Entonces hace un tiempo que dejé de leer lo que me hace perder tiempo y me dedico a hacer, a producir. Y funciona.

- ¿Cuáles son tus desafíos personales para este año?
Siempre hay desafíos, muchos. Quiero empezar a construir mi bodega, después de mucho tiempo, mi mente está trabajando en ese sueño y lo quiero concretar. No es fácil, no es un proyecto de un año para otro ya que hay que buscar el lugar específico para construir una bodega, hacer el proyecto...
Mi otro desafío es salir a otros países. Necesito hacer vino en otro lugar, aprender de Italia, de Sicilia. Mis abuelos son de allí, incluso son sicilianos, no italianos…  Por otra parte, España me parece que tiene zonas y diversidades que son hermosas. Eso lo quiero hacer. Es un negocio, pero más lo hago por placer, son producciones pequeñas.
Y también está Napa (California), donde me quería ir antes de partir a Francia. No puedo dejarlo pasar. Además, tengo la música (después de viejo, artista) ya que voy a lanzar mi disco en un par de meses.

- ¿Cuál es tu mirada acerca de las tendencias de consumo? 
Está buenísimo que existan distintos tipos de vino: menos o más maduros, naturales, etc. Me parece legítimo, pero siempre digo que al final del camino todo es un negocio. Uno puede estar en una tendencia o cambiar a ciertos productos siempre que sea rentable. No me muevo mucho con las tendencias, sino que trato de tener mi propio estilo.