La regla del 1%: el simple y llamativo método de ahorro para no “quemar” el dinero

La regla del 1%: el simple y llamativo método de ahorro para no “quemar” el dinero

Lo interesante de esta técnica es que es muy sencilla de aplicar y promete grandes resultados de ahorro de dinero.

Gonzalo Andrés Castillo

Gonzalo Andrés Castillo

A día de hoy, existen numerosas técnicas de ahorro que permiten acumular dinero y no derrocharlo, lo que, a largo plazo, mejora las finanzas personales. Sin embargo, la gran mayoría requiere tomar nota de algún dato o bien del registro periódico de los flujos de dinero. Para evitar estos inconvenientes y aún así continuar cuidando el capital, existe la regla del 1%.

La efectiva regla del 1% para el ahorro de dinero

En simples palabras, la regla del 1% indica que toda compra mayor al 1% del ingreso anual de una persona no debe llevarse a cabo hasta no meditar la decisión durante 1 día. Por ejemplo, si un trabajador gana $1.200.000 al año, tiene que detenerse a pensar si realmente vale la pena consumir un bien o un servicio que cueste $12.000.

Como se mencionó al principio, el principal atractivo de esta técnica de ahorro se encuentra en el hecho de que no requiere de un registro, de una libreta o de una planilla de cálculos. Simplemente hay que pensar si una “compra importante” se justifica o si, por el contrario, es un derroche de dinero.

El propio creador de la idea, Glenn James, conductor del podcast australiano My Millennial Money, afirma que esta técnica ayuda a evitar las compras impulsivas.

“Acompañé a unos amigos a una tienda y terminé comprando un reloj Apple Watch por USD 1.300, a pesar de que no lo quería y no lo necesitaba”, expresó el especialista, y agregó: “Fue un problema porque cuando me desperté esa mañana no estaba planeando comprar un reloj que costara más de USD 1.000”.

Si bien la regla explica que el porcentaje a contemplar es del 1%, lo cierto es que no importa la cifra exacta, sino el hecho de pensar tranquilamente una posible compra. Normalmente, cuando la excitación se calma, el producto o servicio no siempre resulta tan atractivo.

 

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