Desde el BID aseguran que “América Latina y el Caribe tienen que empezar de nuevo”

Desde el BID aseguran que “América Latina y el Caribe tienen que empezar de nuevo”

Eric Parrado, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, cree que la única forma de que Latinoamérica salga adelante es mediante una serie de importantes reformas fiscales.

Inversor Global

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Por Gonzalo Andrés Castillo

A través de una nota de opinión publicada en Confidencial, Eric Parrado, economista jefe y gerente general del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), realizó un breve análisis sobre la situación macroeconómica, política y social de América Latina y llegó a interesantes conclusiones.

América Latina y el Caribe tienen que empezar de nuevo. Con menos de la décima parte de la población mundial, la región concentra más de un cuarto del total de muertes por covid‑19. En Brasil, Paraguay, Chile, Argentina y otros lugares, la pandemia está prácticamente descontrolada. Peor aún, las economías de la región han estado entre las más afectadas del mundo, por los grandes niveles de informalidad, las deficiencias sanitarias y las restricciones fiscales, y el año pasado registraron una caída del 7% (la mayor contracción desde 1821)”, indicó el experto.

Aunque en los próximos meses habrá una ligera recuperación, pasarán varios años antes de que América Latina y el Caribe recuperen el terreno económico perdido por la pandemia. En el mejor de los casos (es decir, si se logra controlar la pandemia y a la economía mundial le va bien) puede que el crecimiento en la región alcance un 5,2% este año. Pero si las condiciones no mejoran, puede que el crecimiento no supere el 1% (con posibilidad de recesión en 2022). Para evitarlo, es impostergable introducir audaces reformas fiscales”, agregó.

Ingeniero comercial por la Universidad de Chile y doctor en Economía por la Universidad de Nueva York, Eric Parrado tiene un largo historial académico y profesional ligado a la economía latinoamericana. A través de los años, el especialista se ha centrado en el área de política monetaria, fiscal y financiera, asesorando a bancos centrales en el manejo de regímenes de metas de inflación e implementando fondos de riqueza soberanos en diversos países.

“Los problemas económicos de América Latina son muy anteriores a la pandemia. Además de otras condiciones preexistentes, la productividad regional lleva décadas rezagada respecto de economías más exitosas. Y la crisis financiera global de 2008 dejó a la región en una encrucijada”, explicó Parrado.

“En aquel momento, sus principales economías tenían espacio fiscal para enfrentar la crisis financiera e implementar reformas que aseguraran crecimiento a largo plazo. Pero las reformas quedaron relegadas con el aumento de precios de los commodities. Se sacó a millones de personas de la pobreza y los gobiernos aumentaron el gasto en salarios y subsidios, que, a diferencia de la inversión de capital en infraestructura, es difícil de retrotraer”, añadió.

Según el especialista, los Gobiernos de la región no deberían repetir estos errores y el hecho de que hoy los mercados financieros estén abiertos, los tipos de interés sean bajos, los precios de los commodities sean altos y los flujos de remesas estén en aumento no tendría que ser utilizado como excusa para postergar los cambios necesarios. “Hace años que los economistas insisten en la necesidad de reformas que atraigan negocios e inversiones y aumenten la flexibilidad de los mercados laborales”, explica.

En cuanto a los cambios que podrían llegar a producirse por una mejora en las políticas fiscales de América Latina, Erica Parrado informa: “Si la región pudiera fortalecer sus instituciones fiscales, superar las deficiencias de diseño de los sistemas tributarios y la evasión generalizada y acercar las tasas de recaudación a los niveles de las economías avanzadas, la recaudación impositiva aumentaría un 7% del PIB”.

Y concluye: “Esto daría a los países espacio fiscal para gastos urgentes en reducción de la pobreza y de la desigualdad. Una adecuada selección de inversiones públicas en infraestructura tiene lo que en economía se denomina un alto «efecto multiplicador»; es decir, un dólar invertido genera dos dólares de crecimiento adicional en el futuro”.

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