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Inflación de julio: recalculando gracias a "Tincho"

En el exterior ya volvieron a recalcular las proyecciones de inflación para este año. Anticipan un julio también elevado. No vislumbran que la estrategia oficial logre domar al potro. Ya varios se inclinan a esperar una inflación para el 2022 muy por encima del 80%.
Foto: Télam
Foto: Télam

Se conoció finalmente el dato de inflación que legó Martín Guzmán: los precios al consumidor subieron un 5,3% en junio, versus el 5,1% de mayo, poniendo así fin a la ligera desaceleración iniciada en abril. En los últimos doce meses el acumulado arroja un 64%. Como mal de muchos, consuelo de tontos, el dato estuvo marginalmente por debajo de las expectativas del consenso de Bloomberg (5,4%). Por su parte la inflación subyacente o núcleo (excluye los precios de bienes y servicios estacionales y regulados) fue de 5,1% (65,5% interanual) impulsada por los precios de alimentos y bebidas alcohólicas, y ahora acumula 21 meses consecutivos por encima del 3% mensual (promedio 4,2%; mínimo 3,1%; y máximo 6,7%). 

Si uno observa el devenir de la inflación doméstica, está claro que escaló a otro escenario. En el 2020 viajaba en torno al 40/45% anual, luego pasó en 2021 al 50/55% y ahora está en una trayectoria de 65/70% con un peligroso sesgo alcista. No extraña entonces que los analistas de los principales bancos de inversión internacionales y consultoras globales estén recalculando sus proyecciones en torno del 75/85%, e incluso más. En general consideran que el arribo de Silvina Batakis elevó los riesgos de una inflación al alza, porque descuentan que habrá más restricciones a las importaciones y más emisión monetaria en los próximos meses, lo que podría aumentar las presiones inflacionarias. Veamos qué nos trajo el IPC de junio.

Los mayores aumentos de precios se registraron en Atención médica (7,4%), Vivienda y Servicios públicos (6,8%), Tabaco y Bebidas alcohólicas (6,7%), Restaurantes y hoteles (6,2%) y Entretenimiento (6%). Una señal clara de la difusión generalizada de las presiones inflacionarias es el hecho de que 7 de los 12 grupos del IPC registraron aumentos de precios superiores al 5% en el mes (de los cuales cinco superiores al 6%). O sea, más del 58% de los integrantes del IPC viajan a una tasa mensual del 5%, pero casi un 42% de ellos lo hacen a más del 6%. Lo que habla no solo de la generalización sino de la aceleración.

En conjunto, los precios de los bienes avanzaron 5,2% en junio (66% interanual) y los precios de los servicios 5,5% (58,4%). Por su parte, los precios administrados o regulados aumentaron 5,3% y los artículos de temporada 6,6% (84,5% interanual). Cabe señalar que la inflación vinculada a los precios regulados fue de 46,9% interanual, manteniéndose muy por debajo de los precios que se fijan libremente, gracias a los controles sobre las tarifas de energía, peajes y pasajes de transporte de pasajeros, entre otros. ¿Qué lectura hicieron en el exterior del dato de junio?

El balance del primer semestre arroja una inflación del 36,2%, con alimentos y bebidas no alcohólicas que subieron 39,9%. Pero la inflación general anual ha estado por encima del 50% desde mediados de junio y es probable que supere el 75% a fines de año. Albero Ramos de Goldman Sachs va más allá y advierte que la inflación podría acelerarse a 80/90% este año.

¿En qué se basa? En primer lugar, en la creciente probabilidad que el Gobierno se vea obligado a devaluar o acelere significativamente las micro-devaluaciones dada la creciente apreciación real y la gran brecha cambiaria; en segundo término, en la necesidad de ajustar tarifas públicas por debajo del costo fiscal y económicamente insostenibles; en tercer lugar, en las crecientes restricciones a la importación; en cuarto lugar, en las variaciones en las expectativas de inflación a corto y mediano plazo; y por último, en la falta de un ancla monetaria nominal.

Pero también le da mucha relevancia a la dinámica de la inflación subyacente, que según el economista de Goldman, es aún más preocupante que los muy altos registros de inflación dados los niveles significativos y crecientes de inflación reprimida en el sistema. Es que a pesar de los extensos y crecientes mecanismos formales e informales de control de precios (incluido el tipo de cambio), la alta inflación está profundamente arraigada y enraizada en los mecanismos de formación de precios y salarios. Basta señalar que 10 de los 12 grupos del IPC muestran tasas de inflación anual superiores al 50%, con prendas de vestir y calzado (83,6%) y restaurantes y hoteles (81,9%) a la cabeza. Además la inflación general anual ha estado por encima del 30% durante 48 meses consecutivos, y promediando 48,4% interanual desde mediados de junio. 

Es insoslayable que la inflación se viene acelerando desde fines de 2020 a pesar del alto desempleo, los salarios reales deprimidos y los estrictos controles de precios y de tipo de cambio. Dichos controles y las distorsiones resultantes en los precios relativos han creado una cantidad significativa de inflación reprimida en el sistema, manteniendo las expectativas de inflación sin ancla y haciendo que la tarea de las autoridades de reducir la tendencia inflacionaria sea prácticamente imposible. Además la reciente aceleración de la depreciación del peso y algunos ajustes de precios regulados comprometidos bajo el programa EFF del FMI contribuirán a mantener alta la inflación en los próximos meses.

En el exterior consideran que la inflación persistentemente alta, las tasas reales negativas y la moneda desalineada son algunos de los principales desafíos macroeconómicos que enfrentan las autoridades. Sin embargo, también reconocen que el entorno de inflación interna muy alta es un reflejo de las opciones de política y la combinación de políticas heterodoxas (monetización recurrente de los déficits fiscales por parte del banco central) y la ineficacia de la persuasión moral y los controles de precios y de divisas como los principales instrumentos para luchar contra la alta arraigada inflación.