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Desigualdades en las condiciones de vida de las personas mayores en una sociedad que envejece

El envejecimiento poblacional como fenómeno demográfico está ocurriendo aceleradamente a nivel mundial, y la población argentina no está exenta
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Se ha ido profundizando en las últimas décadas y està posicionando a la Argentina en uno de los países más envejecidos en América Latina, precedido por Uruguay, Cuba y Chile. Es así que se estima que en los próximos años las personas mayores representarán una gran proporción de la sociedad, lo cual genera nuevos desafíos y necesidades al abordar problemáticas específicas de desarrollo humano y social ante vidas que se vuelven cada vez más longevas. 

No existe una única manera de transitar el envejecimiento, más bien existen “vejeces”, ya que cada persona tiene una trayectoria de desarrollo única e individual, convirtiendo a la vejez una etapa del ciclo vital heterogénea. Sumado a ello, no todas las personas tienen las mismas oportunidades al envejecer, y las desigualdades sociales, económicas, laborales y educativas se vuelven más evidentes en las personas mayores.

En este sentido, la pandemia por COVID-19 ha contribuido a enfatizar las carencias preexistentes en un grupo que fue y sigue siendo considerado de riesgo al contraer la enfermedad y que, al momento de mayor incertidumbre e impacto ante el nuevo coronavirus, ha estado más tiempo aislado en sus hogares. Recientemente, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), en alianza con Fundación Navarro Viola, ha publicado un nuevo documento estadístico como parte del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, titulado “Condiciones de vida de las personas mayores (2017-2021). Vulnerabilidades en clave de pandemia por COVID-19".

Argentina es uno de los países más envejecidos en América Latina.

En el mismo, se analiza la situación de las personas mayores de 60 años según condiciones sociales, económicas, de vivienda, del estado y atención de salud y del bienestar subjetivo entre los años 2017 y 2021, considerando que en 2020 y 2021 fueron tiempos sumidos por la pandemia de COVID- 19. Se incluyen tres informes de investigación elaborados por la Lic. Carolina Sofía Garofalo y la Dra. Solange Rodríguez Espínola, en los que se desarrollaron temáticas relacionadas con el estado de salud, la calidad y los hábitos de sueño, y las redes de apoyo con las que cuentan los mayores y sus funciones de soporte.

El primer informe aborda las desigualdades en la salud integral y evidencia que, al inicio de la pandemia, dos de cada diez personas mayores empeoraron su salud física y mental y tuvieron más limitaciones en sus condiciones de la vida diaria, comparado con la pre-pandemia. Además, quienes tuvieron un estado de salud más deficitario en este periodo, son los más vulnerables a nivel social, económico y laboral.

Respecto a la calidad y los hábitos de sueño, cuatro de cada diez personas de 60 años y más modificaron sus hábitos al dormir bajo las medidas de aislamiento, en tanto que los que tienen malestar psicológico (es decir, sintomatología ansiosa y depresiva), tienen una peor calidad de sueño, tendencia que se acentúa a mayor vulnerabilidad económica, laboral y educativa, pero especialmente en quienes viven solos. El último informe de investigación indica que ha aumentado la disponibilidad de redes de apoyo de amigos y familiares durante la pandemia, en comparación a 2019, principalmente en quienes se encuentran en mejores condiciones socioeconómicas, viven con otras personas o tienen 75 años y más.

El primer informe aborda las desigualdades en la salud integral de los abuelos.
Foto: Blogspot

En cuanto a las funciones de las redes de soporte, alrededor de cinco de cada diez mayores que viven solos no cuentan con alguien que les demuestre amor y cariño, que los ayude en cuestiones domésticas o que los aconseje e informe en temas personales, a comparación con quienes viven con otras personas. Estos déficits se incrementan a mayor vulnerabilidad socioeconómica, en las mujeres respecto a los varones, y en los mayores de más de 75 años, respecto a los sub-74.

Resulta evidente que la pandemia ha generado cambios en el estado de salud físico y psicológico, y ha impactado en las condiciones de la vida diaria y en los hábitos de sueño en los mayores. Si bien han contado en mayor medida con sus redes de amigos y familiares a comparación con el momento previo a la pandemia, contradictoriamente no han tenido suficiente soporte afectivo, doméstico o
informacional.

En pocas palabras, quienes más han sufrido el impacto de la pandemia en su salud, en las redes de apoyo y en las funciones que cumplen son el grupo de mayor vulnerabilidad social económica, laboral y educativa, los mayores de 75 años y quienes viven solos. La instancia de envejecimiento de la población argentina representa una ventana de oportunidad favorable para detectar y orientar recursos que promuevan a la construcción de una agenda enfocada en las diferencias sociales, económicas e individuales de los mayores al idear intervenciones y políticas públicas que mitiguen estas deudas.

* Carolina Sofía Garofalo es Investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina
(ODSA-UCA)