Presenta:

Un ministro, ¿sin tiempo?

Bajo un dramático contexto socio económico y político asumirá el próximo ministro de Economía. Un político probado, pero sin cucardas en el área económica. El mercado lo recibe con los brazos abiertos, pero mirando de reojo. Ver para creer. No hay tiempo para ajedrez ni póker.
Foto: Telam
Foto: Telam

Mañana, a “la hora señalada”, pero sin Gary Cooper, el bienaventurado nuevo titular del Palacio de Hacienda tendrá que mostrar sus cartas. Ya no hay ni tiempo ni lugar para un juego de póker, y menos para un “póker del mentiroso”, célebre juego que se jugaba en los ’80 en los grandes bancos de inversiones de Wall Street, donde en la partida siempre había un tonto, y si alguno no lo sabía, era él.

Las últimas jornadas financieras, puede decirse, han sido una especie de luna de miel. Condescendientes lecturas apuntan a una mejora de las expectativas. Pero, aún nada ha cambiado. Solo un golpe de timón, político. Claro que no es un dato menor, dadas las actuales circunstancias. Sin embargo, y como ya varias experiencias lo han demostrado, no es lo mismo manejar, en este caso, la caja de la Anses o la de un municipio, o la de la Cámara de Diputados, que la macro del país. Veremos cómo se desenvuelve el pregonado pragmatismo del nuevo ministro, que si de algo se puede estar seguro, no ha ido a inmolarse políticamente. Pero como suele advertir el analista Rosendo Fraga, las crisis escalan por errores de cálculo, más que por cisnes negros.

¿Cómo resumir lo que se espera (o esperan los mercados) del accionar, económico, de Sergio Massa? En pocas palabras, que encare un ajuste fiscal creíble, pero factible. Sino, rápidamente, se verá un recálculo de las expectativas.

No hay que dejar de tener presente que se llegó a esta situación porque no hay reservas suficientes en el BCRA. Obvio, que esa anemia de reservas tiene varias explicaciones pero ahora no vienen al caso. Por ende, el team Massa tendrá que, sí o sí, apuntar a recomponer el stock de reservas netas del Central, hoy casi nulas. 

Ya circulan especulaciones sobre negociaciones y road show para obtener préstamos REPO, como los swaps con instituciones financieras internacionales como el BIS y/o la banca internacional, y otras yerbas. Lo cierto es que nada es gratis. Además, ¿cuántos fondos podrán conseguir? Si en el mejor momento de Macri, los REPO no superaban los US$3.000 a US$6.000 millones. De ahí que se tejan especulaciones sobre alguna sorpresa. Así algunos miran al embajador argentino en Arabia Saudita y Yemen, Guillermo Nielsen. Otros piensan en el ajedrez geopolítico de la Casa Blanca y el beneplácito de que países como Argentina, no giren a la centro-izquierda como Chile o Perú. Veremos, el miércoles, capaz sabremos algo más.

En tal caso, la ventaja, respecto del escenario Batakis, que nobleza obliga, no es para hacer comparaciones, es que Massa no solo es un nato jugador político sino que trae consigo sólidos contactos con el establishment financiero desde los años en la Anses que luego estrechó más aún en jefatura de Gabinete y más tarde en la carrera presidencial. A lo que se suman sus lazos o vasos comunicantes con la Caldera del Diablo del DC y Wall Street.

¿Qué hará o podrá hacer Massa?, se preguntan todos. ¿Qué le dejará hacer su socia en el FdT y vicepresidenta?, es otro interrogante. Decenas de especulaciones, interesadas y desinteresadas. También veremos. Pero no hay duda que tendrá que mostrar cartas fuertes desde el comienzo, no solo acompañantes de fuste en esta cruzada, sino señales contundentes.

El reciente rally de los activos financieros argentinos solo se explica en una mera apuesta de expectativa hacia el tan clamado, por el mercado, ajuste fiscal sola sustentada en la diferente visión dogmática e ideologizada de la economía entre el kirchnerismo y el pragmatismo de Massa.

¿Pero será suficiente con inyectar una dosis de pragmatismo a la política económica del Gobierno? Podría ser condición necesaria pero nunca suficiente para evitar la implosión de la macro, que enfrenta serios y urgentes desafíos. No hay que soslayar que la inflación de los últimos meses entró en una fase de casi tres dígitos anual profundizando el desajuste y atraso de los precios relativos. Y, como si fuera poco, se estima que el stock de deuda en pesos en manos del sector privado supera el 17% del PIB, lo que lleva a pensar a los analistas que la nominalidad, es decir la inercia inflacionaria, va a empeorar antes de que Argentina pueda volver a tener la inflación normal.

Tampoco está claro si será suficiente con la reciente suba de las tasas de las Leliq y del Tesoro y, menos si no vienen acompañadas de una mejora en los números fiscales. Porque la billonaria masa de pesos existente, sin respaldo en las reservas es una bomba de tiempo. Vale señalar que semejante masa de dinero se está ajustando a una tasa cercana a los tres dígitos. 

Por ende el éxito o fracaso del team Massa estará vinculado en gran medida a su capacidad de implementar un ajuste fiscal, que sea creíble, bajo un serio y preocupante contexto socio económico con un Gobierno deshilachado. Hasta hace poco, nadie se aferró al sendero del equilibrio fiscal. Ningún funcionario mostró férrea voluntad de liderar un ajuste, ni tampoco intenciones de intensificar la interna en el FdT. Ahora Massa es quién deberá demostrar que comulga y plasma medidas para acelerar el ajuste, como le pide el mercado, y el FMI. Sin embargo, los inversores y la economía esperan señales de Cristina, en términos de en cuánto se amalgama al plan Massa, de modo de cuán creíbles serán las medidas que presente a la sociedad. Aunque, para empezar, también serán bien recibidas las reacciones de dirigentes cercanos al conglomerado K como Grabois o Larroque.

Mañana, Massa presentará equipo y hoja de ruta, ya que según trascendió, él considera que “plan” tienen los bandidos. El Gobierno de Fernández tiene la chance de hacer cambios a raíz de la oportunidad que le brinda precisamente el cambio de nombres. Hoy la devaluación no sería una herramienta que esté en la caja del baúl. Por diversas razones desataría una complicada expansión monetaria. Ni que hablar del impacto inflacionario. Para el mercado la gran incógnita es cómo hará el  Gobierno para financiar la larguísima transición presidencial. Massa brinda una nueva chance. El miércoles mostrará sus cartas. Mejor que no hayan anchos falsos.