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¿Sabés cuánto te cuestan a vos las trabas para importar del Gobierno?

Argentina tiene en promedio precios finales 58% superiores a los extranjeros en bienes clave como automóviles, electrodomésticos, computación y textiles en comparación con mercados como Estados Unidos, Chile, España y Brasil. Esta diferencia de precios es lo que le cuesta a cada argentino el proteccionismo que aplica el Gobierno. ¿Te has preguntado a quién ayuda y para qué?
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En Twitter: @Fede_Manrique

Trabas a las importaciones, barreras arancelarias, complicaciones burocráticas y sanitarias. Restricciones para la adquisición de dólares y mayores controles para el giro de fondos al exterior. Todo vale. La red está armada y llegó para quedarse un buen tiempo, ya que el país sin estas trabas para importar no tendría superávit comercial, no tendría industria, no podría generar empleo ni podría acumular reservas como para financiar el creciente gasto público. ¿Pero te has preguntado cuánto cuestan a vos estas medidas? Y lo que es más importante: ¿cómo y quién lo paga?

Con el objetivo de responder a estas preguntas desde el Área de Desarrollo Económico de la Fundación Pensar, a cargo de José Anchorena, se armó un índice de diferenciales de precios para productos finales importables durables. Se recabaron precios al consumidor final de autos y motos, productos tecnológicos (televisores, computadoras y cámaras fotográficas), electrodomésticos (heladeras, lavarropas y planchas), y textiles (jeans y calzado deportivo) en cinco países (Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos y España), y se armó un “índice de protección”.



Tomando un promedio simple de los 10 rubros mencionados más arriba y de los cuatro países con los que se compara, Argentina tiene precios finales 58% superiores a los extranjeros. Esto significa que un mismo grupo de productos cuestan en Argentina un 58% más caros que lo que valen en promedio en los países analizados.

Esto claro, se debe a diferentes cargas impositivas, arancelarias, a la inflación acumulada en los costos y al proteccionismo, que reduce la competencia y hace que los precios puedan subir más.

Teniendo en cuenta un arancel externo común promedio (para esos productos) de cerca de 20%, y un costo de transporte y comercialización cercano a 5%, indicaría que los precios deberían ser, en promedio, como mucho 25% superiores. El resto puede atribuirse a políticas para-arancelarias, acuerdos especiales (como el de la industria automotriz), impuestos diferenciales entre países, y todo tipo de restricciones a las importaciones. Estas últimas son las que han venido aumentando fuertemente en los últimos años, advierte el estudio de la Fundación Pensar, una consultora que reune a los equipos técnicos del PRO.

Pero los diferenciales de precios no son iguales para todos los países comparados (ver gráfico).

Previsiblemente, las diferencias son mayores con Estados Unidos (un sobreprecio con Argentina del 105%) y Chile (un sobreprecio de 76%), dos países con aranceles promedios bajos, y presumiblemente con trabas para-arancelarias menores. Esto último lo saben bien los mendocinos cada vez que cruzan la frontera, cuando se encuentran con que en Chile los precios de productos como electrónica e indumentaria son más accesibles.

Con respecto a España y Brasil, los sobreprecios argentinos son menores, aunque siguen siendo importantes. Los precios en Argentina de los mismos productos que en España y Brasil son 34% y 16% superiores respectivamente, pero dadas las características tradicionalmente proteccionistas de ambos países, son llamativos los valores. Incluso cuando se tiene en cuenta los diferenciales de tipo de cambio (euros y reales).

Diferencias por productos
Dentro de los productos relevados, ¿cuáles presentan sobreprecios mayores? Tomando el promedio de los cuatro países comparados, son mayores para electrodomésticos (94%) y productos tecnológicos (68%), más precisamente para heladeras (129%), planchas (128%), televisiones (86%) y cámaras fotográficas (76%).

Con respecto a transporte y textiles, se observa que existe gran heterogeneidad según el país de comparación. El sobreprecio en autos es cercano al 40% con respecto a Estados Unidos y Chile, en tanto que son un 20% más baratos que en Brasil (mientras sean de producción nacional). Las motos también parecen ser más baratas en Argentina que en Brasil y España y no mucho más caras que en Chile y Estados Unidos. Los pantalones “jeans” se encuentran mucho más caros que en Estados Unidos (sobreprecio de 119%), algo más caros que en Chile (31%), prácticamente de igual precio que en España, y un 12% más baratos que en Brasil. Algo similar sucede con el calzado.

Dentro de cada categoría (autos, motos, etc.) desde la Fundación Pensar se recabaron precios para tres o cuatro productos específicos (Fiat Uno Attractive, 3 puertas, 1.4; Toyota Corolla Xli M/T 1.8L, etc.). Algunos de estos productos son más populares y otros son más exclusivos. Cuando se clasifican los productos en estas dos categorías, ¿existe alguna diferencia de sobreprecios entre ambas? Sí, los sobreprecios en productos caros o exclusivos parecen ser mayores (85%) que en los productos populares (55%). El único reparo a esta conclusión es que los productos populares no son exactamente comparables entre países pues el mismo exacto producto (marca, modelo, características) no suele estar en todos ellos. En estos casos hemos tomado, en general, un producto al menos de tan buena calidad como el argentino. Aún así, algunos productos populares tienen sobreprecios exorbitantes, como, por ejemplo, heladeras (107%) y jeans (79%).


¿A quién sirve?
Aquí y en cualquier parte del mundo, los países aplican medidas proteccionistas con el fin de proteger a su industria nacional y a su capacidad de generar riqueza y empleo. Esto se logra evitando que la producción nacional compita en el mercado interno con productos importados. En la Argentina se da el doble propósito de proteger a la industria, que por efecto de la inflación, el tipo de cambio estable y la falta de inversión y acceso a la tecnología, ya no es competitiva internacionalmente, y cuidar las cuentas del Estado, que sin las trabas a las importaciones perdería el superávit comercial (aún se exporta más de lo que se exporta), lo que pondría en serios problemas al Estado, ya que no tendría los dólares suficientes como para seguir financiando el gasto público y el pago de las deuda.

“Si se estima, después de todo, que es beneficioso para el país levantar barreras comerciales respecto al exterior, los beneficios se obtendrán bajo, por lo menos, dos condiciones: sobreprecios pequeños y calidad aceptable de los productos. Ninguna de estas condiciones se están dando en la actualidad”, advierte el estudio de la Fundación Pensar.