¿Por qué CFK no puede reactivar la economía?
"Si el sector privado no la pone, la tiene que poner el Estado", sentenció hace unos días la Presidenta, destacando la importancia de aumentar el gasto público para favorecer el consumo, recuerda Fernando Gutierrez de IProfesional, e indica por qué la mandataria no tiene razón.
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Para Cristina Kirchner, pocos momentos deben haber sido tan buenos como el año 2009, en medio de una recesión económica, el rol "contracíclico" del Estado surtió efecto, y la mandataria logró la confianza del pueblo argentino, y más tarde una aprobación del 54% que la re eligió.
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Como la Presidenta suele recordar, durante la recesión de 2009 se transformó en una "vendedora de shopping", porque cada semana anunciaba en cadena un plan estatal de subsidio para ventas con rebaja en productos de diversos rubros.
"Salimos a vender, sí, porque hay que vender y hay que consumir, además. Por favor, que se les grabe esto en la cabeza, porque es el consumo interno el que nos salvó y que nos permitió ese crecimiento del año 2010 y 2011", recordó en un reciente discurso.
El momento emblemático fue el préstamo de $259 millones -equivalía, en esos días, a unos 68 millones de dólares- para financiar el proyecto para un nuevo modelo de General Motors.
Y ese fue el año en el que los RePro -el programa por el cual el Estado subsidia parte de los salarios de trabajadores privados, a cambio del compromiso de estabilidad laboral- tuvo sumáximo desarrollo.
La billetera estatal volcó, aquel año, $515 millones -unos 135 millones de dólares-, con los cuales se asistió a 143.000 trabajadores de 2.769 empresas en situación problemática.
El tono "keynesiano" de esa política se completaba con un detalle fundamental: una de las principales fuentes de financiamiento de estos programas era el fondo jubilatorio de las AFJPs, recientemente reestatizado.
En 2010 hubo un boom de consumo y la economía volvió a crecer a tasas chinas.
Cristina no sólo se muestra contrariada por esta situación sino que se ha enojado con los "responsables" de estas desmejoras -los consumidores y empresarios, respectivamente- porque interpreta que sus decisiones no son racionales.
Y... si los privados "no la ponen"
La pregunta que queda flotando es por qué ahora la exitosa fórmula aplicada en 2009 no está funcionando y, en todo caso, si acrecentar la dosis de "medidas contracíclicas" será la solución.
"La economía argentina necesita dólares para producir. Y como el Gobierno los requiere para mantener el nivel de reservas, restringe importaciones. Esto no es una consecuencia no deseada, este es el modelo, tengo que bajar el nivel de compra de los argentinos", afirma el economista Enrique Szewach.
En la misma línea, un informe de la Fundación Idesa, tras destacar que en el primer semestre los subsidios a la energía eléctrica subieron un 124% y al gas un 122%, afirma: "La producción se contrae por una presión impositiva asfixiante, trabas a las importaciones de insumos y bienes de capital, desaliento a las exportaciones, falta de infraestructura y malos servicios públicos".
¿Por qué hoy la fórmula no funciona como en 2009 y no hay ambiente para el "keynesianismo"? Acaso sin advertirlo, una primera respuesta la dio la propia Cristina: el Estado debe destinar este año u$s14.000 millones a la compra de energía a otros países.
"Si no fuera por la energía subsidiada tendríamos hasta los famosos superávits gemelos", afirmó la Presidenta.
Los economistas advierten que es ahí donde está el drama del "modelo contracíclico": la culpa es de la propia política.
Cristina defendió el incremento del gasto de 44% en el primer semestre, como elemento reactivante de la economía. Pero el remedio, ahora, no hace más que empeorar la enfermedad.
"La Presidenta probablemente no comprenda que -en ausencia de financiamiento genuino y con la emisión monetaria espuria como única fuente de fondeo- ese aumento del gasto público dista de ser expansivo y, por el contrario, termina siendo alimento para la inflación", advierte el consultor Federico Muñoz.
Hay, además, otra gran diferencia entre el "keynesiano" 2009 y el "amarrete" 2014.
Ahora el margen para mejorar es inexistente. La cosecha de 53 millones de toneladas fue buena, y los precios se mantuvieron en torno de u$s500 justo cuando comenzaba la liquidación.
"Esto es muy diferente al 2009, porque esta vez la recesión está generada en temas localesy no internacionales", diagnostica el economista Carlos Melconian.
En consecuencia, cree que no pueden apostarse muchas fichas a que haya una mejora de la economía argentina como causa de una abrupta ayuda desde el exterior. Más bien al contrario.
"Percibo irreversible salir de ese proceso. En la Argentina lo que sobran son dólares pero están guardados. El crédito se acortó y se encareció y, dada la política económica, no va a volver", analiza.
Su comentario alude a otro gran factor que marca la diferencia: el cepo cambiario.
Mientras rigió la libertad con el dólar, los productores agrícolas tenían un fuerte incentivopara liquidar su stock, con lo cual cambiaban sus divisas estadounidenses por pesos, queluego invertían en la economía real. No por casualidad, ese fue el momento del boom inmobiliario en muchas ciudades, además del experimentado en la Ciudad de Buenos Aires.
Ahora, en cambio, el incentivo es retener el stock, dada la creciente brecha entre el tipo de cambio oficial y el "blue", así como la fuerte expectativa devaluatoria.
Para este 2014, las consultoras proyectan un raquítico saldo de u$s7.000 millones. Y con perspectivas de que el siga reduciéndose en 2015.
En otras palabras, antes había dólares. Ahora sólo quedan pesos. Así, es difícil ser keynesiano, explica Fernando Gutierrez en IProfesional.

