2015: ideas para salir del estancamiento
“A lo único que tenemos que temer es al temor mismo”
Franklin D. Roosevelt, marzo 1933
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Está claro que Mendoza tiene varios problemas y que muchos de ellos son propios, así que no podemos echarle la culpa de todo a la Nación. Como además tenemos provincias vecinas a las que les empezamos a envidiar algunas cosas, es una excelente oportunidad para revisar lo que estamos haciendo. Nuestra convivencia política ya no es tan ejemplar, el desorden nos va ganando las calles, el gasto público crece sin frenos y no tenemos claro cuál puede ser nuestra diversificación productiva. Estamos en problemas, y en serio.
Pero si para algo sirve la política grande es justamente para encontrar soluciones a estos embudos. Ahora que comienza un año que además será electoral, sería bueno que la dirigencia tuviera en consideración algunas líneas gruesas que nos mejoren un poquito la vida a todos, lo cual de paso les serviría para demostrar que están hechos de la materia que se requiere para estas circunstancias. Van algunas ideas modestas:
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Un pacto de convivencia: la base de cualquier relanzamiento es siempre un acuerdo entre los principales actores de algo sobre algunas ideas básicas. Ya es hora de que se sienten el gobierno y la oposición y nos garanticen por lo menos que habrá respeto en la diversidad y que nos evitarán papelones vergonzosos como los cruces verbales de los últimos días, que a los primeros que perjudican es a ellos mismos.
Un acuerdo sobre líneas básicas de administración: hemos llegado al colmo de que, si seguimos como venimos, vamos a pasar dos años sin saber qué o cuánto puede gastar el Estado. La discusión por el presupuesto no sólo es decepcionante por el pésimo espectáculo político, sino porque parece que todo se puede solucionar revoleando cheques contra una cuenta que cada vez tiene menos fondos. Mendoza tiene que tener presupuestos que contemplen no sólo el próximo año sino la visión de los próximos cinco o diez, para lo cual hace falta que entre los partidos principales acuerden cómo frenar la espiral del gasto y ponerse metas racionales de administración.
Recuperar la autoridad: en Mendoza no sólo se está socavando la autoridad de la investidura de sus máximas figuras sino la autoridad real en la vida cotidiana: en la escuela, donde los maestros están cada vez más limitados, o en la calle misma, donde cualquiera arma un piquete con una facilidad asombrosa mientras la propia policía termina custodiándolo. Está todo al revés y los políticos saben que es así, como lo reconocen en cualquier charla de café. Lo que estaría bueno es que se sienten entre los más influyentes y acuerden terminar con ese desorden que fastidia la vida cotidiana de los habitantes y lesiona la imagen de la provincia.
Definir el perfil productivo: todos hablan de que hay que buscar salidas productivas para las próximas décadas pero a la primera manifestación por un proyecto minero chiquitito (Hierro Indio) mandaron la causa al archivo y terminaron haciendo pelear a alvearenses y malargüinos. Si con el petróleo, la vitivinicultura, la agroindustria, la metalurgia, el turismo, no alcanza, no queda otra que buscar nuevas opciones porque ya es una cuestión de supervivencia, no de capricho. No hay charla en privado con políticos en que no reconozcan que la minería, bien controlada, puede ser una oportunidad para Mendoza. Pero después le tienen miedo a “lo que dice la gente” (si Mandela hubiera hecho “lo que quería la gente” hubiera metido a Sudáfrica en una guerra civil). Si hay un acuerdo general entre fuerzas políticas y empresariales y se establece avanzar con coraje y sin demagogia en algo que se hace en todas partes del mundo, Mendoza puede encontrar una proyección interesante en la minería. Pero los políticos tienen que liderar y garantizar el consenso social, a través de una política de Estado, y someterse incluso a enfrentar las protestas, porque para eso están donde están y cobran los sueldos que cobran.
Que los legisladores por Mendoza trabajen para Mendoza: este enunciado parece de Perogrullo, pero no lo es. Cada vez que hay elecciones, los candidatos a legisladores nacionales prometer trabajar por Mendoza. Pero después trabajan para su partido. Lo peor es que los ciudadanos lo sabemos y también nos hemos abandonado en nuestra tarea de exigirles que cumplan lo que prometieron. Así se va dando un círculo en que todos sabemos que nos estamos engañando y para el cual hay una solución muy simple: que aparezcan todos juntos, que nos digan qué leyes van a impulsar a favor de Mendoza y que nos rindan cuentas de lo que han presentado y votado.
Y, finalmente, que todos trabajemos por Mendoza: si queremos vivir acá y seguir haciéndolo, si queremos sentir el orgullo de lo que hicimos pero también de lo que estamos haciendo, ninguno se puede quedar quieto. El 2015 es un año con elecciones y está claro que los grandes gestos ordenadores les corresponden a los políticos, porque para eso se ofrecen y hasta suponen que tienen cualidades de liderazgo. Pero nosotros tenemos que votar bien, controlarlos y ayudarlos además en el control de lo cotidiano, en no resignarnos a que unos pocos corten tranquilamente una calle o a que los ladrones salgan más fácil de lo que entran. En las democracias eso se hace a través de la presión sobre los legisladores, que son quienes hacen las leyes, y a través de la opinión pública. No deberíamos olvidar esos instrumentos, por nuestro bien y el de todos, porque la queja de café es lo más inconducente del mundo.
Colofón: la única política que sirve es la que es capaz de transformar, porque si no los políticos son unos simples administradores de la decadencia. Generar grandes consensos y acuerdos no sólo es para ellos un deber sino también algo en conveniencia propia. Sería bueno que lo percibieran, porque además sería un estímulo para que hagan bien las cosas. Los primeros beneficiados serían ellos mismos, por ganarse un lugar en la historia mejor que el de haber sido unos simples burócratas de una provincia que se estancó. La oportunidad se acerca para que peguen el gran salto y ojalá que el 2015 nos traiga una buena sorpresa.