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La devaluación del peso encontró un techo y le mete más presión al dólar

Lento y a paso silencioso, el dólar oficial ha intentado dar señales de reacción. En los últimos 12 meses, el dólar que administra el Banco Central acumula una devaluación del 9,4%, más del doble de lo que se movió en todo el 2011. El problema es que las expectativas de devaluación son mayores y chocan con la posibilidad de una corrida bancaria o un ajuste severo de tasas de interés.
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En twitter @Fede_Manrique

El panorama se pone más complejo. La economía argentina se va encerrando más en su propio laberinto y las opciones de salida tienen cada vez más efectos colaterales indeseados.

El dólar es prueba de ello. La política monetaria ha intentado dar algunas señales de reacción, que rápidamente han sido superadas por las expectativas, dejando impotentes los intentos del Banco Central por ponerle freno a la moneda norteamericana, rescatar algo de competitividad cambiaria y restaurar la delicada paz cambiaria.

Lento y a paso silencioso, el dólar oficial ha intentado dar señales de reacción. En lo que va del año, el dólar que administra el Banco Central acumula una devaluación del 3,8% entre enero y el 24 de mayo pasado (último dato disponible), con lo que cierra un panorama en el que durante los últimos 12 meses el peso se ha devaluado 9,4%. Esta tasa representa una devaluación del peso de más del doble de lo sucedido sólo durante el 2011 e implica que en menos de cinco meses la divisa norteamericana ya alcanzó valores por encima de lo previsto para el cierre del año en el Presupuesto nacional 2012.

El Banco Central ha intentado hacer sus deberes devaluando el peso, el problema es que el mercado espera una devaluación mucho mayor (casi tres veces más), es por eso que el dólar paralelo o blue ha escalado tanto y superado incluso la barrera de los $6.

Un techo bajo
La pregunta clave aquí es si puede el peso seguir devaluándose, como vienen pidiendo desde el sector exportador, hasta encontrar un punto de equilibrio con el dólar paralelo. Un punto que aliviaría las tensiones en el mercado cambiario, permitiría aflojar con los controles y trabas al dólar y ayudaría al sector exportador a ganar competitividad, mientras que la industria respiraría un poco más aliviada ya que una mayor devaluación ayudaría a licuar costos internos.

El problema es que esta opción encontró rápidamente un techo. Desde la crisis con devaluación en el 2002 a la fecha, una de las principales explicaciones de la estabilidad fue el hecho de que el dólar se movió (devaluación frente al peso) por debajo de la tasa de un plazo fijo. La máxima aquí siempre fue que un plazo fijo pagara más que el tener los ahorros en dólares, con lo que se evitó corridas bancarias (fuga de depósitos), se fortalecieron los bancos después de la trágica experiencia del corralito y se obtuvieron recursos (pesos de ahorros) para financiar la expansión del consumo vía créditos bancarios, préstamos prendarios, personales y tarjetas de crédito.

Hasta ahora esta máxima se ha mantenido, incluso en estos tiempos de turbulencias. En los últimos 12 meses, mientras el peso se devaluó 9,4% la tasa promedio anual de un plazo fijo en pesos a 30 días paso de 10,33% a 11,29% entre mayo de 2011 y el 23 de mayo de 2012, luego de escalar hasta el 16,43% en noviembre por la aceleración en la fuga de capitales que se dio antes, durante e inmediatamente después de las elecciones de octubre, según datos oficiales del Banco Central.

Como se ve, en todo este tiempo la tasa de interés de los plazos fijos ha servido para evitar corridas cambiarias. Incluso ahora que, controles mediante, rigen las trabas y restricciones para hacerse de dólares. Es por esto que el stock de depósitos a plazo en los bancos pasó de $197.642 a $248.087 millones, una suba del 25,5% entre mayo de 2011 y el 18 de igual mes de 2012, según datos del Banco Central.

Es por eso que el Gobierno se enfrenta en el cortísimo plazo a un dilema con consecuencias en ambos casos negativas para la economía.

Si habilita una devaluación mayor en pos de buscar un punto de equilibrio entre dólar oficial y paralelo, necesariamente el shock deberá ir acompañado de un fuerte ajuste en las tasas de interés bancarias para evitar corridas. Se sabe, si las tasas de interés suben, el crédito para empresas y familias se encarecerá, lo que afectará el consumo y la inversión.

En cambio, desde el Gobierno se está buscando la medida más “heterodoxa” con la pesificación forzada de la economía por medio de trabas y más controles para la compra de dólares. En este caso también, se afecta el clima de negocios, la inversión y el consumo, porque se aceleran las expectativas de devaluación y se dispara el dólar paralelo.

Cuál de las dos recetas es peor o mejor, el tiempo y el ritmo de la economía lo dirán en los próximos meses.