La fuga de capitales en cifras
Hay un mal crónico en la Argentina que ni las tasas chinas de crecimiento de la economía nacional registradas a lo largo de los últimos años han podido inocular. La fuga de capitales no sólo es crónica en el país, sino que sigue creciendo y acelerándose.
Al primer trimestre de 2013, el último dato disponible en el Indec, el PBI en dólares (pesos del ’93) de la Argentina es de U$S454.315 millones, por lo que los U$S205.924 millones que tienen los argentinos en el exterior representan el 45,3% del PBI.
Para tener magnitud de la fuga de capitales, literalmente una sangría de recursos, en diciembre de 2001 antes del estallido de la crisis los argentinos tenían activos en el exterior por U$S101.437 millones. Cantidad que a marzo de 2013 se elevó hasta llegar a los U$S205.924 millones.
Al cuarto trimestre de 2001, según datos del Indec, el PBI de la Argentina era de U$S245.900 millones, por lo que los U$S101.437 millones que los argentinos tenían en el exterior representaban el 41,3% del PBI.
Al primer trimestre de 2013, el último dato disponible en el Indec, el PBI en dólares (pesos del ’93) de la Argentina es de U$S454.315 millones, por lo que los U$S205.924 millones que tienen los argentinos en el exterior representan el 45,3% del PBI.
Esto muestra que no sólo se más que duplicó la cantidad de activos en el exterior de los argentinos, sino que su relación con el PBI aumentó del 41,3% al 45,3%, cuatro puntos porcentuales más. Y eso que la economía creció y mucho en estos últimos años.
Desde todo punto de vista el dato es negativo. Es que, según el Indec, de los U$S205.924 millones que tienen los argentinos en el exterior, sólo U$S32.236 millones son inversión directa (15,6% del total), esto es por ejemplo empresas de la Argentina que abren sucursales o compran a otras empresas en el exterior. Todo el resto del dinero (más de U$S170.000 millones) son depósitos o inversiones en activos.
La fuga de capitales, como mal crónico de la Argentina, tiene consecuencias directas sobre la economía, la inversión, el empleo y el consumo. Es que este 45,3% de la economía Argentina que está fuera, explica por qué el sistema financiero nacional no tiene los recursos suficientes como para dar créditos a más largo plazo y por qué faltan inversiones productivas o inmobiliarias. Y esto repercute en el nivel de empleo, actividad y consumo interno.
También es cierto que la fuga de capitales, como enfermedad, es consecuencia de problemas recurrentes en la historia económica del país como la falta de reglas claras, de estabilidad e instituciones, la ausencia de una moneda (el peso) estable, la persistencia de altas tasas de inflación, manipulación de estadísticas, tasas de interés negativas, incertidumbre, presión fiscal en ascenso y mucho más.
La “década ganada” no logró revertir la tendencia.