Por qué desde 1983 la sociedad argentina se empobreció y se dividió
Las dificultades para cerrar la brecha fiscal, el endeudamiento y la inflación llevaron a que la Argentina enfrentara una serie de crisis cada vez más graves. La peor de todas ocurrió en diciembre de 2001, y aunque pareció ser el final, no lo fue. Hoy enfrentamos una nueva crisis, pero esta vez de más larga duración. Tenemos el mismo PBI que hacia fines de 2011, y en el escenario más probable volveremos a repetir la experiencia de 15 años consecutivos de estancamiento económico (tal como sucedió entre 1975 y 1990).
La inflación, que durante los años '90 pareció ser sólo un mal recuerdo, volvió a enquistarse y a partir de 2008 comenzó una progresiva espiralización que la ha llevado ya a los tres dígitos anuales. Entre 1983 y 2023, el PBI per capita creció a una tasa promedio de sólo el 0,6% anual mientras que la inflación promedio fue del 228% anual.
A lo largo de estos 40 años, la sociedad se empobreció y se dividió, y el Estado se volvió cada vez más débil e ineficaz en su rol de proveedor de bienes públicos como la salud, la educación y la seguridad. La inestabilidad y la volatilidad de la política económica ha sido una constante
Hemos tenido 31 ministros de economía y 24 presidentes del BCRA
Y la experiencia de estos años ha transformado a la Argentina en un laboratorio en el que a diario se demuestra que no hay política social, fiscal o de precios e ingresos, capaz de compensar las consecuencias de malas políticas económicas. Más tarde o más temprano, la necesidad de corregir la macro se impone.
Lamentablemente, dichas correcciones han sido mayormente re activas. Y como las cosas se han hecho porque no quedaba otra, sin convicciones, la estabilización y la recuperación posteriores a la salida de cada crisis han generado rápidamente una complacencia tal que ha servido de caldo de cultivo de la próxima crisis. Y así, sucesivamente.
Hoy, si bien la oferta electoral está dividida entre dos expresiones contrapuestas de cambio y continuidad. Esta última no luce sustentable por mucho tiempo más. La experiencia de la larga crisis actual, que no termina de resolverse en un final disruptivo, puede llevar a pensar lo contrario. Pero ese final es inevitable.
La macro tiene límites y sin un cambio de régimen copernicano ni el fisco, ni el BCRA, ni el sector privado pueden estirar la situación por mucho tiempo más. Claro que cambio es siempre sinónimo de conflicto. Como en la vida personal, o en una empresa, a nivel de un país no puede haber cambio si se esquiva indefinidamente la conflictividad que el mismo implica. La crisis actual abre, en tal sentido, una oportunidad.
* Luis Secco, economista y director de Perspectiv@s Económicas

