Ciencia (Y el destino de 100 millones de dólares extra)
Del latín scientia.
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1. Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.
2. Saber o erudición. Tener mucha, o poca, ciencia. Ser un pozo de ciencia. Hombre de ciencia y virtud.
3. Habilidad, maestría, conjunto de conocimientos en cualquier cosa.
Lino Barañao es el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación desde hace muchos años. Sorprendió cuando el presidente Macri lo confirmó en el mismo lugar que había ocupado durante el kirchnerato.
Aquellos que lo conocen bien aseguran que se trata de un tipo extraordinario, fuera del padrón. Y sus apariciones en medios, foros y cualquier otra clase de tribuna corroboran sus quilates.
Es un caso extraño lo de Barañao, en un país muy poco acostumbrado a poseer políticas de Estado en áreas claves y estratégicas.
Los que no son peronistas dicen que éstos tienen buena parte de la responsabilidad, debido a la dinámica de un partido político para nada ortodoxo. Si Menem privatizó hasta los ceniceros de las motos, los Kirchner estatizaron hasta el agua de lo bebederos. Los peronistas también cuentan su versión: nadie sabe gobernar este país, salvo ellos.
Quizá todos tengan alguna parte de la razón.
El ministro de todos los presidentes.
La mezquindad y la visión corta bombardean la política argentina. Siempre habrá un pero, un ventajero, un especulador, uno que al final aprovechará cualquier situación para consolidar su posición.
Uno de los temas que más causo impacto en la lectura de "Alvear", el texto de Leandro Losada, es que hace casi un siglo, la política era más generosa, abierta hasta donde se podía. Y varios asuntos de la vida nacional eran impulsados por cierto altruismo, atendiendo a la conformación de un Estado en ciernes, generosos, incluso, los dirigentes, con las pruebas de ensayo y error o acierto.
De algún modo Barañao es la visión contemporánea de un Estado que debería conformarse con políticas estratégicas, fuera de toda discusión, sea el inquilino de la Casa Rosada el que fuera.
Por estas horas, el electo Trump, ya está conociendo la zona de lo que es inamovible, pese a ser el presidente de la mayor potencia del planeta

Todos se fueron, menos el señor de la corbata colorada.
Un anuncio reciente pasó inadvertido en la agenda de los temas que los medios de comunicación hacen realidad, un recorte de eso que para no debatir tanto podemos llamar lo importante. Y es en esta distinción, entre lo urgente y lo importante, que el ministro oscila con una finta admirable, con alto rendimiento de gestión y sin perder tiempo. A veces creo que los argentino hemos nacido para mostrarle al resto del mundo lo maravilloso de perder tiempo (y oportunidades). Campeones nucleares, somos.
Barañao tendrá en el presupuesto de su área, conformada por un etcétera clave para el desarrollo argentino, 100 millones de dólares adicionales (se harán efectivo en el primer trimestre de 2017), para incentivar proyectos de investigación y adquisición de equipamiento para el sector científico tecnológico.
El ministro no ha realizado nunca demasiada alharaca en sus logros y la comunidad bajo su incumbencia vive un momento casi mágico (aunque hablemos de ciencia)
Lino Barañao, mediante la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ya planean el mejor modo del próximo tramo de financiamiento. Según afirman en la cartera, ese dinero "fomentará la generación de proyectos de desarrollo de tecnología implementados por el sector productivo y se apoyarán los proyectos estratégicos de medicina de precisión, alimentos para adultos mayores, desarrollo de partes para la industria satelital, innovación en acuicultura y desarrollo de tecnología para previsión de catástrofes".
Debemos celebrar que en 2007 esta área haya conseguido rango ministerial. Y a propósito de este hecho asombroso para nuestros días tan asfixiantes de coyuntura, Barañao recalca que el ministerio de Argentina es "uno de los únicos en Latinoamérica que contempla la innovación productiva asociada a la ciencia y la tecnología".
Un último dato: la inversión en 2016 del presupuesto destinado al sector científico tecnológico ascenderá a más de 9,9 mil millones de pesos.
Sería increíble que la ciencia le marcara el rumbo a la política en este país. Remarco: en este país. En otros, quizá en los más desarrollados, es lo que sucede hace varias décadas.
Así les va. Así nos va.





