Por qué tener bonos en la cartera de inversión
Por Gastón Lentini*
En psicología, existe lo que se llama síndrome de Dunning-Kruger, un sesgo que crea la ilusión de tener muchos más conocimientos en un tema de los que realmente se tienen. En las finanzas, esto hace que los principiantes se imaginen que manejan mejor las inversiones que los más grandes gestores del mundo. Se creen capaces de detectar los próximos movimientos bursátiles sin tener la experiencia y la sabiduría de los profesionales.
Desafortunadamente, muchos terminan descubriendo que, en realidad, invertir con alto riesgo y sin gestionar las pérdidas resulta en graves consecuencias. No obstante, muchos pueden sumar activos seguros como los bonos para equilibrar el portafolio.
Ventajas de invertir en bonos
Agregar bonos a la cartera de inversión brinda una mayor libertad como inversores, ya que habrá una rentabilidad asegurada cuando el mercado cae. Si hay una guerra o viene otra pandemia, por ejemplo, estos activos de renta fija seguirán brindando en la mayoría de los casos el mismo rendimiento inicial.
En el libro El inversor inteligente, escritor por Benjamin Graham, profesor y mentor de Warren Buffett, se explica cómo tienen que ser las compañías cuyas acciones debemos comprar para ganar dinero en el largo plazo.
Sin embargo, en cualquier caso, ninguna estará exenta de las fuertes caídas que puede sufrir la bolsa de valores en su conjunto. Lo que no sucede con los bonos, ya que garantizan un flujo de ingresos constante en el tiempo que pueden servir como un salvavidas para nuestro portafolio.
Cuántos bonos comprar
La cantidad de bonos que tengamos que comprar dependerá de nuestro perfil de inversor y de la opinión sobre el futuro de la bolsa. Si creemos que el mercado está alto y podría caer, entonces tendremos que comprar más bonos. Si es al revés, hay que tener menos bonos en cartera y más acciones.
De acuerdo a Benjamin Graham, habría que distribuir un 30%-40% del capital en bonos cuando creemos que la bolsa tiene mucho para subir y entre un 70%-80% cuando pensamos que se acerca a un pico.
Otra opción es vender bonos que tenemos en cartera luego de que haya una fuerte caída en la renta variable para aprovechar el potencial de crecimiento.