Minería no: ¿y ahora, Mendoza?
Ahora que Mendoza se da el lujo de rechazar inversiones millonarias en la minería, tendremos que exprimirnos más los sesos para ver qué hacer con nuestra provincia en las próximas décadas. Ya está claro que, si algo se cruza en el camino, se lo puede bajar fácilmente: unas cuantas movilizaciones, unos cortes de ruta, y los legisladores son bien capaces de dar marcha atrás con un proyecto. Y eso que Hierro Indio había pasado por las comisiones previas y había sido aprobado por el Senado. Menos mal que era sólo una exploración, porque si hubiera sido la etapa de explotación nadie sabe hasta dónde hubiera llegado el escándalo.
En una de esas es bueno, porque nos tendremos que obligar a buscar actividades con alto valor agregado. Porque con una superficie que, entre cultivos y zonas urbanizadas sólo redondea un 10% del territorio ocupado, el otro 90% va a seguir quedando ocioso si no se puede avanzar con la minería, por más que del otro lado de la misma cordillera sí la desarrollen y al mismo tiempo produzcan vinos y frutas que se exportan a todo el mundo.
Un buen plan sería concentrar toda la materia gris de nuestra clase política, de nuestras universidades, de nuestra clase empresarial, y definir un modelo de provincia con el acento en alguna actividad a determinar. El problema es que lo tendría que ejecutar la misma clase política que ayudó a enredar el tema minero, por más que algunos después lo hayan querido desenredar. No es que Mendoza carezca de futuro, pero de verdad habrá que buscar un modelo que nos brinde sustentabilidad a todos. La plata no llueve del cielo sino que sale de la capacidad de crear riqueza. Y si nosotros mismos vamos obstaculizando posibilidades que en otras partes sí funcionan, vamos a tener que esforzarnos mucho más para ver si aparece algo.
No está de más recordar que la actividad petrolera -que en definitiva es una prima hermana de la minería- compite codo a codo con la vitivinicultura en términos de Producto Geográfico Bruto de Mendoza. Ese solo dato quizás sirva para mostrar que no todo es lo que parece y que a veces la realidad va por carriles distintos a los discursos o las creencias generales. Debería ser parte de un debate que cada vez se hace más urgente: qué Mendoza queremos para las próximas décadas. El rechazo a la minería acelera los tiempos para que nos definamos, antes de que sigamos observando cómo San Luis y San Juan, por ejemplo, se nos van acercando en términos de poder relativo en nuestra región.