El caso que muestra cómo el Estado se queda con la mitad de un salario

El caso que muestra cómo el Estado se queda con la mitad de un salario

Un aumento salarial, un bono o hacer horas extras puede significar para un asalariado un problema más que un premio. El Impuesto a las Ganancias hace que, muchas veces, el trabajador gane igual o menos que en un mes sin ningún adicional. A esto se suman otras deducciones y el aporte gremial.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Las quejas por el recorte en los ingresos que provoca la deducción del Impuesto a las Ganancias viene desde hace años. 
Un aumento salarial, la realización de horas extras o el cobro de una bonificación puede implicar que el empleado reciba en la mano menos plata que la esperada. Incluso, se dan situaciones en donde un premio que se recibe en un mes hace que se gane igual o menos que el mes anterior sin adicional. Esta arbitrariedad no deja de sorprender, pero cuando se analiza un caso concreto el impacto es mayor.

Para confirmarlo, sirve tomar un ejemplo de la realidad. Una ejecutiva de un banco privado del conurbano bonaerense, con el cargo de tesorera, cobró el sueldo de noviembre con un premio especial, pero, en lugar de aumentar su ingreso, provocó que ganara menos que en octubre sin bonificación. 

Tomando la deducción del Impuesto a las Ganancias, más la otras retenciones como el aporte sindical, el Estado y el gremio se quedó con el 46% de su salario.  MDZ tuvo acceso a su recibo de sueldo en el que se detallan los diferentes ítems de ingresos y deducciones. 

El ingreso bruto imponible ascendió a $302.000. Este se compone de un salario de convenio de 216.000. A esto se suma un adicional por título secundario ($1.250), otro adicional por falla de convenio ($12.900), otro por “falla moneda extranjera ($3.400), un pago por decreto 198/08 ($2.100) y $19.000 correspondiente a una compensación del a entidad. A  esto se le sumó la bonificación de $46.000.

Por el lado de las retenciones, la más importante es la de Ganancias que significó un descuento de $105.700, según figura en el recibo. El segundo recorte es en concepto de jubilación, unos $31.200. Le siguen otros ítems como seguro de vida de titular y cónyuge ($2.900 por cada uno), INSSJYP ($8.500), ANSAL Obra social ($1.200), aporte Obra social ($7.200) y un “aporte solidario” de $4,576. En total, la retención asciende a aproximadamente $162.000, lo que representa un recorte del 46% del sueldo bruto.

Si se toma el pago bruto y se le resta las retención total, el ingreso fue de $140.000. Como cobra dos ítems exentos (por guardería y un ajuste compensatorio), equivalentes a $29.000 totales, en mano recibió $169.000. En octubre, sin premio, había cobrado $175.000. 

Es decir que casi la mitad del ingreso percibido fue directamente a las arcas fiscales, un claro ejemplo de la presión impositiva que hay en el país, agravada por la falta de prestaciones. En muchos casos, los asalariados pagan por su cuenta algún sistema de medicina privada y también la educación de sus hijos. Un dinero que podría ir al consumo de otros bienes o ahorro, si el Estado cumpliera su parte.

Para agravar el panorama, hay que tener en cuenta que cuando se consume cualquier bien se paga el IVA, además de lo que deba tributar por bienes personales. Todo esto muestra los trabajadores sufren la voracidad fiscal de manera contundente en sus ingresos y poco es lo que les queda para su disponibilidad.

Hay casos emblemáticos como el de la automotriz Toyota que, en los últimos tiempos, fue noticia porque los operarios no querían realizar horas extras debido a que el ingreso adicional hacía que pagaran más por la Ganancias. La consecuencia es que el exceso impositivo termina perjudicando al la producción. Además, en otros casos, también funciona como un estímulo para la economía en negro.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?