Por qué no hay que vender en las crisis financieras
Por Matías Daghero*
Entre 2009 y 2017, el índice accionario S&P 500 brindó retornos anuales positivos. 2018 fue el primer año en el que el mercado tuvo un mal desempeño, principalmente por el aumento de tasas de interés y la baja en la relación precio-beneficios de las acciones que componen el índice.
Si bien no podemos proyectar con exactitud qué sucederá con los mercados, hay algo que es seguro: habrá otra gran crisis en algún momento. No sabemos si será este año o el próximo, pero tarde o temprano llegará, ya que es la esencia de los mercados.
En este artículo, quiero hablar del que considero el mayor error que cometen los inversores cuando las cotizaciones se desploman: vender en el peor momento posible. Lo que provoca el pánico que lidera las fuertes bajas es el descenso sostenido de los precios de las acciones.
Entiendo que es difícil ver cómo perdemos dinero. Pero, si estamos invirtiendo para obtener una alta rentabilidad y no solo para ver un número en la cuenta, está bien si su valor se reduce, temporalmente.
Supongamos que tenemos un portafolio de USD 1.000.000 para el retiro y tenemos que vender USD 40.000 al año. En la mayoría de los años, la cartera probablemente genere más dinero del que retiremos. Pero, ¿qué sucede cuando el mercado cae?
Si la misma cartera cayera un 50%, tendríamos que vender el 8% de la misma al año para obtener los ingresos que necesitamos en el retiro, lo cual sería prácticamente insostenible.
En este escenario, muchos se asustan y vuelven a comprar acciones menos riesgosos y rentables, como los bonos. Pero, como consecuencia, consolidamos las pérdidas ante un colapso.
Una forma diferente de entender la situación
En lugar de pensar en términos del valor de nuestro portafolio, pensemos en términos de ingresos. Por ejemplo, en vez de decir: “Mi cuenta vale USD 1.000.000”, digamos: “Mi cuenta genera USD 40.000 al año”. Esto hace que nos centremos en lo que produce la cartera, y no en su valor, que está vinculado a los vaivenes de los mercados.
Esto también hace que veamos que invertimos en activos que generan ingresos. Al final de cuentas, casi todos invertimos en seguridad e ingresos. Lo que realmente es importante es la rentabilidad consistente del portafolio, no su monto total. Veamos un caso práctico y real.
Desde principios de 2008 hasta el peor momento de la crisis subprime, la cotización de las acciones de Aflac (AFL) se desplomó más de un 70%, pero su dividendo pasó de USD 0,12 por trimestre a USD 0,14.
En este caso, los inversores enfocados en ingresos percibieron sus dividendos sin sufrir demasiadas complicaciones o impacto negativo durante la crisis. En cambio, los inversores centrados en el precio seguramente se deprimieron y vendieron todo, asumiendo importantes pérdidas.
Lo curioso es que, cuando nos enfocamos en los ingresos en lugar de en las cotizaciones, nos beneficiamos de las caídas. En el ejemplo de Aflac, las acciones rinden alrededor de un 2% por dividendos, en promedio pero, en el peor momento de la crisis, llegaron a rendir más de un 7%.

