Tres reglas para cuidar tu dinero según la Universidad de Harvard
Debido a la necesidad de que las personas se instruyan e incorporen conceptos económicos, son muchas las empresas, empresarios y hasta organizaciones educativas como las universidades que buscan dar lo mejor de su parte para ayudar a la población en el mundo. En este caso, la Universidad de Harvard junto al economista Laurence J. Kotlikoff brindó tres consejos para cuidar el dinero y evitar tener enormes pérdidas.
Tener un presupuesto
Armar un presupuesto nos permite manejar de la mejor manera posible nuestro dinero, teniendo en cuenta nuestros ingresos fijos, los variables (si los hay), nuestros gastos fijos y los gastos variables.
Al armar un presupuesto, según el economista, se puede entender cuánto y cómo se gasta el dinero, cuánto dinero se puede ahorrar y en qué sectores se puede recortar el dinero.
Siempre es importante dentro del presupuesto tener un determinado porcentaje destinado al ahorro, sobre todo a un “ahorro de emergencia” para poder solventar gastos inesperados.
Evitar tener muchas tarjetas de crédito
Otra de las reglas para cuidar el dinero es evitar las tarjetas de crédito. Está comprobado que las personas pierden más fácilmente la noción del dinero que están gastando al hacerlo con tarjetas, sobre todo si se trata de tarjetas de crédito y en “pequeñas” cuotas.
En el caso del dinero en efectivo, el control de lo que se gasta es mucho mayor. La Universidad de Harvard aconseja tener solo las tarjetas de crédito que se consideren necesarias y tratar de no tener abultadas deudas con estas, ya que es probable que se recurra al error fatal de financiar deuda con nueva deuda, generando un “efecto bola de nieve” con los intereses.
Ser consistente a la hora de ahorrar
Para el economista, la cantidad de dinero que se ahorra no es lo más importante, sino la constancia en el tiempo, aunque sean montos pequeños.
Además, recalca que en este apartado especial se puede cambiar el “ahorrar” por “invertir”, generando un valor agregado al simple ahorro o, peor aún, al atesoramiento que no solo no genera dinero, sino que pierde valor con el paso del tiempo.

